sábado, 20 de junio de 2009

Magia y realidad



La saga de J. K. Rowling, lo confieso, me gustó porque me recordó la razón de por qué soy aún una niña no apta para tener idems.

La historia no me interesa demasiado. Pero me acostaba cada noche pensando en ser la dueña de esos cachibaches mágicos que describía el libro con todo lujo de detalles.

Me he sorprendido más de una vez inventando palabras mágicas, probándolas una y otra vez en mitad del salón, esperando a que el desorden se convirtiera en reluciente pulcritud.

Le ha dado vueltas a los bolis del escritorio (la mayoría sin tinta pero con valor sentimental) intentando que una lata de cocacola light volara hasta el sofá en un momento de pereza infinita. (la distancia entre mi sofá y mi cocina son cuatro metros)

Me he quedado dormida imaginando por qué lugares me pasearía debajo de una capa que me hiciera invisible... ¡Qué placer!

También qué lugar de casa elegiría como trasbordador mágico.... Entraría por la nevera, pensaría en el lugar donde quisiera estar y aparecería en él en un instante. Teletransportación diaria y a la carta.

Y cómo no, de qué forma haría desaparecer a más de una persona con un golpe de varita mágica. Eso también lo he pensado en algún momento de ofuscación.

Hoy, no sé si como signo de madurez o qué, he contratado a una persona para que limpie en casa, no bebo cocacola en el sofá, prefiero que se me vea en los lugares en los que estoy para evitar llevarme alguna sorpresa desagradable, para transportarme yo y mis circunstancias compro un billete de AVE y a quien no quiero ver, sencillamente, ignoro.

Pero hay algo en el libro de Rowling que no puedo sustituir con la aburrida realidad. Daría lo que fuera por tener uno de esos cacharritos pequeños colgados al cuello que, en castellano, tradujeron como "giratiempo".

Soy capaz de quedarme una noche en vela, como la de hoy, pensando las maravillas que haría con un aparatito que me permitiera volver una y otra vez, cada vez que yo quisiera, atrás y delante a través del tiempo. Podría estar en más sitios de los que estoy hacer más cosas de las que hago.

Nunca me perdería un concierto por el trabajo. Nunca tendría que olvidarme de una cita por una obligación laboral imprevista. Además, trabajaría más contenta y mejor. Podría volver a disfrutar de noches que nunca olvidaré y días, aunque fuesen pocos, que valieron como años.

Daría vueltas una y otra vez al cacharrito para llegar a tiempo al parto de mi hermana, al cumpleaños de los niños, a la necesidad de compañía de mi madre en un momento de soledad, a compartir un día maravilloso o triste de un amigo... Podría escuchar a alguien importante con un café... Lo giraría y volvería a estar en ese momento terminando un reportaje. Lo giraría y volvería a estar en un momento viajando. Lo giraría y volvería a estar en un momento tumbada leyendo un libro. Lo giraría y...

Eso sí, también pararía todos los relojes del mundo a mi antojo en momentos de plenitud para que estos durasen más de lo que duran...

El 'giratiempo'... Por qué la ciencia no ha inventado algo así...

De existir, los minutos que he empleado en esto me hubieran servido para hacer las maletas, lavar la ropa, preprarar la documentación del viaje que emprendo el lunes, charlar un rato por teléfono... y alguna que otra cosa más.

Hasta que no acepte que lo pasado no vuelve. Y que poder hacer todo lo que deseas en una medida razonable es cuestión de organizazión y de ELEGIR, seguiré siendo una niña.



P.D.: Pero bueno, para no dejar de serlo nunca un poco, voy a darle vueltas un rato a mi 'giratiempo' para teletransportarme con algo de incalculable valor que espero nunca perder -la imaginación- para estar esta noche donde únicamente quisiera estar.

lunes, 15 de junio de 2009

Hay que asumirlo...

Siempre fui una 'friky' musical.



P.D.: Ojo a la frase: ¡invitame a un café y hazme el amor! ¿Hay algo peor que esa frase en el cancionero español.

jueves, 4 de junio de 2009

Humor cáustico

- Mamá, mamá ¿cuánto cuesta casarse?

- No tengo ni idea, hijo; todavía no he acabado de pagar las consecuencias.

Dedicado a Mariquilla