jueves, 19 de marzo de 2009

Casas y casas

Las casas de verdad tienen las neveras llenas y la cocina humeante. El saludo en el umbral de la puerta y besos con sonrisa. Una conversación cómplice y una canción eterna de fondo. Risas, llantos, gritos, la vecina que taconea, el teléfono que molesta, el coche que se lamenta en la calle y el gato que reclama en el alféizar se mezclan en banda sonora de vida.

En ellas el sol entra por las ventanas abiertas de par en par para hacer olvidar el leve olor a tierra mojada de los días de lluvia pasados. En las casas de verdad no hace frío: están llenas de un calor especial. Hacia ellas, el camino se hace corto. Porque te abrazan como un refugio donde ninguna mirada ajena se atreve a juzgarte. Porque los ojos que te esperan dentro sólo saben decir que te quieren. O al menos, que quieren cuidarte. Calladas, atesoran proyectos, sueños, sosiego, pasión y... hasta ronquidos. Por ellas no te importa darlo todo... Porque en ellas todo lo tienes.

Pero hay otras casas en las que ninguna voz interrumpe el silencio; la salsa se pega en la sartén y la fría pantalla del ordenador es la única luz triste que inunda la estancia. Casas en las que la calefacción se siente frustrada entre tanto vacío. Huele a nada y el desorden avanza conquistando territorios seguro de que nadie lo frenará porque a nadie le importa.

En esas casas nadie contesta el teléfono. Los fantasmas que la pueblan no se atreven. Ni siquiera las ventanas osan a lucir abiertas. A ellas prefieres no llegar, porque en la calle hay mucho más que descubrir y el riesgo de derrumbe -el psicológico- te hace sentir más seguro a la intemperie. Casas cuya sola posesión te pesa como el peor error.

Yo he vidido en estos dos tipos de casas.
Y sin mudarme.


P.D.: Antes de que mi hermano me llame petarda otra vez, aclaro: es solo un análisis.

4 comentarios:

The Aloofness dijo...

Yo creo que he tenido mucha suerte y nunca he sentido ese frío vacío esperándome al girar la llave hacia la derecha. Lamentablemente he visitado casas ajenas habitadas por gente que presume de ser calurosa y que se sienten adalíes del dogma del amor y me he sentido como en una nevera, como si me estuvieran enseñando un apartamento vacío para alquilar...

un besazo calentito de potajito hirviendo al mínimo (en mi casa siempre huele a comidita, hoy al volver de la calle todavía se sentía la cabeza de ajo asada que le puse a las lentejitas)

Rocío Mendoza dijo...

Gracias mi niño por la idea... Mañana, osea, hoy viernes, hago lentejas. El que quiera, que se apunte.

The Aloofness dijo...

Has probao a ponerle 2-3 tomatitos enteros? Y una cebolla asada igual que el ajo? la asas bien en una sarten sin quitarle las capas de piel y la dejas asar unos 3-4 minutos por cada costado, luego la abres para quitarle la piel quemada y lo de dentro está como caramelizado, le da un gusto muy bueno a las legumbres en general. Con la cabeza de ajo hago lo mismo, mi madre siempre la ha tirado después de que soltara la sustancia en el potaje, yo la saco y pelo ajo a ajo, luego lo paso todo (tomates, cebolla y ajos con sus especias correspondientes al gusto claro) por la batidora y reincorporo...
qué buena es la vida con nosotros!

Anónimo dijo...

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