martes, 24 de marzo de 2009

jueves, 19 de marzo de 2009

Casas y casas

Las casas de verdad tienen las neveras llenas y la cocina humeante. El saludo en el umbral de la puerta y besos con sonrisa. Una conversación cómplice y una canción eterna de fondo. Risas, llantos, gritos, la vecina que taconea, el teléfono que molesta, el coche que se lamenta en la calle y el gato que reclama en el alféizar se mezclan en banda sonora de vida.

En ellas el sol entra por las ventanas abiertas de par en par para hacer olvidar el leve olor a tierra mojada de los días de lluvia pasados. En las casas de verdad no hace frío: están llenas de un calor especial. Hacia ellas, el camino se hace corto. Porque te abrazan como un refugio donde ninguna mirada ajena se atreve a juzgarte. Porque los ojos que te esperan dentro sólo saben decir que te quieren. O al menos, que quieren cuidarte. Calladas, atesoran proyectos, sueños, sosiego, pasión y... hasta ronquidos. Por ellas no te importa darlo todo... Porque en ellas todo lo tienes.

Pero hay otras casas en las que ninguna voz interrumpe el silencio; la salsa se pega en la sartén y la fría pantalla del ordenador es la única luz triste que inunda la estancia. Casas en las que la calefacción se siente frustrada entre tanto vacío. Huele a nada y el desorden avanza conquistando territorios seguro de que nadie lo frenará porque a nadie le importa.

En esas casas nadie contesta el teléfono. Los fantasmas que la pueblan no se atreven. Ni siquiera las ventanas osan a lucir abiertas. A ellas prefieres no llegar, porque en la calle hay mucho más que descubrir y el riesgo de derrumbe -el psicológico- te hace sentir más seguro a la intemperie. Casas cuya sola posesión te pesa como el peor error.

Yo he vidido en estos dos tipos de casas.
Y sin mudarme.


P.D.: Antes de que mi hermano me llame petarda otra vez, aclaro: es solo un análisis.

miércoles, 18 de marzo de 2009

La modelo inquieta

Antes, utilizaba a mi familia de modelo.
Mi abuela, era una de ellas.
La enfermedad que devora la memoria le hacía tener una expresión de niña en un rostro arado por infinitos años. Me fascinaba.

Hoy recuperé estos contactos.

No se estaba quieta:








Pero cuando posaba, sabía hacerlo.
Eso sí, me hacía gastar todo el carrete hasta que yo lograba dar con la tecla. Esta salió en el negativo número 36. El último.



Siempre que oigo hablar de botox, bisturíes y eterna juventud falaz me acuerdo de su belleza auténtica.

martes, 17 de marzo de 2009

Visión adolescente


Pasé tantas horas esperando el ascensor de mi casa antes de salir, mientras miraba escaleras abajo con mis ojos de adolescente, que cuando me marché decidí fotografiar los catorce pisos que separaban la seguridad de mi hogar de la intemperie amenazante.

Hace poco, esta foto de cámara analógica y revelado en papel en cuarto oscuro cumplió nueve años.

Antes, hace nueve años y más, sólo veía miles de escalones deseosos de que yo los bajara a prisa para 'volar'.

Ahora, con otra perspectiva, me doy cuenta de lo difícil que es regresar, subir para recuperar todo lo que me esperaba cada día en la cima de la escalera.

martes, 10 de marzo de 2009

Ideas para bien


Es de despiste y silencios; de ausencias y respuestas telegráficas. Algo que no deja de molestarte hasta que no descubres que se debe a su mente siempre cavilante, capaz de generar ideas constantemente. Algunas, brillantes.

Es una cualidad valiosa. Pero no es la más importante. Para mí, pensar puede llegar a ser relativamente fácil. Si tienes conocimientos, los compartes, no dejas de empeñarte en aprender, te apasionas con las cosas que te gustan e indagas en ellas y le das unas cuantas vueltas, una idea puede surgir si centras bien el tiro.

Pero lo realmente difícil es ponerla en práctica. Es decir, abandonar el confortable mundo de las ideas para agarrar fuerte a la realidad que te pone a prueba. Salga bien o mal, lo importante es actuar. Porque sin esa adrenalina la vida es plana, triste, gris...

No todo el mundo es capaz de lo segundo. De apostar. Yo, por ejemplo, peco de ello.

Él, no. Y lo ha demostrado.

Oí hablar del proyecto de concurso de las 7 maravillas gastronómicas del Perú promovido a través de una web hace muchos meses. Al principio me sorprendió. Pero conocía la pasión de Ricardo por la cocina (y más si es la suya: la peruana)y vi que la gastronomía era un elemento de identidad importante en su país. Y, a la vez, bonito.

Así, de repente vi que aquél proyecto, que ha compartido con más gente, aunaba internet, viajes, escribir, hablar con gente, sacarle partido a sus conocimientos de periodista de turismo, también a los de hostelería, ahondar en las raíces de un país que critica tanto como defiende con corazón porque es el suyo... Sí. Tenía visos de salir adelante.

Y salió. Entré en la web y me entretuve en mirar las recetas para atreverme a hacer alguna (fue un fracaso, confieso) y reírme con los vídeos de la gente puebla un país que se asoma como maravilloso haciendo sus apuestas.

El proyecto creció y maduró. Y costó. Pero lejos de tirar la toalla por circunstancias poco alentadoras, tuvo su idea, buscó aliados, empeñó su esfuerzo -y otras cosas- y trabajó. Con altibajos -como cualquiera- pero sin cejar. Y todo ello sin ni siquiera tener asegurado 'eso' por lo que el 90% del mundo se mueve: dinero. Él está en el otro porcentaje: el de insólitos.

Apostó y ha ganado la primera partida: ayer pude ver en directo la rueda de prensa en la que participó la ministra de Turismo del país andino para presentar y apoyar el concurso.

Él es así. Si cree en la idea, va adelante con ella hasta el final. Para bien o para mal. Es así.

Esta vez, fue para bien. Y deseo que vaya a mejor.


P.D.: Y pensar que quería matarlo, hace ya más de dos años, cuando lo conocí haciendo una defensa enervada e irracional de una de sus ideas, una rara, rara, rara...

domingo, 8 de marzo de 2009