Tan joven y tan viejo
“¡¡¡Yo soy pequeña aún!!!”, grito a campanilla batiente cada vez que alguien, llamémosle Ruiz, insiste con sorna en recordarme: “Mendoza, tú ya no eres joven”. Siempre lo hace con su sarcasmo fino cuando en nuestras conversaciones se cuela algún tema indeseable del tipo… ¿hijos? ¿descuentos y beneficios sociales? ¿formas de ocio? ¿ropa? ¿inquietudes? ¿salud? ¿matrimonio? ¿patrimonio?
En público, siempre reniego. “Yo sí soy joven“, insisto. En privado, como en este espacio, hoy quiero confesar, como diría La Pantoja, que empiezo a notar los signos del envejecimiento.
Pero no como las petardas adictas al retinol de los anuncios. No. Ni el rollito, ni la patita (de gallo) y mucho menos las canas me preocupan los suficiente. Tampoco lo noto, que también, en que cada vez tengo menos memoria, ése gran don de los tontos que le llaman... No se trata, ni siquiera, del dolor de rodillas cuando la emprendo escaleras arriba. Ni de que cada vez tardo más en recuperarme de una resaca. No.
Los signos de mi edad me asaltaron en mitad de una noche absorta haciendo repaso de un día cualquiera.
A saber:
Soy capaz de cantar de carrerilla más canciones de M80 que de Los Cuarenta Principales. Y mira que me sé canciones! Aún tengo discos de vinilo, disfruto mirando las carátulas de los cedés y no voy con un ipod en el autobús porque prefiero reírme con el conductor y las abuelas de mi barrio.
Cuando la gente habla de las tramas de las series de moda, me doy cuenta de que ahora la tele me aburre y que a mí lo me enganchó fue René y la Resistance de Aló Aló o Canción Triste de Hill Street o Historias para no dormir. No sé de qué va Física y Química, a la doctora Grey no le pillo el punto, House es para mí un feo que no me atrae nada y ‘Amar en tiempos revueltos’ no me insinúa más que una copia burda del ‘Amar en tiempos de cólera’ de Márquez.
Mi generación no creció con el ‘reality’. No sé quienes son los que lloran en Fama y el día que en la tele de un bar vi a una mujer enana llorando dentro de una habitación, disfrazada con un traje de fiesta, pensé que se trataba de alguna peli siniestra. Pero no, era Gran Hermano.
Nosotros, que crecimos en Fraggel Rock, lo flipábamos con la Bola de Cristal. Esos sábados por la mañana, recién bañaditos, delante de la tele viendo a Kiko Veneno cantar disfrazado de Frankenstein… Hoy, creo que está de moda un niño japonés con cara de ‘espaventao’ (y voz doblada de algo peor) que se llama Nobita?
En cuanto a educación, la ESO me suena a chiste malo. Y COU no es para mí una mala pronunciación de vaca en inglés, como piensan muchos retoños ahora.
La Wii, esa consola minimalista hasta en el nombre, no me llama. Y aunque creo que esto no es del todo un signo de mi generación, creo que sí tiene que ver con que yo crecí dándole a los patines de cuatro ruedas (blancos, por supuesto) y al juego del denominado ‘elástico’.
En cuanto a las fotos, haciendo recuento, tengo más en negativo que en jpeg. Todavía!
Me gustan los bares chicos a los que puedes ir vestido como te dé la gana para tomar las copas que te dé la idem. Y aunque mi compi MV no se lo crea: ¡Nunca tuve un duro y nunca hice botellón! Lo que no quiere decir que no bebiera (de más) con 18 años. Por otro lado, está esa extraña obsesión por aparentar ser una modelo salida de una pasarela para perderte en un ingente local tipo la Mae West, que es lo que se lleva ahora… Me agoto de solo de pensarlo. Y hasta soy capaz de sentenciar una noche diciendo: “Este sábado me quedo en casa que tengo ganas de sofá, libro y mantita”.
Esos son los signos de mi edad. Al menos, los confesables en este espacio privado. Y creo que, en parte, la Ruiz lleva algo de razón.
Pero me gusta.
De Peter Pan ya hablamos otro día...
P.D.: Eso sí a aquella época le fallaba algo fundamental: ¡¡¡No había intenné!!!
P.D.2: Ya tocaba 'megapost' (je)








