sábado, 28 de junio de 2008

Viernes de uno y no más


Hay viernes en los que la madrugada está rebosante de vida. Pero a ti sólo te toca verla pasar.

La ves en grupos de adolescentes ávidas de aventura y ‘decoradas’ para protagonizar un videoclip de la MTV, en largas colas de coches que iluminan las avenidas convirtiéndolas en una feria, en conversaciones cómplices de amigos sentados al raso estrellado, en el que canta su alegría etílica en cualquier esquina, en las copas compartidas en bares de colores, en parejas que sólo saben ocultarse de una forma: con la cara del otro pegada a la suya en un beso largo.

Viernes en los que tu caminar solitario y noctámbulo en busca de algo que llene tu estómago y vacíe tu cabeza desentona en unas calles bulliciosas que te advierten que eres ‘uno’. Y no más.

En esas noches de desencanto, el bonito escote que te iluminó la cara por la mañana no hace juego con las luces de neón que adornan los frigoríficos de las tiendas abiertas a deshora. Y tu boca brillante chirría con la bolsa de plástico triste. Princesa en faenas de doncella. Tan desubicada como destronada.

Cuando caminas de esa guisa de regreso hacia ese lugar donde nunca nadie te espera -tu casa- buscas en el recuerdo a todos tus amigos, los que lo fueron, los que están en trámites de serlo, los que afortunadamente lo son y los que quieren serlo eternamente aunque te partan el corazón. La lista te resulta interminable. Como interminable es la tarea de descartarlos uno por uno para invitarlos a compartir unas horas, ni siquiera unos minutos.

El semblante te cambia al concluir la tarea y llegar a una conclusión terrible: tienen otras prioridades. En términos periodísticos, no es lo mismo ser un ‘titular de portada’ que un ‘subtítulo’; una 'exclusiva' que una ‘pieza subordinada’.

En esos viernes, agotas la batería del móvil, pero no de alegre actividad conversadora, sino de encender la pantalla una y otra vez para comprobar que la señal de esa vida que añoras no ha llegado. Una señal pequeña, pero tan grande…

Mientras esperas –o no- te sientas en el sofá verde. Enciendes un ‘prohibido’, aliñas la cocacola, reclinas la cabeza, cierras los ojos y recuerdas esos otros tantos viernes que no cambiarías por nada… Es muy fácil emborracharse imaginando para volver a disfrutar de lo vivido. La proximidad en el tiempo ayuda y te permite rescatar hasta los olores de aquella realidad, hoy irreal.

Entonces, con media sonrisa y haciendo un esfuerzo por asumir con naturalidad esta ‘contra natura’ llamada soledad, sólo te queda entonar bien para reconocer a media voz que… “Hay viernes… y viernes”.

Y de estos, uno y no más.

4 comentarios:

Paco dijo...

¿Y por qué no pasaste por el hannigham? ayyy..... Eso, uno y no más.

Rocío Mendoza dijo...

Me lo apunto para que no vuelva a pasar. ;)

María Ruiz dijo...

Estoy segura de que sabes que habrá periódicos que olviden que mereces un titular de portada y otros que están siempre deseando que cojas el teléfono para darte el mejor sitio de primera. Pero en fin. Hay viernes, y viernes. Ese del que hablas me dejó a mí en un breve nocturno escondido en las páginas sepia de Economía. (Qué recuerdos, juas juas). Tuve mi momento de portada pero fue un momento. bsos

Rocío Mendoza dijo...

Creo que te equivocas, María. Pero no te lo voy a explicar aquí... Otro día, mejor un viernes y en un bar, como a ti te gusta...