lunes, 30 de junio de 2008

La perspectiva deseada


No veo el día en el que sólo vea esto durante toooooooooodo el día.

Para no olvidar...



Las portadas de los diarios nacionales con el título europeo de la selección española, para todos los gustos.


Los internacionales, también se hicieron eco.


Y nosotros, que nos pareció poca una portada, envolvimos el periódico por delante y por detrás con una portada doble. Sólo Público e IDEAL apostó por este formato sólo apto para grandes acontecimientos. Y este lo era, y de sobra.


Gloria, campeones, los mejores, conquistadores, grandes, amos... Fueron las palabras elegidas por casi todos. Invencibles, no.

Félix L. Rivadulla dijo: "Necesito una palabra" cuando empezaba a componer la portada. Entonces, Carlos Morán apuntó: "Algo así como... ¿'Invencibles'?" Y así quedó.




Los mejores.

sábado, 28 de junio de 2008

Lo que no puedo explicar


Vi a Eva la Yerbabuena bailando una nana por soleá que le cantaba Miguel Poveda en los jardines del Generalife. Mi compañera Lucía Rivas -la fotógrafa que más veces me ha sorprendido- captó este momento de sentimiento expresado en cada pliege del rostro y el cuerpo de los protagonistas con su cámara. Fue la foto de portada del periódico del sábado. No podía ser otra.

En ese preciso instante, que yo capté con mi cámara personal, mi amiga y compañera Ángeles Peñalver me comentaba bajito... "La Eva dice que en ese momento que le canta Poveda al oído se quiere morir..."

Yo, para entonces, ya había teletransportado mi alma hacía un buen rato al escenario para dejarla bailar al son de la voz limpia y profunda de Miguel... Y allí me quedé para el resto del espectáculo.

Ángeles hizo la crónica para IDEAL. Y yo, que guardo este espacio para ahuyentar las historias para no dormir que habitualmente me emplean en el periódico, quería escribir aquí lo que vi y sentí en esa noche fresca que me permitió alimentar el alma para todo un mes.

Pero, después de varios intentos, me he dado cuenta de que no puedo.

Como en el amor y la magia, no todo se puede explicar.

Y aquí dejo un ejemplo de cómo suena el cantaor. Que como dice Peñalver en su crónica... Supo a poco.

Viernes de uno y no más


Hay viernes en los que la madrugada está rebosante de vida. Pero a ti sólo te toca verla pasar.

La ves en grupos de adolescentes ávidas de aventura y ‘decoradas’ para protagonizar un videoclip de la MTV, en largas colas de coches que iluminan las avenidas convirtiéndolas en una feria, en conversaciones cómplices de amigos sentados al raso estrellado, en el que canta su alegría etílica en cualquier esquina, en las copas compartidas en bares de colores, en parejas que sólo saben ocultarse de una forma: con la cara del otro pegada a la suya en un beso largo.

Viernes en los que tu caminar solitario y noctámbulo en busca de algo que llene tu estómago y vacíe tu cabeza desentona en unas calles bulliciosas que te advierten que eres ‘uno’. Y no más.

En esas noches de desencanto, el bonito escote que te iluminó la cara por la mañana no hace juego con las luces de neón que adornan los frigoríficos de las tiendas abiertas a deshora. Y tu boca brillante chirría con la bolsa de plástico triste. Princesa en faenas de doncella. Tan desubicada como destronada.

Cuando caminas de esa guisa de regreso hacia ese lugar donde nunca nadie te espera -tu casa- buscas en el recuerdo a todos tus amigos, los que lo fueron, los que están en trámites de serlo, los que afortunadamente lo son y los que quieren serlo eternamente aunque te partan el corazón. La lista te resulta interminable. Como interminable es la tarea de descartarlos uno por uno para invitarlos a compartir unas horas, ni siquiera unos minutos.

El semblante te cambia al concluir la tarea y llegar a una conclusión terrible: tienen otras prioridades. En términos periodísticos, no es lo mismo ser un ‘titular de portada’ que un ‘subtítulo’; una 'exclusiva' que una ‘pieza subordinada’.

En esos viernes, agotas la batería del móvil, pero no de alegre actividad conversadora, sino de encender la pantalla una y otra vez para comprobar que la señal de esa vida que añoras no ha llegado. Una señal pequeña, pero tan grande…

Mientras esperas –o no- te sientas en el sofá verde. Enciendes un ‘prohibido’, aliñas la cocacola, reclinas la cabeza, cierras los ojos y recuerdas esos otros tantos viernes que no cambiarías por nada… Es muy fácil emborracharse imaginando para volver a disfrutar de lo vivido. La proximidad en el tiempo ayuda y te permite rescatar hasta los olores de aquella realidad, hoy irreal.

Entonces, con media sonrisa y haciendo un esfuerzo por asumir con naturalidad esta ‘contra natura’ llamada soledad, sólo te queda entonar bien para reconocer a media voz que… “Hay viernes… y viernes”.

Y de estos, uno y no más.

martes, 24 de junio de 2008

Buika se enamora, Buika me enamora

Conocí a Buika gracias a mi hermana. Aunque yo le llame la de las meninges rotas, las tiene muy bien puestas. Me dijo: "He oído en la radio a una tía con una voz muy especial que cantaba una canción que llevaba una frase muy graciosa... Cantaba el estribillo algo así como 'jodía pero contenta...' La meninge no le dio para retener el nombre.

Me puse manos a la obra y me topé con un álbum que me enamoró.
De todas las canciones, me quedé con esta. Gamberra, con ritmo, dulce y pícara a la vez...




Y pasó el tiempo. Y Buika ha hecho muchas cosas. El último álbum se llama 'Niña de Fuego'. Y todo ha cambiado en ella. Menos su voz.

Ahora canta cosas como esta.




Entre una y otra me resulta muy fácil imaginar qué le ha pasado a Buika. Se empeñó tanto en ser picarona para pedirle a su 'tostaíto' que le dejara probar su 'caramelo' que al final, no sólo lo probó, sino que se pegó un atracón. Y, como decimos los malagueños, sin darse cuenta, sin querer, se ha quedao pillá. Vamos, que se ha enamorado. Y ahora ya solo puede cantar lo segundo...

martes, 17 de junio de 2008

Deseos y realidades

Lo pedí antes de soplar las velas en las tartas de tantos cumpleaños.
Lo rogué con los ojos cerrados y en soledad muchas noches antes de dormir a un Dios en el que no creo.
Lo deseé mirando a cada estrella fugaz que me se dejó ver de madrugada.
Lo supliqué ante velas que iluminaban conjuros imposibles.
Lo repetí como una letanía en mi interior ante el fuego azul de una queimada.
Lo pedí por favor. Con gritos y con llanto. Llena de esperanza y al borde de la desilusión.
Probé todas las fórmulas durante más de lustro.
Y cuando empezaba a pensar que mis intentos eran en vano, que la magia no existe y que la suerte es un invento de los hombres para justificar circunstancias inexplicables, para bien o para mal, llegó el día esperado y a la vez, inesperado.
Lo tantas veces deseado, aquello que parecía tan difícil, casi imposible, es ahora casi una realidad.
Estoy feliz de haber tenido la paciencia suficiente. Algo que lo que siempre he carecido. Pero me doy cuenta de otra cosa. No ha terminado mi trabajo: ahora tengo que volver a empezar desde cero para llamar a la suerte. Pero esta vez, para mí.

P.D.: No se afanen en entender el post. En abstracto, puede tener algún sentido. Pero sólo hay una persona que podrá entenderlo en su verdadero sentido. Alguien que merece toda la suerte del mundo.

domingo, 8 de junio de 2008

Nueve meses


En las dos imágenes, mi Julia tenía casi nueve meses.
Entre una y otra, el milagro de poder verla sonreír.
Hay cosas que para muchos son muy sencillas, naturales.
Sin embargo, tienen un efecto en mí que pocas cosas logran: me quedo sin palabras.

sábado, 7 de junio de 2008

La fórmula musical



A mi alrededor siempre -casi- siempre hay música sonando. Cuando me baño, cuando voy en el coche, cuando escribo, trabajo, cocino, limpio la casa, espero o camino para no esperar... Desde que me recuerdo a mí misma soy así. Mi padre a veces incluso llegaba a regañarme por esa extraña obsesión. O quizá lo hacía porque la ponía demasiado alta. El caso es que sigo igual.

Hace tiempo que llegué a la conclusión de que se debe a mi necesidad contar con un elemento externo que maree mis neuronas para no analizar lo que tengo allá arriba. O adentro, según se mire.

Pero hoy pasó algo que lo cambia todo. Iba en el coche y sonó este tema de Fito. Y luego otro y otro y otro... En vez enchufar el caraoke y cantar a campanilla batiente, como hubiese sido lo normal, me paré a escuchar las canciones y también acabé analizando las letras durante todo el camino de regreso a casa. Mi fórmula mágica ha dejado de funcionar. Me quedé traspuesta al darme cuenta de la tragedia: "¿Cómo vacío ahora mi cabeza si todo lo que escucho habla de todas esas cosas en las que no quiero pensar?", pensé (cómo no).

Mis métodos para evitar lo inevitable se agotan.

Y con lo inevitable, por supuesto, me refiero a ti, locura.

viernes, 6 de junio de 2008

Sólo pienso en ti



Al terminar el día, poco fructífero, desilusionante y casi vacío, me di cuenta de una cosa cuando, quieta, miraba al techo del dormitorio. Volví a hacer aquel sabio ejercicio de observarme desde fuera para buscar el motivo de mi estado de ánimo. Y lo descubrí: haga lo que haga, emprendo la tarea como una autómata porque en realidad tengo la mente en otra parte. Sólo pienso en ti.

De pronto, te recordé en toda tu dimensión. Rebosante de vida, de días interminables, de besos con sabor a mar, de aventura y sosiego, de risas y despreocupación… Tú siempre me haces sentir más persona de lo que aparento ser en mis días grises. Cuando estoy a tu lado, me doy cuenta de que soy algo más que trabajar. Tú me devuelves a la vida que cualquier mujer quisiera tener. No sé qué extraño poder tienes, pero siempre logras sumergirme en un mundo casi perfecto, en un País de Nunca Jamás que no quisiera abandonar nunca para hacerme olvidar los fantasmas que me acechan allí afuera. Nada importa contigo. Sólo recordarte me devuelve la felicidad.

Hace no mucho tiempo que estás en todos mis minutos. Te pienso en cada uno de mis gestos. Eres mi primer pensamiento cuando suena el despertador por la mañana y me despido contigo del día cuando de madrugada me entrego al témpur en soledad. Vienes a mi recuerdo cuando el sol vence definitivamente a las nubes y me tizna las pecas. Cuando me río… Y hasta cuando lloro sin parar. Cada vez que me expongo al indeseable bronceado de la pantalla del ordenador tu imagen me anima y cuando, por enésima vez, marco un número de teléfono buscando alguna historia que poder contar me haces seguir adelante. Cuando conduzco ya no veo la ciudad, sólo veo todas esas otras carreteras que hemos surcado juntos…

Cuando te conocí acababa de abandonar el calor del hogar familiar. Para mí fuiste el descubrimiento más glorioso que podría haber tenido en mi vida. Con la libertad tan deseada, y ya por bandera, me entregué a tus brazos y juré que haría todo lo posible el resto de mis días por poder sentirte con intensidad cada vez que la vida me lo permitiera. Recuerdo aquellos primeros encuentros, de sensaciones tan extrañas y a la vez tan necesitadas. Nunca había conocido algo igual…

Han pasado ocho años desde nuestro primer encuentro. Y sigo enamorada. Cada año, cuando llega junio no paro de pensar en ti. Sé que siempre te vas. Y eso siempre me duele. Pero me reconforta tener la certeza de que vas a volver. Así son los amores adictivos y yo te necesito como a una droga. Añoranza no es una palabra precisa para lo que siento. Necesidad es más adecuada. Marco en el calendario los días que me quedan para volver a entregarme y ser tuya. Espérame… Voy… Llego…

Siempre serás uno de mis grandes (y muchos) amores. Te quiero, te necesito y te deseo. Así de claro te lo digo, vacaciones. Ya sólo pienso en ti. ¡Oh! Mis adoradas vacaciones…

jueves, 5 de junio de 2008

Tacos y sentencias

En las sentencias judiciales, a veces, la literalidad es apabullante.