lunes, 19 de mayo de 2008

Princesas contestonas

Rubén Darío escribió un poema que la mitad de los españoles de mi generación aprendió cuando no levantaba un metro del suelo.
Decía: “La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa…”

Si el relamido poeta hubiese nacido en esta época la princesa le contestaría:

La princesa no está triste. Más bien lo que le pasa es que se ha dado cuenta de que no cree en príncipes. Así que se ha hecho veterinaria para, en vez de besar ranas, diseccionarlas y aprender una profesión útil con la que salir adelante.

La princesa no está triste. Está pensando que es medianoche y aún sigue repasando la lista de cosas por hacer, revisando la agenda del día siguiente, haciendo kábalas con el tiempo para leer el libro que tiene pendiente, limpiar la casa, comprar definitivamente café, seguir con aquél curso de formación, llamar a la familia, acudir a la reunión, terminar el trabajo pendiente, llegar a tiempo a la comida de compromiso, acordarse de aquella fecha tan importante, de buscar un regalo con sorpresa. Está pensando en cómo sobrevivir cada día… y suspira soñando con una hamaca en Isla Hermosa. Está estresada… No tiene tiempo de estar triste.

La princesa no está triste. Está jodida porque no quiere que la tomen por tonta. El día en que conquistará el trono para ser reina no existe. Y lo sabe. Lo acepta con realismo. Y eso, a veces, hace estragos en su semblante.

La princesa no está triste. Está ideando la forma de explicar definitivamente que su boca no es de fresa. Sino de Loreal, porque yo lo valgo.

La princesa no está triste. Está pensando de dónde recortar gastos para llegar a fin de mes. Mira al vacío pensando en estrategias eficientes para llevar la difícil tarea a buen puerto con disciplina empresarial.

La princesa no está triste. Está hasta los mismísimos ovarios de no poder dormir porque su pequeño tiene el sueño, digamos, complicado.

La princesa no está triste. Está a dieta porque le pesa el cuerpo, porque no quiere morirse de un infarto a los 45 y quiere cuidarse. Si suspira, lo hace por un plato de patatas fritas y un bollo.

La princesa no está triste. Está intentado concentrarse en estudiar unas oposiciones mientras sus dos niños le llenan la cabeza de reclamos de cariño. Tan constantes como absorbentes.

La princesa no está triste. Está dubitativa. Se pregunta cada día si se equivocó al cambiar de trabajo. Pero sigue adelante con profesionalidad.

La princesa no está triste. Se está planteando un gran dilema: quiere tener hijos y no sabe cómo organizarse para no fracasar en su carrera.

La princesa no está triste. Alucina porque no tiene instinto maternal y la miran como un bicho raro.

La princesa no está triste. Está evadida soñando con un amor. Porque le gusta. Porque es suyo y se lo da a quien le da la gana, pero no se lo da a cualquiera. Y suspira porque, en el fondo, le gusta que le llamen princesa.

Y no está triste. Está llorando a moco tendido porque le resulta terapéutico lo entienda o no su príncipe.

Yo conozco a muchas princesas de hoy

De reflejarlas a todas aquí, el post sería interminable. Ya casi lo es.

P.D.: Para más contestaciones al poeta... anoten ahí abajo.

8 comentarios:

Antonio dijo...

Todo es desorden a menudo. Sin embargo, suerten tienen las princesas de poder habitar en castillos de arena.

Un besito princesa de nuestra reina madre ;)

Verónica Carmona dijo...

Los príncipes azules destiñen.

YOLANDA dijo...

Hola Rocío!Te descubrí por casualidad, o mejor dicho, por causalidad (en esta etapa me inclino más por estos "porqués...")
Me identifico gratamente con más de una princesa que describes, y por ello, sé que much@s, más que princesa, me ven rana...Y sabes qué?A mí es que siempre me ha encantado el agua, saltar en mi pequeña charca y estar en contínua transformación, o al menos, intentarlo..
Un gusto descubrirte y leerte.
Una antigua compi de B.U.P (uff! qué antiguo suena esto!)

María Ruiz dijo...

Mi boca solo es de fresa cuando un alto cargo se pasea por el curro, pero yo también lo valgo. Suspiro por las patatas, por la rana equivocada, por el cambio de curro que aún no sé si fue acertado, porque recuerdo aún cuando era la princesa de alguien. Y aún espero mi dia terapeutico en el que llorar a moco tendido. Todas somos princisas, de hoy, con o sin príncipe. nos vemos. bsos

Anónimo dijo...

Leerte es darse cuenta de repente lo lejos que se está de escribir así de bien.
Un placer.
Bomarzo

francisco dijo...

Si no fuera republicano y sí fuese poeta te diría como dice Rubén Darío:

—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Rocío Mendoza dijo...

¿Yolanda? Sólo recuerdo a una Yolanda de BUP. Pero en la fotito que tienes puesta no te veo las facciones. Es demasiao chica. Anda, deja aquí un correo o algo... ¿no? Un abrazo.

luna30 dijo...

¡Qué identificada me siento con tu artículo! otra princesa contestona... que habita en castillo de arena esperando con sus largas trenzas a que venga un príncipe azul a rescatarla...lo malo es que me di cuenta de que desteñían así que la opción es ser una mujer Lóreal y punto.