domingo, 4 de mayo de 2008

Entrenamiento cero

Acudió al establecimiento, abierto siempre a deshora, a buscar una de sus drogas.
Después de muchas visitas, el que suele dispensárselas 'dixit' contra todo pronóstico:

-¿Por qué no nos vemos fuera de aquí algún día y quedamos una noche para bailar?
-¿Bailar?, respondió ella con el gesto torcido y estupefacto.
-Bueno, o cenar..., interrogaron él y su ceja.


Quedó paralizada con la mano extendida esperando a que le diera el cambio. El cerebro comenzó a centifrugar a toda velocidad buscando en algún recoveco la respuesta negativa adecuada al ofrecimiento sin resultar demasiado cáustica. Sólo aparecía un NO a secas, que es más que cáustico. Pero se quedó muda. Su cara debió ser un poema indescifrable que sólo logró arrancar una respuesta cargada de desaliento por parte del 'donjuan'.
-Vale, otro día me contestás...

Hacía tanto tiempo que no oía algo así, una invitación tan natural, directa y cercana a los años de adolescencia que no supe reaccionar.

Después del episodio volví a casa partida de risa. Pero no por el 'valiente' (nunca me atrevería a despreciar con la risa tal gesto), sino por mi reacción y la conclusión obtenida:

"Voy a tener que elaborar una 'chuleta' de contestaciones a situaciones difíciles para utilizarla y así no poner en evidencia mi nulo entrenamiento para ciertos partidos".

¿Alguien me ayuda?

12 comentarios:

Isabel dijo...

¿No se llamará Manolo?

Rocío Mendoza dijo...

Jajajajajaja... La teoría de la M. Pues no. en este caso es rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrraú.

Javier Callejón dijo...

Jejeje.

Permíteme que me ría de la situación, pero creo que es mucho más común de lo que crees. ¿A quién no le ha ocurrido una situación similar? Y en cuanto a las posibles contestaciones, una charla en torno a unas cervezas y seguro que surgen un ciento.

Un saludo.

El Gato dijo...

A mí no me suelen ocurrir esas cosas, pero a buen seguro que al resto de los mortales sí. No pongo en duda el comentario de Javier. Mi problema es que no se me ocurren ni respuestas para las preguntas típicas y de cortesía que me hacen las personas con las que no tengo confianza. Incluso me bloqueo con un "¿cómo estás?". Siempre respondo "Pues ya ves, por aquí". Así que cuando hagas el catálogo, pon un link, a ver si así aprendo algo.

Rocío Mendoza dijo...

Oye Javier, te pasará a ti mucho. Pero lo que es a mí, yo estoy del bando de El Gato. A mí no me van invitando a salir de forma tan espontánea por parte de alguien con quien no he cruzado más de tres palabras y media. El motivo de este post era precisamente ese: la sorpresa ante lo insólito. Oye Gato, a mí me pasa igual. Cuando me preguntan "¿cómo estás?" me entran ganas de contestar: "realmente tienes tiempo y ganas de oír cómo estoy?"
Ja!

María Ruiz dijo...

Me uno al bando de gato. Siempre reacciono tarde o mal, o las dos cosas. Todo esto nos pasa por la falta de entrenamiento. Quizá Javier te pueda echar una mano, a mí es que no se me ha dado bien nunca y ahora... pues menos. Hay veces que lo mejor es dejarse llevar para evitar perder cenas, besos...
Dále bola, Mendoza, aunque sea solo por la valentía de la invitación. bsos

Rocío Mendoza dijo...

¿Dale bola? Se te va la pinza?

Peter Parker dijo...

Qué bonito arte el de las excusas! Pues a mí me han puesto muchas como para no aprendermelas...

Rocío Mendoza dijo...

Pues ve sacando la listilla no Parker?

María Ruiz dijo...

No te pido nada más allá de una cena. Lo mismo es un tío apañao. Si no te convence, te repito lo del desayuno del domingo... Pasámelo. juas juas

Anónimo dijo...

Pues yo me habría puesto tan roja en esa situación que no me habría hecho falta ni contestar!!

Anónimo dijo...

Ay mendoza, qué bonita escena y qué envidia me das! Y no te tires faroles, que invitaciones igual no hay muchas, pero piropos te echan a puñaos, que todas morimos de la envidia...jaja
MV