jueves, 1 de mayo de 2008

Descubrimientos al compás


Ella me hace recordar que en mi cuerpo existen músculos que antes ni sospechaba. Que los pies tienen una punta y un tacón que pueden crear sonidos rítmicos deliciosos. Que las manos hablan más de lo que parece y que los brazos pueden elevarse más allá de lo cotidiano. Sus espejos delatores también me sacan las dimensiones exactas de mi cuerpo. (uf) Cada mañana de martes y jueves vuelvo a ser consciente de lo torpe que es mi lado izquierdo y, gracias a ella, redescubro el significado de la palabra coordinación. Pero porque no doy ni una… De la media no paso.

Ella es mi profesora de flamenco. Chua Alba. Hoy, después de un mes -con alguna falta que otra- de clase, me he percatado de una circunstancia trascendental cuando regresaba sudada a casa: he encontrado en esa academia de baile lo que buscaba para que mi cerebro segregase esa encima de la felicidad que brota con el ejercicio corporal. Después de frustrados intentos de gimnasio, natación, pilates, etc… me quedo con Chua.

Y no porque nos menee a todas con taconeos, frases de fandango, ejercicios de brazos y manos, con su creatividad, su genio (‘pronto’, como dice ella) y cómo no, su simpatía… No sólo por eso. Sino porque, después de muchos años de oír cantar a mi madre y sus casettes, empiezo a escuchar el flamenco de otra manera. Ella dice es un sentimiento y una forma de entender la vida. Yo lo siento. Pero aún no he encontrado la forma de canalizarlo. Pero, como ella dice con una paciencia admirable con sus ‘patos’ (o sea, nosotras), todo se andará… O se taconeará…

Ella ya es oficialmente “mi descubrimiento del año”. Y como la mayoría de mis descubrimientos, vienen cargados de señales. A mí me gusta ver las cosas en clave de azar.

A saber: el folleto donde anunciaba sus academia de baile lo encontré en el mostrador de esa farmacia en la que buscaba algo que me sacara de la pseudodepresión (la medicina no me valió, el folleto sí), cuando me decidí a llamar me confirmó con un sms la fecha en la que empezábamos (sin complejos tecnológicos para comunicarse, perfecto!); la primera canción que nos puso para ver cómo nos movíamos es una de mis preferidas de Miguel Poveda; durante un rato de cháchara (conversación en malagueño) descubrí que vive en mi barrio y que antes tenía la academia en ‘El hotelito’, un lugar que estaba justo al lado del edificio donde yo vivía antes, en la avenida Cervantes. Cuántas veces habré pasado por delante de ese edificio que tanto me llamaba la atención sin saber por qué y sin saber qué guardaba dentro. La tenía tan cerca… Y después de tres años viviendo en el que ahora sí que sí es mi barrio, me topo con ella para descubrir sus clases de baile.

Tiene un proyecto precioso, moderno pero con raíces, que se llama ‘Flamenco y más’. En su espacio de myspace se puede ver. Su web está en construcción, pero aquí la dejo para cuando funcione. A ver cuándo hago el primer post del espectáculo del grupo. Qué más que desearle suerte y fortuna a quien alegra mis mañanas con palma y compás.

1 comentario:

winagre dijo...

bueno..dije que volvería...y aquí estoy de nuevo para decirte dos o tres cositas nada más.
ante todo: bienvenida al adictivo mundo del flamenco!!
veo por lo que leo, que lo estás empezando a vivir de "otra" manera..comparto totalmente esa visión contigo.
así como también comparto otras cosas de las que hablas: poveda, el barrio, el azar...(se me acaba de ocurrir una palabra..cortazar. así. sin acento)
en cuanto a chúa..la conozco poco personalmente, pero en otros aspectos la conozco lo suficiente como para decirte que no has podido hacer mejor elección.
hasta otra.

fdo:
un pelícano que vive entre flamencos