domingo, 25 de mayo de 2008

Darío y la crisis

Darío demuestra tener una mente preclara a sus dos años y pico. Sin querer, tradujo con palabras infantiles lo que muchos piensan de uno de los temas de actualidad que más preocupan en este nuestro país.

En una tarde cualquiera soltó por esa boquita para estupefacción de sus padres:

Oye mamá, ¿Dónde está la crisis? ¿En El País?

Sus padres, confesos seguidores de Prisa, comentarían el asunto en algún momento y ésta fue la incógnita que quedó en su pequeño cerebro. El caso es que muchos adultos piensan eso, que la crisis la crean los periódicos con informaciones alarmantes.

Si Darío fuera mi hijo, intentaría explicarle:

Hijo mío, la crisis está en el periódico, sí. Pero también está entre nosotros.

Habrá mucha gente que te diga que la crisis no existe. Que las promociones de pisos de lujo a precios prohibitivos se venden en un mes, que las tiendas de marca están llenas de gente gastando su dinero y que los restaurantes caros cuelgan el cartel de completo cada fin de semana.

Y es cierto, hijo mío. Lo que sucede es que la crisis no existe para quienes nunca supieron lo que es la necesidad, los que vivieron siempre en la opulencia y nunca se preocuparon de calcular sus recursos porque siempre les ha sobrado de todo.

La crisis, Darío, existe para los que son de nuestra clase. Los que nacimos en lo que los sociólogos llaman la clase media, los que sólo dependemos de un salario modesto, los que no hacen trampas al fisco (porque ni sabemos ni nos gusta), los que no cuentan con el colchón de herencias engordadas a lo largo de varias generaciones, los que no estamos lo suficientemente bien relacionados con ‘los otros’ para que nos hagan favores cuando lo necesitemos, los que no nos ganamos un puesto de trabajo por nuestro apellido, los que tenemos coche porque pagamos letras durante años, los que caemos en la trampa de sentirnos propietarios por hipotecarnos de por vida, los que cenan cigalas en Navidad y los que no han experimentado el concepto ‘veraneo familiar’.

La crisis, hijo mío, es para quienes siempre lo pagan todo con esfuerzo. En cuanto la bonanza económica se esfuma, nuestros ya apretados cinturones nos asfixian. Sencillamente.

5 comentarios:

francisco dijo...

Inventos a parte como el de la crisis para asustar al personal cuando les viene en gana, la realidad lo que nos dice es lo mal repartido que está el mundo. Que no me hablen de inflación, quiero que me digan cómo contribuimos todos a mejorar los servicios públicos y que me digan también lo que ganan unos y otros. Y de qué viven. Y quién especula con los bienes. Y la usura de los bancos. Y quién vive del cuento porque como escribió León Felipe:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

francisco dijo...

Para los que no quieren ver:

http://www.elpais.com/articulo/empresas/bancos/tienen/culpa/elpepueconeg/20080525elpnegemp_3/Tes

El Gato dijo...

Supongo que algunos podemos incumplir una o varias de las características que has descrito en el post y pese a ello entrar en sa denominada "clase media". Me refiero a eso de haber estudiado en un colegio público o de pago o los que hemos adquirido un piso de esos de lujo aunque nos cueste horrores pagar la hipoteca a fin de mes. Al final, ser una persona de clase media consiste en organizarse. Tanto tienes, tanto te gastas. Si cobras más te gastas más y si cobras menos, gastas menos. Conozco familias que con 1.000 euros viven igual de felices que cuando sus padrs consiguen llevar dos sueldos a casa y sé por experiencia también que hay quien es capaz de haber dilapidado a mediados de mes un sueldazo de 2.400 euros y ser la más desgraciada del mundo. El problema llega cuando tienes un cerebro de derechas y bolsillo de izquierdas, cuando para ser feliz necesitas hacer cosas que cuestan dinero. Cuando no puedes pasear por un centro omercial sin gastarte un duro porque realmente no necesitas nada de lo que allí te ofrecen. A veces una simple bolsa de pipas y una buena película en la televisión es el mejor plan para una tarde de sábado y aprovechar ese poquito dinero que te queda paa darte la gran fiesta con quien verdaderamente merece la pena. A veces no tienes porqué poseer un libro para disfrutar de su lectura durante horas. La crisis, salvo casos sangrantes, para alguien de clase media es sólo un problema de imaginación.

Rocío Mendoza dijo...

Eso digo yo, Gato. Que tenemos otras cosas que valen más. Así que... imaginación.

Flanagan J. dijo...

Yo le diría a Daríos que la crisis está en el país, pero no en el mundo entero,