sábado, 31 de mayo de 2008

RECTIFICACIÓN

Esta mañana me han llamado de la agencia Europa Press. "Rocío, en tu blog hay un error". Se refería a una entrada anterior que hablaba de la forma de expresarnos de los medios cuando hay un extranjero de por medio. Y yo decía que esta agencia, en la información de un juicio por asesinato, había titulado: "Un rumano...", tal y tal.

El error, según mi compañera, estaba en que esta agencia no ha titulado así la información. A pesar de que yo estaba segura de haberlo leído.

He vuelto al periódico y he buscado los teletipos atrasados. Y sí, me he equivocado, "El rumano niega que matase..." no era un titular de Europa Press, era de la agencia Efe.

Así que como con la entrada anterior (que pensaba embargarla pero cuyo texto he eliminado por error y no lo tenía guardado), no pretendía ofender a nadie, sino abrir un debate sobre los modos en los que muchas veces TODOS los medios nos expresamos cuando hablamos de extranjeros implicados en delitos, pues aquí va mi canto en tono 'mea culpa' por el error cometido en el anterior post.

Que rectificar es de sabios y a mí no se me caen los anillos.

Al menos saco una conclusión: en los blogs también hay que ser lo más riguroso posible.

Y por cierto, toda la suerte para la compañera de Europa Press en su nueva andadura.

P.D.: Lo que no rectifico es que la fiscal hablaba del acusado como "el rumano". "¿Conoce usted a este rumano?", preguntaba en el juicio a los testigos.

jueves, 29 de mayo de 2008

martes, 27 de mayo de 2008

Que maten al publicista (I)

Me acaba de dar un puñetazo un anuncio sobre un producto femenino para mantener las piernas sin vello.

El spot cuenta con una voz en off que grita: "¡Chicas! ¿Os imagináis un mundo perfecto para nosotras?" (por supuesto, con ese odioso tonito de felicidad y vitalidad estúpido)

No me imagino un mundo perfecto pensado sólo para tías (qué desperdicio, por dios!), pero tampoco me ha dado tiempo a pensar mucho cuando de repente ha aparecido en la tele la imagen de una jovenzuela (preciosa) en un coche descapotable (más precioso que ella) que cuenta con un accesorio en el salpicadero que (al parecer) es imprescindible para el género femenino y que sirve como ejemplo de lo que sería "un mundo diseñado para nosotras".

Se trata de una bandejita que sale del lugar donde estaría la radio con millones de colorines para maquillarse. Acto seguido, la pava del descapotable sonríe, se pinta los labios mirándose al retrovisor, con su accesorio de diseño en el coche en primer plano, y sigue la música del anuncio.

Sí señor, en el mundo perfecto de una mujer no podría faltar otra cosa más que ese maravilloso accesorio.

Lo más patético es que el producto que vende el anuncio resulta ser, a mi modo de ver, lo más masculino del mundo: una cuchilla de afeitar.

Como escarpias se me han puesto los pelos al ver el anuncio. (los de las piernas, también!)

No me queda otra que pedir públicamente que maten al publicista.

¿Me secunda alguien?

P.D.: Queda oficialmente inaugurada la serie de post sobre publicidad denigrante (excluyendo los chistes) para las mujeres. Tengo miles, iré dosificando.

domingo, 25 de mayo de 2008

Darío y la crisis

Darío demuestra tener una mente preclara a sus dos años y pico. Sin querer, tradujo con palabras infantiles lo que muchos piensan de uno de los temas de actualidad que más preocupan en este nuestro país.

En una tarde cualquiera soltó por esa boquita para estupefacción de sus padres:

Oye mamá, ¿Dónde está la crisis? ¿En El País?

Sus padres, confesos seguidores de Prisa, comentarían el asunto en algún momento y ésta fue la incógnita que quedó en su pequeño cerebro. El caso es que muchos adultos piensan eso, que la crisis la crean los periódicos con informaciones alarmantes.

Si Darío fuera mi hijo, intentaría explicarle:

Hijo mío, la crisis está en el periódico, sí. Pero también está entre nosotros.

Habrá mucha gente que te diga que la crisis no existe. Que las promociones de pisos de lujo a precios prohibitivos se venden en un mes, que las tiendas de marca están llenas de gente gastando su dinero y que los restaurantes caros cuelgan el cartel de completo cada fin de semana.

Y es cierto, hijo mío. Lo que sucede es que la crisis no existe para quienes nunca supieron lo que es la necesidad, los que vivieron siempre en la opulencia y nunca se preocuparon de calcular sus recursos porque siempre les ha sobrado de todo.

La crisis, Darío, existe para los que son de nuestra clase. Los que nacimos en lo que los sociólogos llaman la clase media, los que sólo dependemos de un salario modesto, los que no hacen trampas al fisco (porque ni sabemos ni nos gusta), los que no cuentan con el colchón de herencias engordadas a lo largo de varias generaciones, los que no estamos lo suficientemente bien relacionados con ‘los otros’ para que nos hagan favores cuando lo necesitemos, los que no nos ganamos un puesto de trabajo por nuestro apellido, los que tenemos coche porque pagamos letras durante años, los que caemos en la trampa de sentirnos propietarios por hipotecarnos de por vida, los que cenan cigalas en Navidad y los que no han experimentado el concepto ‘veraneo familiar’.

La crisis, hijo mío, es para quienes siempre lo pagan todo con esfuerzo. En cuanto la bonanza económica se esfuma, nuestros ya apretados cinturones nos asfixian. Sencillamente.

Locura y pensamiento


‘No deje que la mente le vuelva loco’ es el título de uno de la nueva serie de artículos sobre psicología que publica El País Semanal los domingos.


No suelo reproducir en este espacio textos ajenos. Pero me dejó patidifusa el escrito. Encontré demasiadas respuestas al leerlo.


Las dejo aquí por dos razones: para no olvidarlas una vez que la revista acabe en el contenedor de reciclaje y por si le sirve a alguien que lea este espacio.

A saber:


  • Dejemos claro que la mente no es la mala de la película, sino nuestro inquisidor afán por pensarlo todo. Somos lo que pensamos. Y sin darnos cuenta, creamos lo que creemos.

  • Pensar no es un acto gratuito. Necesita de una inversión energética y, a la vez, genera más energía. El pensar genera estados internos (nos demos cuenta o no) y dichos estados generan una vibración personal que va más allá de nosotros. La captamos en los demás, así como somos captados.

  • El mayor privilegio y la peor pesadilla de nuestra mente es su capacidad de hacer representaciones de todo y luego moverlas por el tiempo como si fuéramos directores de nuestra propia película. Esa maravilla a la que llamamos imaginación puede convertirse de repente en el túnel del terror.

  • La mera preocupación por lo que va a ocurrir se graba en el cerebro con la misma intensidad que un recuerdo negativo real.

  • Si queremos crecer, cambiar y explorar, si queremos dejar de hacer cosas que no funcionan, hay que dejar de ser memoria para ser creadores.

  • Ya. Pare. No le dé más vueltas a la cabeza en espiral. Acabará obsesionándose y angustiándose. Debe tener algo claro: pensar no es fácil. A hacerlo bien también se aprende.


Qué equivocada estaba. Yo creía que para caer en la locura sólo hacía falta dejar de pensar.

lunes, 19 de mayo de 2008

Princesas contestonas

Rubén Darío escribió un poema que la mitad de los españoles de mi generación aprendió cuando no levantaba un metro del suelo.
Decía: “La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa…”

Si el relamido poeta hubiese nacido en esta época la princesa le contestaría:

La princesa no está triste. Más bien lo que le pasa es que se ha dado cuenta de que no cree en príncipes. Así que se ha hecho veterinaria para, en vez de besar ranas, diseccionarlas y aprender una profesión útil con la que salir adelante.

La princesa no está triste. Está pensando que es medianoche y aún sigue repasando la lista de cosas por hacer, revisando la agenda del día siguiente, haciendo kábalas con el tiempo para leer el libro que tiene pendiente, limpiar la casa, comprar definitivamente café, seguir con aquél curso de formación, llamar a la familia, acudir a la reunión, terminar el trabajo pendiente, llegar a tiempo a la comida de compromiso, acordarse de aquella fecha tan importante, de buscar un regalo con sorpresa. Está pensando en cómo sobrevivir cada día… y suspira soñando con una hamaca en Isla Hermosa. Está estresada… No tiene tiempo de estar triste.

La princesa no está triste. Está jodida porque no quiere que la tomen por tonta. El día en que conquistará el trono para ser reina no existe. Y lo sabe. Lo acepta con realismo. Y eso, a veces, hace estragos en su semblante.

La princesa no está triste. Está ideando la forma de explicar definitivamente que su boca no es de fresa. Sino de Loreal, porque yo lo valgo.

La princesa no está triste. Está pensando de dónde recortar gastos para llegar a fin de mes. Mira al vacío pensando en estrategias eficientes para llevar la difícil tarea a buen puerto con disciplina empresarial.

La princesa no está triste. Está hasta los mismísimos ovarios de no poder dormir porque su pequeño tiene el sueño, digamos, complicado.

La princesa no está triste. Está a dieta porque le pesa el cuerpo, porque no quiere morirse de un infarto a los 45 y quiere cuidarse. Si suspira, lo hace por un plato de patatas fritas y un bollo.

La princesa no está triste. Está intentado concentrarse en estudiar unas oposiciones mientras sus dos niños le llenan la cabeza de reclamos de cariño. Tan constantes como absorbentes.

La princesa no está triste. Está dubitativa. Se pregunta cada día si se equivocó al cambiar de trabajo. Pero sigue adelante con profesionalidad.

La princesa no está triste. Se está planteando un gran dilema: quiere tener hijos y no sabe cómo organizarse para no fracasar en su carrera.

La princesa no está triste. Alucina porque no tiene instinto maternal y la miran como un bicho raro.

La princesa no está triste. Está evadida soñando con un amor. Porque le gusta. Porque es suyo y se lo da a quien le da la gana, pero no se lo da a cualquiera. Y suspira porque, en el fondo, le gusta que le llamen princesa.

Y no está triste. Está llorando a moco tendido porque le resulta terapéutico lo entienda o no su príncipe.

Yo conozco a muchas princesas de hoy

De reflejarlas a todas aquí, el post sería interminable. Ya casi lo es.

P.D.: Para más contestaciones al poeta... anoten ahí abajo.

domingo, 18 de mayo de 2008

Los objetivos, el objetivo



Suena el teléfono y comienza el calvario.

El jefe: -¿Mendoza?
Yo: -Sí, respondo con frialdad.
El jefe: -Te toca esta tarde hacerlo.
Yo: -Vale, respondo sin más matices.

Cuando cuelgo me desahogo desplegando todo un diccionario de tacos que escandaliza hasta a mis plantas. Pero me pongo inmediatamente a la tarea.

No me importa hacerlo. De hecho, me gustaría ser un ‘crack’ en la materia. Pero yo soy una persona de orden y, en este caso, el orden es: observo, me enseñan, aprendo, practico y, cuando me siento preparada, aplico. Pero he tenido que pasar de la más absoluta ignorancia a la aplicación práctica en esta materia. Y, claro está, cuando uno no cuenta con el talento natural, se nota.

En esta tesitura de ejecutar sin remedio, me siento en el ordenador para escribir cuatro párrafos con sentido mientras se descongela un plato de potaje en el microondas. Esto no me cuesta. Podría escribir cuatro folios en media hora. Normal: darle a la tecla ha sido mi profesión durante los últimos diez años.

Imprimo el resultado. El pitido de la impresora se mezcla con el del horno acelerado (el microondas). No hay tiempo: las cucharadas se mezclan con la lectura ‘entonada’ y en voz alta del folio.

Dejo el ‘manjar’. Subo las escaleras de camino al baño repitiendo en voz alta (ya de memoria) los párrafos con alguna que otra ojeada furtiva al folio. Mientras plancho la camisa, paro algún momento para mirarme al gran espejo del dormitorio y practicar. Después de varios intentos llego a una única conclusión: ¿Cómo se habla sin gesticular? ¿De qué manera freno la cantidad de mohines que me salen?

Segura del fracaso y tras restaurarme el semblante e intentar domar la cabellera (a la izquierda… no; a la derecha… no; para atrás… menos… uf) emprendo el viaje al destino irremediable.

Llega el chico que tiene que inmortalizar mi hazaña. Se coloca, me coloco, me coloca y empezamos.

Primer intento: - Coño (me disculpo por el taco) Se me ha olvidado qué venía ahora.
Segundo intento: -Ay, no era proyecto, era edificio… Lo siento. ¿Se nota que tiemblo? ¿No? Imposible.
Tercer intento: -Ejem... Me he despistado por ese tío que ha pasado y me ha mirado.
Cuarto intento: -¿Esta vale no? ¿No? ¿Por qué no? Vale, repetimos.
Quinto intento: -Jodeeeeeerrrrrrrr!! Cuanto más me equivoco más nerviosa me pongo.
Sexto intento: -No te rías… Si tú te ríes yo no tiro. ¿Que me abroche la rebeca? Vale. ¿Qué salgo muy bien? Anda ya…
Séptimo intento: -Uf! Esta del tirón. Qué bien. ¿Que lo repita?? Bueno… ¿Gesticulo mucho? ¿No?
Y octava: Ya está. Ya no estoy ni nerviosa, a la próxima te juro que sale del tirón…

Y salió.

Esta es una breve semblanza de mi principal limitación: ponerme delante de una cámara. Me observo a mí misma y no me entiendo. Supongo que el paciente cámara, tampoco.

En los telediarios de TeleIdeal, los redactores del periódico hacemos un comentario (memorizado y sin desviar los ojos del objetivo) del tema del día. Dicen que los periodistas de hoy tienen que ser todoterreno. Yo quiero serlo. Pero mi miedo escénico me está jodiendo la estrategia.

No está bien publicar a los cuatro vientos los defectos propios. Es más, la 'blogocosa' suele servir para mostrar una imagen de lo que siempre quisimos ser. Cuasi perfectos, vaya. Pero hasta que no se reconoce un problema no se soluciona. Y mi objetivo inmediato es darle una solución. Pero ya. Así que quien tenga trucos para eliminar el miedo escénico que me domina en estos casos, que los suelte aquí.

Como me llamo Mendoza que antes de que llegue el verano hago la pieza a la primera. Y bien.

P.D.: Como no lo logre amenazo con agotar las reservas de Ibuprofeno de la ciudad. ¡¡¡Qué dolor de cabeza!!!

jueves, 15 de mayo de 2008

Un pasito 'palante'



Tiendo a clasificar a la gente por parámetros realmente extraños. Uno de ellos es que las personas se dividen en dos tipos: aquellos que se pierden diciendo que van a hacer cosas y los que realmente se deciden a hacerlas y ponen los medios para ello.


Yo suelo pecar de lo primero. Mi capacidad de fabulación es más ágil que la de acción. Pero inento corregirme. Un blog sobre tribunales, escrito por una periodista de tribunales, para relatar la Justicia más allá de las noticias que salen en los periódicos sobre sus fallos y sus aciertos a través de sentencias, era una de mis asignaturas pendientes históricas. Llevaba tiempo barruntando la idea. Y ya ha trascendio el plano astral para llegar al real. O en este caso, virtual.


CON LA VENIA ya es mi otro blog. Vinculado al periódico en el que trabajo y relacionado con mi profesión. Muy diferente a Vista Cansada, que es más un intento que demostrarme a mí misma que puedo pensar en otras cosas más allá del periodismo. Eso sí, intentaré ponerle el mismo empeño.


Con la venia de sus señorías, inicio nuevo proyecto en internet.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Veo veo...

Mis amigos andan atareados con unas jornadas sobre blogs y medios. Ya está todo listo. Mañana jueves comienzan. Debatirán sobre cómo es la blogosfera española, oirán a personajes que son toda una referencia en el mundillo, sus claves para el éxito, sus recomendaciones, nuevos instrumentos, etc. Y en relación a los medios de comunicación. No hay medio digital que se precie sin blogs hoy día.

Y pensado en eso, me dio por pensar. Pero en otra cosa. Desde mi ignorancia, pienso en la ‘blogocosa’ y veo otras cosas.


Yo no veo líderes ni normas ni pautas. Ni las quiero. Yo veo a miles de personas que utilizan la red para expresar, para sorprender, para quejarse y contar, lamentarse y hacer reír. Pero nunca en soledad. Gente que necesita comunicar y sabe cómo hacerlo. También veo que casi todo el mundo tiene una opinión de casi todo y, por supuesto, no le gusta callársela. Prefiere compartir. Veo gente que hace descubrimientos y quiere que un otro desconocido disfrute de él, sin importarle quién es ni cuál es su película preferida ni qué aspecto tiene. Puro altruismo.

Veo gente con capacidad para agitar la conciencia y hacerte reflexionar sobre circunstancias nuevas, a veces banales y otras trascendentales… Siempre según quien las lea. Veo ríos de conocimiento en multitud de materias, veo información y veo entretenimiento… Veo gente que tiene cosas que contar y las expone para sus amigos, pero también para quien quiera serlo. Veo estupideces, llantos, euforias, poesía mediocre y obras de arte, talento para expresar, torpes intentos para describir y mentes que demuestran ser más brillantes que útiles. Veo creatividad y plagio. Grandezas y miserias. Rutinas y excentricidades. Veo a gente, a mucha gente… Bueno, corrijo: veo personas, muchas personas. Algo realmente fascinante.

Todo ello se resume en una única visión: una rebelión de un ejército de mentes creadoras que no necesitan el beneplácito de una editorial/medio/empresa para exponerse con exhibicionismo delicioso y descarado. Sin profesionalizar…

Cuando pienso en la blogosfera, como le llaman los que entienden, imagino un universo transparente, algo así como una ameba gigante repleta de mentes pensantes en continua ebullición. Un ente sin vértices que crece y sobrevive porque nadie le pone una etiqueta que la constriña. Veo libertad para la creación con el impulso imprescindible de la comunicación y la grandeza de compartir.

Siempre digo que internet es un invento del diablo. Pero la 'blogcosa' debe ser el contraataque divino.

domingo, 4 de mayo de 2008

Entrenamiento cero

Acudió al establecimiento, abierto siempre a deshora, a buscar una de sus drogas.
Después de muchas visitas, el que suele dispensárselas 'dixit' contra todo pronóstico:

-¿Por qué no nos vemos fuera de aquí algún día y quedamos una noche para bailar?
-¿Bailar?, respondió ella con el gesto torcido y estupefacto.
-Bueno, o cenar..., interrogaron él y su ceja.


Quedó paralizada con la mano extendida esperando a que le diera el cambio. El cerebro comenzó a centifrugar a toda velocidad buscando en algún recoveco la respuesta negativa adecuada al ofrecimiento sin resultar demasiado cáustica. Sólo aparecía un NO a secas, que es más que cáustico. Pero se quedó muda. Su cara debió ser un poema indescifrable que sólo logró arrancar una respuesta cargada de desaliento por parte del 'donjuan'.
-Vale, otro día me contestás...

Hacía tanto tiempo que no oía algo así, una invitación tan natural, directa y cercana a los años de adolescencia que no supe reaccionar.

Después del episodio volví a casa partida de risa. Pero no por el 'valiente' (nunca me atrevería a despreciar con la risa tal gesto), sino por mi reacción y la conclusión obtenida:

"Voy a tener que elaborar una 'chuleta' de contestaciones a situaciones difíciles para utilizarla y así no poner en evidencia mi nulo entrenamiento para ciertos partidos".

¿Alguien me ayuda?

jueves, 1 de mayo de 2008

Descubrimientos al compás


Ella me hace recordar que en mi cuerpo existen músculos que antes ni sospechaba. Que los pies tienen una punta y un tacón que pueden crear sonidos rítmicos deliciosos. Que las manos hablan más de lo que parece y que los brazos pueden elevarse más allá de lo cotidiano. Sus espejos delatores también me sacan las dimensiones exactas de mi cuerpo. (uf) Cada mañana de martes y jueves vuelvo a ser consciente de lo torpe que es mi lado izquierdo y, gracias a ella, redescubro el significado de la palabra coordinación. Pero porque no doy ni una… De la media no paso.

Ella es mi profesora de flamenco. Chua Alba. Hoy, después de un mes -con alguna falta que otra- de clase, me he percatado de una circunstancia trascendental cuando regresaba sudada a casa: he encontrado en esa academia de baile lo que buscaba para que mi cerebro segregase esa encima de la felicidad que brota con el ejercicio corporal. Después de frustrados intentos de gimnasio, natación, pilates, etc… me quedo con Chua.

Y no porque nos menee a todas con taconeos, frases de fandango, ejercicios de brazos y manos, con su creatividad, su genio (‘pronto’, como dice ella) y cómo no, su simpatía… No sólo por eso. Sino porque, después de muchos años de oír cantar a mi madre y sus casettes, empiezo a escuchar el flamenco de otra manera. Ella dice es un sentimiento y una forma de entender la vida. Yo lo siento. Pero aún no he encontrado la forma de canalizarlo. Pero, como ella dice con una paciencia admirable con sus ‘patos’ (o sea, nosotras), todo se andará… O se taconeará…

Ella ya es oficialmente “mi descubrimiento del año”. Y como la mayoría de mis descubrimientos, vienen cargados de señales. A mí me gusta ver las cosas en clave de azar.

A saber: el folleto donde anunciaba sus academia de baile lo encontré en el mostrador de esa farmacia en la que buscaba algo que me sacara de la pseudodepresión (la medicina no me valió, el folleto sí), cuando me decidí a llamar me confirmó con un sms la fecha en la que empezábamos (sin complejos tecnológicos para comunicarse, perfecto!); la primera canción que nos puso para ver cómo nos movíamos es una de mis preferidas de Miguel Poveda; durante un rato de cháchara (conversación en malagueño) descubrí que vive en mi barrio y que antes tenía la academia en ‘El hotelito’, un lugar que estaba justo al lado del edificio donde yo vivía antes, en la avenida Cervantes. Cuántas veces habré pasado por delante de ese edificio que tanto me llamaba la atención sin saber por qué y sin saber qué guardaba dentro. La tenía tan cerca… Y después de tres años viviendo en el que ahora sí que sí es mi barrio, me topo con ella para descubrir sus clases de baile.

Tiene un proyecto precioso, moderno pero con raíces, que se llama ‘Flamenco y más’. En su espacio de myspace se puede ver. Su web está en construcción, pero aquí la dejo para cuando funcione. A ver cuándo hago el primer post del espectáculo del grupo. Qué más que desearle suerte y fortuna a quien alegra mis mañanas con palma y compás.

Parole, parole, parole

  • El autobús que a veces tomo para viajar a Alicante desde Granada, con una población inmigrante del 90%, atestado y con un olor a demonio frito es: “el bus-patera”.

  • Mis sujetadores han sido bautizados por su dueña (salvo excepciones) como “el acorazado Potemkin”.

  • El ‘colgao’ que me pide un euro por ‘ayudarme’ a aparcar y por la falsa promesa de cuidar del coche en algún sitio fuera de mi barrio se llama: “el yonkiparking”.

  • Mi casa, según mi estado de ánimo, nunca se llama 'mi casa', sino ‘el minizulo’ o la ‘mansión’.

  • El deprimente polígono industrial en el que está enclavado el periódico, donde nos pasamos media vida, está registrado con todo el sarcasmo posible (sobre todo en los días de sol) como ‘Asegra Beach’.

  • La cocacola y el ibuprofeno son oficialmente: “las drogas”.

  • La tarjeta de crédito es “la tonta”.

  • Cuando siento que me quedo pseudodormida en el sofá aviso: “Voy a meditar”.

  • A la peluquería va la gente, yo voy “a la sesión intensiva de doma” (‘cabellar’, claro está).

  • Y las mujeres se maquillan, pero yo me someto a unos “minutos de restauración”.

Mi obsesión por personalizar mi mundo con mis propias palabras y nombres absurdos crece cada día. La cosa está llegando a tales extremos que me doy cuenta de que debería adjuntarme un diccionario para orientar a los advenedizos en la materia Mendoza. Repasando la lista, en la que faltan otros muchos calificativos inconfesables, me percato de por qué muchas veces me siento incomprendida. Y esto último, y sin que sirva de precedente, lo digo en el más estricto y literal sentido de la palabra.