miércoles, 16 de enero de 2008

La realidad y la persectiva



El domingo una pareja, que probablemente vivía un amor verdadero y hacía planes de futuro, (con 22 y 28 años es normal), murió en un accidente de tráfico. Ellos no tuvieron la culpa. No cometieron infracción alguna, pero eso dio igual. Un loco conducía en sentido contrario a 120 km/h y se lo toparon de frente. Y con él, la muerte inevitable. Adiós a todo.


El lunes un inmigrante argentino, con dos hijos, con trabajo de sol a sol durante años a la espalda murió de la forma más absurda. El dispositivo que sujetaba un depósito de agua se soltó justo cuando él pasaba por debajo. Murió aplastado. Se acabaron las aspiraciones de tener una vida mejor lejos de los tuyos.


El mismo día un hombre que vivía solo, pero solo con todo lo que esa palabra conlleva, murió porque no tenía nadie alrededor que lo ayudase rápido al sufrir un infarto. Lo encontraron tirado en el suelo rodeado de ratas y basura que acumulaba hacía siglos.


No tendría que enterarme de estas cosas si no fuera porque mi trabajo me obliga a conocerlas para luego contarlas al resto. Y después de mucho tiempo haciéndolo me he quejado mil veces de que suponen un bombardeo constante a mi depauperado optimismo por la vida. A veces es inevitable borrar del semblante tantas desgracias consumidas en sesión intensiva de mañana y tarde. Y creo que se me va notando.


¿Con qué me he encontrado en estos días para recordarme que mi profesión me ayuda a ver la vida tal y como es, pero para bien? Con un encargo del jefe: conocer la marginalidad más absoluta de la provincia en la que vivo para que la cuente en un reportaje.


¿Resultado? Después de ver 'otras' vidas, hoy no necesité lentillas de color de rosa para ver la mía de otro modo. Porque en realidad lo es.


Alguien a quien tengo siempre en mis pensamientos me aconsejó un día: “piensa que hay mucha gente que está peor”.


Yo creía que era una postura algo egoísta. Pero hoy veo que es saber dar gracias. La queja es el traje de los mediocres. Y, hoy, con la perspectiva mundial (muchíiiiiiisimo más allá de esta miniciudad), dejo la queja en la barrera y salgo a torear.

Mañana será otro día.

10 comentarios:

MV dijo...

Ole!
Así quiero verte 363 días al año, con el traje de luces! (dos de cuartelillo, eh?)
MV*

Anónimo dijo...

Intenso post al que me gustaría sumarme... Ahora estoy entre los mediocres, Rocío.
Bomarzo.

Francisco dijo...

Curiosa coincidencia:
http://elsexodelasmoscas.blogspot.com/2008/01/impericia.html

la ruiz dijo...

pues sí, hay veces que tenemos que mirar la vida de otros para descubrir que la nuestra está bien, muy bien, incluso demasiado bien. hay dos frases que no debemos olvidar: que hay otros peor que nosotros y que 'esto también pasará'.

Antonio dijo...

Uno se acostumbra pronto al entorno.

El problema de estas cosas es que la noticia es lo que se sale de la norma. Cuando leí la noticia de la pareja muerta pensé que ojalá el imbecil (que salió ileso) no pueda dormir nunca mas tranquilo. Pero es lo distinto, porque un poco mas arriba, en la calle paralela y saliendo de la ciudad habia otra pareja de veintitantos conduciendo y disfrutando de lo que es suyo sin tener que arrepentirse de nada.

Digo que uno se acostumbra pronto a su entorno porque no hay que irse al extraradio a ver la miseria para saber que eres afortunado. El momento de la caida del sueño al despertar en el que respirar el primer gas de la mañana es bastante para darse cuenta. No hay que estar a punto de morirse para darse cuenta que el aire que te da en la cara es un conjunto de pequeñas y maravillosas coincidencias que están ahí y que, somos tan pequeños con respecto a todo lo que nos rodea, que, por honradez, nosotros que podemos, qué menos que valorarlas.

Nuestros padres no tuvieron tiempo de preguntarse por sus vidas porque no navegaban por internet, se recorrian media ciudad con un saco a las espaldas o se jugaban los dedos en una maquina de cortarlo todo. Nosotros tenemos el deber de no caer en la estúpida tentación de darle al destino mas importancia de la que tiene, que el dia a dia es esensialmente nuestro.

Muere gente sin ningún sentido todos los días, pero no hay que ser muy listo para saber que nacen muchos también a los que debemos enseñarles de qué va esto. Cada puerta, tiene dos salidas. La que no es noticia es por la que casi todos entramos.

Al final siempre queda el viento en la cara..

Rocío Mendoza dijo...

Bomarzo, en esa frase faltaba un matiz. Me refiero a los que nunca se quitan el traje de la queja continua por todo, los que se instalan en ella como forma de vida. Tú no eres de eso, lo sé. Así que, ponte el traje de luces pronto, como dice la Cobo, que tenemos mucho que torear. Un beso.

Rocío Mendoza dijo...

Ofú Paco! Sí que es coincidencia. El tuyo es más corto y más bueno. Jejeje! Ya sabes lo que dicen, bueno y breve, dos veces bueno. ¿era así? :-/

Rocío Mendoza dijo...

Y para mi niño... Me dejas sin palabras. Qué gran razón! Pero, como siempre, te pongo un pero: preguntarse por la vida de uno no es malo. Siempre que no se pierda la perspectiva. Por cierto, ¿quién te ha enseñado a pensar así?
Un beso hermano.

Mariquilla Sinembargo dijo...

Aprovecho para felicitarte por el tratamiento informativo de la muerte entre la soledad y la mugre de ese pobre treintañero. Medido, ponderado, agitador de conciencias y, como siempre en tu caso periodísticamente impecable.

Excuso decirte que me ha encantado el pot.

Muases.

Rocío Mendoza dijo...

Ofú mariquilla... ¡Me abrumas! Mil gracias. Besos.