sábado, 5 de enero de 2008

El remedio del 'batablanca'

Pensaba que me estaba muriendo. Tres días después de intentar ignorar los síntomas, sucumbí y bajé a mi droguería. O sea, a la farmacia.

-Hola, ¿qué desea? "Empezamos bien", pienso inevitablemente. –Hola. No puedo contestarle a eso, pero puedo relatarle los síntomas para ver qué remedio me puede dar.

El ‘batablanca’ me miró por encimas de sus gafitas y escuchó atento.

El gesto me hizo tragar saliva y rezar para que nadie entrase en el establecimiento más pulcro que conozco.

Dudé por un instante, pero me arranqué. Dicen que es mejor no callarse todo. Así que hice caso al saber popular por una vez.

-Mire… Me cuesta tragar, no me refiero a la comida (que también empiezo a dejar) sino incluso a la saliva, siento dolor en el pecho cuando respiro, ya sea hondo o rápido; me despierto en las noches con taquicardia; no puedo levantarme de la cama por las mañanas y me acuesto deseando un sueño plácido de años; subo las escaleras de casa a gatas porque mis rodillas se quejan; me tiemblan las manos hasta para pagar el pan; a veces siento un dolor punzante en el centro del estómago; tan pronto me río con la escena más absurda como me pongo a llorar por un gesto de cariño; se me nubla la vista cuando busco algo en el ordenador (sobre todo cuando me paso horas y no lo encuentro); tengo ataques de rabia cuando mis vecinos me dedican una sonrisa y de violencia cuando los hippies de la plaza me piden algo. Quiero salir corriendo, pero no puedo. No he felicitado el Año Nuevo a nadie y en Navidad huí del calor de hogar para perderme definitivamente en una ciudad conocida. Me asfixio en el trabajo (y no por el volumen de la calefacción) y me duelen las articulaciones al escribir en el teclado (aporrear más bien). Y lo peor (bajo la voz): últimamente aliño mis cocacolas de vez en cuando con algo que no es precisamente agua para desliarme el nudo del estómago. ¿Tiene algo eficaz contra esto? A ver si se me pasa…

Gracias a Dios no entró nadie para oír la retahíla. Pero el farmacéutico, contra todo pronóstico, sonrió, se colocó bien sus gafitas y entró al almacén. Salió triunfante con una cajita en la mano que sostenía en alto, a modo de símbolo victorioso.

–Tenga. Esto es lo único que creo que puede funcionar en su caso, dijo educadamente. Y no me pague, es un regalo de Reyes.

Me extrañó tanto que lo cogí rápido, cerré el puño, salí a la calle con una sonrisa ilusa para respirar aire fresco camino de ninguna parte y poder saciar mi curiosidad a solas.

Miré la cajita con avidez, esperanzada de haber encontrado el remedio perfecto. Ni siquiera tuve que abrirla para saber que no lo tengo. Las letras del color que más odio parpadeaban como un neón ante mis ojos ya cansados. Versaban: “Lentes de contacto de color rosa”.

6 comentarios:

fmop dijo...

Hay que ver el mundo con la mirada imperfecta del corazón, ningún otro vidrio nos la hará ver de mejor color.

Saludos

Isabel dijo...

Muchas veces he pensado como explicaré a Darío y Julia, este mundo en el que vivimos, con todas sus contradicciones, si ni siquiera yo misma lo entiendo y sabiendo que no podré curar su angustia, pero el otro día de casualidad leí un poema de J.A. Goytisolo, -Palabras para Julia- que me sonaba porque alguien la ha hecho canción, léelo cuando puedas… tal vez sea un pequeño consuelo.
Un besote
(Si no te lo lees aquí cuando vengas)

Rocío Mendoza dijo...

Estas son las palabras para Julia. Gracias Isabel. Siempre lejos y siempre tan cerca.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno,
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

(José Agustín Goytisolo)

Paco dijo...

Bienvenida, después de tu ausencia... Aunque ya tengas tu regalo... ¡Felices Reyes!

Ana dijo...

Desde que tu hermano me dió la dirección llevo leyendo tus palabras. Siempre me resisto a escribir porque yo odio que lo hagan en mi blog(recelos)aunque he de decir que a veces me hubiera gustado mandarte abrazos. Hoy es un buen día (Feliz Día de Reyes!)y este post tan tuyo me ha dado la gana. Te doy un truquito que me ha ayudado en muchas ocasiones: "NUNCA TE DESPISTES", yo me lo recuerdo cada día.

Besitos para todos los Mendoza, bocaitos a los niños y abrazos mil para Juanjo y para tí.

PD.: Esta la primera vez que escribo en un blog de estos...Verás que la lío...!!!!!

Ana

Rocío Mendoza dijo...

Yo siempre he dicho que mi hermano es un artista. Lo lleva demostrando desde que es un niño. Ahora que es un hombre, me reafirmo más que nunca. ¡Qué gran obra el haberte descubierto, niña!
Un abrazo