domingo, 13 de enero de 2008

Bájense del árbol, por favor

En materia de política social dirigida a las mujeres, yo me pierdo. Lo reconozco. Cuando veo anunciar ciertas medidas de discriminación positiva me rebelo con un sinsentido que sé que no es políticamente correcto, pero que no puedo evitar. Vomito un pensamiento que a muchas mujeres le revolverían el estómago. Pero así es.

Me resisto a aceptar de buen grado beneficios sociales por el simple hecho de tener un buen par de tetas y dos ovarios en activo. En este siglo, me resisto a pensar que lo que me diferencia de mis compañeros de trabajo sea algo más que eso. Ignoro qué es el sentido femenino de la vida y la sensibilidad especial de ‘la mujer’ para ciertas áreas de la experiencia laboral. Más bien, creo que esta creencia existe porque sí hay hombres que nos ven diferentes para emprender la supervivencia, con todo lo que eso significa.

El problema aparece cuando esa diferencia se traduce en una visión de superioridad con respecto al sexo femenino. Es decir, seres marcianos (incomprensibles y todo un misterio, por supuesto), que necesitan de una ayuda especial para salir adelante en esta sociedad. Lo malo es que muchos de los que piensan así son los que, aún en este siglo, toman el 90% de las decisiones. Y no me refiero sólo a la política.

El señor Rajoy es uno de ellos. Ese castigado líder de la oposición prodiga en sus mítines repletos de señora ‘aplaudientes’ cargadas de brillantes, zapatos de marca y, cómo no, mechas rubias (vaya topicazo me acabo de marcar) que va a rebajar en 1.000 euros los impuestos si gana las elecciones. Es una de sus grandes promesas electorales. Eso sí, sólo a las mujeres.

¿Pero por qué? Su explicación (agárrense que vienen curvas): “como medida para acabar con la diferencia entre la tasa de empleo femenino y el masculino”. ¡Toma ya! Yo con mi par de tetas y ovarios, no alcanzo a entender la teoría. ¿Será culpa de mi cerebro? El líder viene a decir que si Hacienda me cobra menos cada año, tendré más facilidades para encontrar un trabajo. No entiendo nada. Supongo que querrá ayudar… ¿? Y yo me pregunto: ¿Por qué recurrió ante los tribunales la Ley para la Igualdad del PSOE? Sigo sin entender nada.

Yo creo que para acabar con la diferencia en la tasa de empleo masculino/femenino hay que cambiar otras cosas. A saber: la mentalidad. A saber: que dejes de ser considerada un ser inútil en un trabajo cuando empieza a crecerte la barriga porque esperas un bebé (se olvidan que no es cosa exclusiva de una mujer), que dejen de disculparse en una reunión con mayoría masculina cuando se suelta un taco o se habla de sexo, que dejen de anular tus posibilidades de asumir nuevas responsabilidades y subir en el escalafón de una empresa sólo por el simple hecho de que ‘algún día tendrá que reproducir y dejará de ser el trabajo su prioridad’, que dejen de mirarte si vienes guapa a trabajar antes de preguntarte si ofreces un producto de calidad para la empresa, que dejen de preocuparse de tu vida personal mientras no muestren la misma preocupación por tus compañeros de pelo en pecho, que dejen de destacar de una buena que vez que ‘eres la única mujer aquí’, que dejen de darse palmaditas en la espalda cuando se descubren dándote una supuesta oportunidad, etc., etc., etc., etc.

En fin, señor Rajoy, políticos de todos los colores y hombres del mundo con mentalidad retrógrada. Bájense del árbol, que hace trillones de siglos que el ser humano (los que tenían ovarios y los que tenían próstata) dejó los árboles para poner los pies en el suelo. Ejerzan el sentido común, porque decidan lo que decidan, nosotras, las mujeres, haremos lo que nos venga en gana. Les guste o no, les valga para ponerse una medalla o no.

Si quieren ejercer la ‘discriminación positiva’, conmigo no cuenten. Mientras esa palabra exista, yo me niego. Discriminen a sus madres, mujeres, hermanas, hijas, etc. Experimenten con ellas, pero dejen de joder.

1 comentario:

Teresa dijo...

Oolé Rocío.
Completamente de acuerdo; parece mentira que a veces ni siquiera las mujeres sepamos lo que queremos conseguir... ni de que forma.
Un beso