jueves, 24 de enero de 2008

Bambino y los vicios



Bambino, un gitano bisexual de los años 70 que llenaba tablaos repletos de señoritos andaluces, olor a tabaco, vino y laca con su rumba merdellona y sin complejos, es el único que sabe menearme las caderas. Lo confieso. Su interpretación de la rumba más bajuna es capaz de poner de buen humor -pero de ese humor de las buenas juergas sin fin- a un muerto.

Se me encaja la sonrisa en la cara cada vez que escucho sus grabaciones antiguas –con ese inconfundible deje enlatado-, con esas guitarras flamencas nerviosas e hiperactivas, con eses palmeo acompañante que suenan como si aporrearan a una lata, con esa voz que más que cantar grita recitando, como si le fuera todo el sentimiento de lo que cuenta en los minutos que actúa... Pero, sobre todo, lo que me desata la carcajadas son los coros de los gitanos que lo acompañan. ¿No se lo pierdan! Esos jaleadores donde el ‘ole’ es ‘ele’ que se resisten a quedarse en un segundo plano de la interpretación –como debería ser- para asaltar con sus ‘arsas’ ‘ijiiis’ ‘engaaaa’, ‘ámoooos’ y un largo etcétera.

Y esas letras… No conozco ni una sola que no hable de amores desgarrados, imposibles, prohibidos, de odio profundo, de muerte, con despecho, con pasión, con alegría, con rencor, con tragedia, con ironía, con ganas, con deseseperación… Todos esos sentimientos que los mortales intentamos olvidar para hacer la existencia más llevadera. Muchos de ellos los conocemos y otros tantos desearíamos haberlos sentido alguna vez. Los mejores ejemplos están en: Compasión (imprescindible), Odiame, Culpable, Payaso (más imprescindible) y No me des guerra.

La primera vez que lo escuché sentí literlamente cómo la sangre me corrió por las venas ocultando mi vergüenza ante mi interlocutor por la bajuna calidad musical. Pero es que no lo puedo evitar. Y cada vez que lo vuelvo a escuchar (además de martirizar a los vecinos) termino como si hubiese estado dos horas en el gimnasio.

Yo, con mi aspecto de irlandesa sosa, siento los adentros gitanos. No hay otra música que me haga sentir más que el flamenco del bueno (otro día hablaré de esta otra pasión, porque Bambino no se enmarca en esta categoría) y eso se lo debo a mis padres, que me enseñaron a entenderlo.

Tiene explicación la cosa. Mi madre es la mejor cantaora que conozco, he chupado de su teta mientras las reuniones familiares terminaban en un improvisado tablao donde ella cantaba y los demás tocaban palmas y bailaban. Hemos llorado con su ‘mediagranaina’ y nos hemos sentido orgullosos cada vez que, de regreso del colegio, oíamos voz limpia y dramática inundando todo el edificio, para el deleite vecinal. Era la mejor bienvenida a casa a la hora del almuerzo.

Aquí dejo una perlita. El clásico de todos los clásicos de Bambino. Cada vez que la escucho me acuerdo de que a La Ruiz le encanta, es su preferida diría yo, y me dan unas ganas irremediables de marcarme una rumba con ella. Así que: ¡Enga Ruiz, ámonos!




Y aquí dejo un vídeo que no sé ni cómo he encontrado (esto sí que es una rareza) donde se puede visualizar al personaje en toda su dimensión y, además, con mi cación preferida.





Quien no tenga vicios (in) confesables que tire la primera piedra.

12 comentarios:

María Ruiz dijo...

oooooooohhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!
Me he escapado de un aburridíiiiiisimo pleno porque quería leer la dedicatoria anunciada. Un cigarro, un link en la cancioncita y un baile a solas y con la voz baja me ayudarán a volver al aburrimiento profundo. Mil gracias.
Yo no tiraré nunca la primera piedra, ya lo sabes. Tengo algún que otro vicio, casi todos, de momento, inconfesables. Sigo en la guerra, sin tregua, sin tiros, y con una caña al día. bsos mil

Dawson dijo...

Ahi está la pared y la Mendo. Me mata Payaso. La sangre y las piernas, Bambino me lo alteró tó el primer día que lo escuché en mi vida. Bienvenidos al confesionario de la Ro.

Anónimo dijo...

Me ha gustado eso de pinta de irlandesa sosa... Nos debemos una rumbita de Bambino o el Peret. Confesemos, confesemos.

Anónimo dijo...

Que soy Bomarzo

Anónimo dijo...

Jaja, marcaros la rumba, que yo os doy palmas! Muy efectivo Bambino, pero mejor pasión que compasión, no? Vaya dos! Esa mendo faraona, y la ruiz rumbera! Besasos
(Ya me contareis lo de la tregua... y pensaré en mis vicios, pa confesarlos...)
MV*

Rocío Mendoza dijo...

Uy! Cuántas confesiones... Yo creo que con los que somos nos montamos un tablao de postín! Pero la MV tiene que bailar con el salero que le caracteriza... A ver si de verdad nos marcamos un rumbeo y se suman más ''viciosos''... Jajaj! Y sobre la pasión y la compasión, efectivamente, es mejor lo primero. Pero a veces no te dejan más opción que optar por lo segundo. Mientras tanto, rumba pa olvdá: ¡¡¡Enga, ámonos!!!

Anónimo dijo...

oye,oye!!! que me apunto al tablao, siempre y cuando no me saqueis a bailar...yo con mi copita, desde la barra, os vere derrochar ese arte andaluz con mucho gusto!!un beso para todos. mendo soy fans!jijji

la pavli

María Ruiz dijo...

Después de esto, cuando nos cansemos de la profesión, nos montamos un tablao flamenco y a vivir!!! Estoy convencida de que nos iría de lujo, con lo que nos gusta a todos la fiestecilla y los bares. MV, en un bar te explicamos lo de la tregua, y la guerra, y los tiros... bsos. Y mil gracias, mendo, por to

La responsable de este desastre o sea yo dijo...

¡¡¡Hombre Pavli!!!! Qué alegría verte por aquí!!!!!!!!! Y de quedarte en la barra con la copita: nanai! Ya lo dijo el Chirino: Además de 'brinsiskaya' siempre serás nuestra "salerosita de Belgrado". Me parto!!!
Un beso rubia!

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

"Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda"

Rocío Mendoza dijo...

Pero qué bien resumido Paco... Pero qué bien. Aunque yo en lo ilega, por ahora, no he caído. (mucho... jajaja)

chafandika dijo...

El bambino es la hostia, a mi también me impactó mucho cuando lo escuché la primera vez. Entonces entendí al falete y toda esa tropa...