sábado, 24 de noviembre de 2007

La pérdida

Tengo edad para haber lidiado con el sentimiento de pérdida en múltiples batallas. Y en todos estos años, él siempre me ha ganado la partida. Me asalta de forma irracional en las noches de insomnio, me ataca con golpes de realidad y a veces me presiona tanto que me paraliza y me impide ser valiente. Aún busco cuál es su táctica para intentar ganarle.

Esta semana me dio una puñalada trapera por la espalda. Aún me duele. El lunes de la semana pasada, el indeseable se metió en mi cabeza –y en mi corazón, por qué no- de la forma más inesperada. Por sorpresa, sin dar la cara. ¡Qué traidor!

Llegó en forma de llamada. Era la Jefatura de la Policía para informarme de algo que nunca hubiese querido escuchar. Mi amigo, mi fuente, mi lector, mi maestro en el difícil arte de la información de sucesos, mi compañero de gintonic, mi incansable interlocutor al teléfono, mi policía, mi Manolo se me ha muerto. Como diría Miguel Hernández, se me ha muerto como el rayo.

Él, Manolo Sanabria para todos, estaba en Madrid en un curso. Lo encontraron con el corazón literalmente roto en la habitación de su hotel. Yo estaba fuera de la ciudad y ni siquiera pude ir a su funeral. Aunque yo soy de las que llevan el luto por dentro, estar lejos le dio ventaja al maldito sentimiento de pérdida en este partido.

La última vez que hablé con él fue por teléfono. Él me dijo que tenía que contarme algo en lo que estaba trabajando y yo le prometí una visita a la oficina para tomar un café. Lo aplacé demasiados días. Y ahora ya no puedo hacer nada. Me arrepiento del reproche que le tengo por dentro y que nunca fui capaz de exponerle lo suficientemente claro.

Hasta con su muerte, mi Manolo –solía llamarlo así- me ha enseñado. Esta vez su lección no trata de utilizar los términos correctos en un texto. Le encantaba corregirme. Ahora me habla de otras cosas y así yo lo he entendido. No aplaces las cosas importantes, Rocío. No dejes de decir las cosas que necesites decir, Rocío. Intenta vivir, con todo lo que eso significa, antes de que sea tarde, Rocío.

Necesitaba escribirlo aquí. Ni sé por qué ni voy a pensarlo tanto. Y no me cuesta. Para el periódico, sin embargo, tuve que escribirle un obituario que reproduce mi compañero Paco en su web.

Nunca pensé que me costaría tanto armar esas pocas palabras que me golpeaban la vista con su realidad más dura y más injusta. De repente me encontré absurda: tan acostumbrada a relatar la muerte y tan frágil cuando me mira de frente.

5 comentarios:

la ruiz dijo...

seguro que si Manolo leyera lo que escribes, te haría alguna puntualización justo antes de felicitarte. Creo que nadie podría escribit con tanto corazón algo como esto. Pero ya sabes lo que dicen, 'esto también pasará'. Vuelve pronto, se te echa de menos

Paco dijo...

Descanse en paz...

Teresa Sanabria dijo...

Rocio...
A mi también me han hablado mucho de tí. Siempre se escuchaba en casa: rocío esto.. rocío lo otro..
Supongo que no hace falta que te diga que él también te quería mucho.
Me ha alegrado mucho leer tus palabras, tanto las que has escrito en mi Flog como las que dejas aquí.
Muchas, muchas gracias.
Un beso muy fuerte.

(cierto que me gusta el periodismo, bastante. Pero al final me metí en empresariales y desde hace poco tengo clara una opción que había estado barajando: Haré las oposiciones para inspectora :-) )

Rocío Mendoza dijo...

Mucha suerte y mucha fuerza, Teresa.

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

"Como el que pierde en el metro su paraguas y ya siempre se moja con la lluvia. Es difícil reponerse de las pérdidas".