viernes, 5 de octubre de 2007

Punset me pone

Lo reconozco. Eduardo Punset me pone el cerebro a cien.
Mi cómplice ha cometido la imprudencia de regalarme el último libro del divulgador científico más freak de la tele. Oír su acento catalán empalagoso en su programa no me place. Pero leerlo...

‘Viaje al amor’ es su último ensayo. No se equivoquen, no tiene nada que ver con teorías romántico-literarias sobre el estado en el que caen los enamorados. Más bien de las claves científicas que explican los mecanismos biológicos que nos impulsan a caer en este estado. Una de las tesis: “El amor está en el cerebro”. Ya decía yo…

Aquí dejo algunas ‘perlas’ que he recopilado del libro:

  • El impulso de fusión obedecía a razones de pura supervivencia encaminadas a romper la soledad que impedía reparar y proteger el propio organismo. Desde sus comienzos, este impulso sienta las bases del ejercicio de poder que avasalla y destruye. Eso era el amor hace dos millones de años. Y, mucho me temo, sigue siendo lo mismo a comienzos del siglo XXI.


  • Nadie puede enamorarse de un clon de sí mismo. Uno quiere fusionarse con la otra mitad a la que se echa de menos, justamente porque siendo distinta es imprescindible.


  • Si pudiéramos tirar una bola del tamaño de la Tierra contra el firmamento, las posibilidades de que choque con algún otro cuerpo son prácticamente nulas, aunque el cielo parezca repleto de estrellas. La distancia entre los humanos, a juzgar por el peso de la soledad, también es engañosa.


  • El amor entre dos personas tiene igual rango e importancia para la salud y la supervivencia de la especie que otros impulsos como el sexo o la alimentación.


  • Las personas enamoradas arrojan índices de cortisol más elevados, reflejando así el estrés que producen los estímulos asociados a los inicios de una relación sentimental. Hace falta un nivel moderado de estrés para iniciar una relación.


  • La felicidad está en la sala de espera de la felicidad.


  • El enamoramiento será tan sorprendente como una transición de fase del estado líquido de la materia al gaseoso, pero sigue siendo un acontecimiento dominado por las leyes más elementales de la fisiología.


  • Imaginar es ver. En realidad, nunca fue fácil disfrutar de ambas cosas: de lo virtual y lo real. La gente se siente sola pero teme la intimidad. Esta paradoja está en pleno epicentro del sufrimiento humano. Tanto el amor, como el ordenador o el robot hoy en día ofrecen una solución aparente a esta paradoja, porque con el ser amado, el ordenador o el robot puedes estar solo, pero no sentirte solo.

  • Es imposible sobrestimar el alcance de la emoción negativa del desprecio. La antítesis del amor no es el odio, sino el desprecio.

  • A quienes viven en el mundo de las ideas les está vedado el de las pasiones. Los que podrían elaborar teorías sobre el amor sólo saben de soledades, desamores y ficciones. Los que viven no saben y los que saben no viven.

  • Hasta hace bien poco, la terapia del desamor pasaba por el olvido forzoso. Primero, cobrar conciencia de que todo termina (...). La finitud es un atributo básico de la belleza porque únicamente a su vera fermenta la intensidad necesaria para que estalle el placer. La puesta de sol en el Machu-Picchu, antes de que la selva gimiente engulla aquella bola de fuego, pasaría desapercibida si no fuera todo cuestión de minutos. La permanecia banaliza el mundo.

Y muchísimas más. Lo mejor, por sorprendente y delirante, la fórmula del amor (arriba en la ilustración) que recoge al final del libro.


Amor= (a (apego seguro) + i (inversión parental) + x (capacidad de resistencia metabólica y sexualidad)) k (el entorno)



Tras ella, realiza una prueba al lector para calcular su capacidad de amar. Me sometí. Aunque me recordó a los test de las pseudorevistas femeninas que encuentro en la peluquería, me resultó irresistible. Pero el resultado me frustró. La culpa es de mi cerebro, lo sé...

9 comentarios:

Flanagan auténtico dijo...

Vámonos viaje, chata.

Rocío Mendoza dijo...

¿Flanagan auténtico? Jejejeje

J.J. Pérez dijo...

Pues yo estoy enganchadísimo a Punset. Me encanta Redes, creo que después de la TeleTienda es lo mejor que hay en la tele.

Rocío Mendoza dijo...

Las pocas veces que he visto el programa, me ha gustado mucho. Pero, ya sabes... No tengo paciencia pa la tele.

Javier Callejón dijo...

Solo conocía a Eduardo Punset como presentador de Redes, pero nunca había leído nada de él, incluso que escriba ha sido una novedad para mi –creo pecar de ignorancia-. En fin, que realmente no pensaba que se pudiera realizar un estudio tan racional de algo tan sentimental, intentare echarle un vistazo para responderme ciertas cuestiones.

Gracias por la recomendación. Javier.

Rocío Mendoza dijo...

Hola Javier. Tiene otro libro, anterior a este, que se llama Viaje a la Felicidad y también trata desde una perspectiva científica aspectos que el común de los mortales atribuimos a fenómenos inexplicables.

fmop dijo...

Rocío no nos has dicho tu puntuación. Probé y me dio 96. Aunque he de decir que esto de los test hay que tomarlo como un juego. Este me pareció muy rudimentario porque es muy fácil descubrir su clave.

Rocío Mendoza dijo...

Yo me lo tomé como un juego, sí... Pero me pillé un cabreo... Mira, voy a hacer público este dato vergonzoso que me dio: menos de 50. O sea, dificultad para el compromiso, visión negativa de la vida y demasiado independiente... Joé con Punset!

Anónimo dijo...

Me enganché a Punset porque un amigo me mandó el libro, subrayado y todo, pa ver si aprendía un poquito de las claves para triunfar en el amor. no recuerdo las palabras exactas, pero Punset explicaba en el libro que el origen de la vida está en el amor. la primera célula de vida miró al universo, se sintió sola sin poder amar a nadie, y se reprodujo para tener una vida de 'pareja'. Fijate. A mi me sale un 62, gran vida social y amorosa. Puff
María