martes, 30 de octubre de 2007

La cita

Marcos me llamó hace unos días. No lo esperaba. Tardé tiempo en reconocer quién era ese que me llamaba por mi nombre al otro lado del inalámbrico.

Nunca había escuchado su voz. La imaginaba más masculina, menos tierna. Más propia del mundo del que procede. Sabía que tenía mi teléfono. Me lo pidió hace ya… demasiado tiempo. Pero no entraba en mis planes que diese el paso que yo no me había atrevido a dar nunca.

Había recibido varias cartas suyas. En mi buzón, siempre pulcras, bien escritas y educadas hasta el extremo me recordaban que existía y se ponía a mi absoluta disposición con el estilo que le caracteriza. En una ocasión, en una incursión más de la relación epistolar, incluso llegó a dejarme su teléfono móvil “personal” (decía) para invitarme de la forma más directa a conocerlo. Su disposición me resultó extraña. Eso de estar disponible a cualquier hora del día, en cuanto yo lo necesitase, tal y como me decía, me espantó.

Pero llegó el día. Marcos sabía más de mí de lo que yo creía. Y realmente existía, más allá del correo. Me propuso una cita en el primer minuto. Intentó seducirme con una propuesta que me engatusó pero cuyos detalles no quiso darme si no era en persona. Acepté la cita a ciegas. Tengo la dirección anotada en un papelito que me mira todos los días como frunciendo el ceño.

El lunes he decidido conocer a Marcos. Él no lo espera. Pero como me dijo que fuese cuando quisiese a la dirección que me dio, prefiero que nuestro encuentro sea una sorpresa. Seleccionaré la ropa más adecuada, sacaré la sonrisa del armario y ensayaré en el espejo el gesto que sé que le debo poner para que nuestra cita no sea un fracaso.

Marcos es el “asistente personal” que el banco me ha puesto para resolver todas mis dudas y cuitas. Después de haberlo ignorado durante mucho tiempo, llamó una tarde ¿preocupado? Por mi situación hipotecaria. Resulta que las personas que firmaron su condena, perdón quería decir contrato, hace entre dos y tres años son las que se encuentran en peor situación por la escalada imparable del euríbor.

Hablando en plata, cuando este año me vuelvan a revisar la cuota, pasaré a pagar casi 300 euros más que cuando empecé hace sólo dos años y medio. Un robo, vamos. Cuando eso ocurra, miraré mi piso de 50 metros cuadrados y me arrepentiré de haber encadenado mis pasos de esta forma. Pero se me pasará… Como todo y como siempre.

Dice Marcos que vamos a buscar una solución ajustada. Yo, por si acaso, en el equipo imprescindible de esta cita a ciegas añadiré la calculadora. Seguro que me vuelvo a dejar engañar.


P.D.: No pude evitar escribir... Me arrepentiré... Pero sólo fue ratico...

lunes, 29 de octubre de 2007

Aclarando la ausencia

¿Qué pasa cuando vas a mil, en un coche y te despistas un instante? Que te das un hostión. Además del orgullo, duelen otras cosas... Una leve mejoría, después de demasiados días de drogas insanas y collarín de calor en casa, me permite colgar esta cutreautofoto (en ByN, como mi ánimo) para no olvidar qué puede pasar cuando no se está en lo que se está. El médico que me retiene en casa castigada me dijo que el ordenador está contraindicado si quiero mejorar. Después de varios minutos en el escritorio, me doy cuenta de que no exagera.
Saludos.


P.D.: ¡¡¡Lo que hace el aburrimiento!!!

miércoles, 17 de octubre de 2007

Mejor reírse...

La tecnología punta, a veces también resulta ser tecnología puta. Esta noticia de la agencia Efe no tiene desperdicio. Es lo que yo digo... si es que al final es mejor reírse porque nunca se sabe qué sorpresita trae la vida.
Eso sí, tras leer esta genialidad, me reafirmo en mi idea: creo que el diablo se ríe de más de uno con estos inventillos que ha puesto al alcance de los débiles mortales.



UN MATRIMONIO SE DIVORCIA TRAS VOLVERSE
A ENAMORAR EN UN CHAT





La pareja estaba en crisis y ambos encontraron un nuevo amor
en Internet pero en realidad eran ellos mismos

Belgrado (EFE).- Un hombre y una mujer que entablaron contacto por Internet y se enamoraron tras intercambiar unos pocos mensajes electrónicos, eran en la vida real pareja, pero sus problemas matrimoniales les hizo buscar un alivio virtual, precisamente lo que les llevó al divorcio.

Según informa hoy martes el semanario serbio "Zabavnik", los dos no podían imaginarse la vida sin el apoyo que se daban el uno al otro "chateando" sobre los problemas que sufrían. Él empezó a llamarla "Azúcar" y ella a su pareja virtual "Príncipe de la satisfacción".
Cuando la relación se volvió lo suficientemente seria, decidieron encontrarse, pero la reunión disipó la ilusión, ya que resultaron ser la mujer y el marido que a diario tenían graves disputas y en la práctica de ninguna manera se denominaban con nombres cariñosos. Inmediatamente decidieron divorciarse alegando el engaño matrimonial como motivo.
El semanario asegura que se trata de una pareja de la ciudad central bosnia de Zenica e indica que se debería plantear ante los psicólogos por qué una pareja se lleva excelentemente por Internet y mal "sin el ordenador".
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El gran Jorge Drexler dedica una canción a este asunto en su último disco. Parece que está de moda el tema. Aquí la dejo para el que quiera escucharla...

lunes, 15 de octubre de 2007

El cambio ideológico

Hoy es el día del Medio Ambiente en la comunidad blogger. Para los pesimistas que auguran el fin del mundo por nuestro afán destructivo, va este post.

Lo más importante del cambio climático es que cambió nuestra forma de ver el mundo. Ahora se habla del problema. Antes no. Ahora una comunidad blog se moviliza. Antes no. Ahora se promocionan coches más ecológicos. Antes no.

Es una impresión inocente. Quizá sí. Pero hoy, sin que sirva de prendecente, estoy llena de energía. El cansancio me abandonó. Hoy quiero ver en tecnicolor. Los malos augurios atraen malos resultados.

domingo, 14 de octubre de 2007

El País cambia

El diario El País emprende un cambio. Y no se refiere al cambio en el tamaño o el color de las fotos. Dice su director, Javier Moreno, que se trata de ejercer Periodismo, como lo hemos entendido siempre. Y hasta declara su intención de (volver a) ser beligerantes. Así lo dice en un artículo a propósito de la nueva campaña de renovación del diario. ¿Crisis? ¿Quién dijo que la prensa escrita está en crisis?

domingo, 7 de octubre de 2007

Silencio, por favor

En el verano del año 2005 mi cómplice se ocupó de sorprenderme. Y lo hizo. Destino anual: la isla de San Miguel. El único archipiélago de la Tierra con un anticiclón propio, aislado allá en el Atlántico, nos sorprendió a ambos. Azores. Aquella isla lejana encabeza nuestra lista de grandes descubrimientos.

San Miguel tiene una capital con varias decenas de edificios de baja altura, un par de hoteles fuera de lugar, tres calles y un ingente malecón. Todo lo que merece verse en la isla está más allá de este proyecto de ciudad. Sus dos autovías la cruzan de norte a sur y de este a oeste para llevarte a estos lugares.

Hay muchos. Praderas propias de Escocia, playas casi caribeñas, terruños volcánicos y agrestes, trozos de selva con cascadas que forman piscinas naturales, lagos y, sobre todo, hortensias que crecen de forma salvaje en cualquier esquina. No recuerdo nada que no me gustase. Pero existe un retal de aquel espacio que guardo en la neurona de un modo especial…

Uno de los días, Miguelito (así bautizamos al minúsculo coche que alquilamos) avanzaba por una estrecha carretera que nos dirigía a Furnas. Un pueblo con cráteres humeantes en los que los lugareños cocinan un cocido delicioso.

Antes de llegar, divisamos a la izquierda un enorme lago, solitario y manso, presidido por dos edificaciones. Una vivienda abandonada de color rosado y una capilla de estilo Neogótico que bien podría albergar la tumba del conde Drácula.

Ambas miran a la quietud del lago, que sólo alteraba algún pez nervioso. Pasamos un buen rato intentando descifrar aquello, mientras disfrutábamos del enclave surrealista antes de dirigirnos hacia el festín volcánico.

La guía nos sacó de la ignorancia y confirmó una vez más que, en Azores, todo tiene su historia. Este espacio que parecía congelado en el tiempo también la tenía. El edificio siniestro rodeado deuna vegetación incontrolada en la más absoluta de la soledad es la capilla de Nossa Senhora das Victórias. Fue erigida con motivo de un voto religioso realizado por José do Canto (1820-1898) como consecuencia de una enfermedad de su esposa.

Su fe no los salvó. Hoy, el edificio sirve de panteón para los cuerpos de la pareja. Ambos reposan mirando a la belleza del lago quieto para la eternidad.

De los viajes siempre me traigo lo mismo. Escenarios que rescato en la memoria para visualizarlos y regresar a ellos cuando quiera. Siempre que necesito silencio, exterior e interior, recuerdo aquél lugar.

viernes, 5 de octubre de 2007

Punset me pone

Lo reconozco. Eduardo Punset me pone el cerebro a cien.
Mi cómplice ha cometido la imprudencia de regalarme el último libro del divulgador científico más freak de la tele. Oír su acento catalán empalagoso en su programa no me place. Pero leerlo...

‘Viaje al amor’ es su último ensayo. No se equivoquen, no tiene nada que ver con teorías romántico-literarias sobre el estado en el que caen los enamorados. Más bien de las claves científicas que explican los mecanismos biológicos que nos impulsan a caer en este estado. Una de las tesis: “El amor está en el cerebro”. Ya decía yo…

Aquí dejo algunas ‘perlas’ que he recopilado del libro:

  • El impulso de fusión obedecía a razones de pura supervivencia encaminadas a romper la soledad que impedía reparar y proteger el propio organismo. Desde sus comienzos, este impulso sienta las bases del ejercicio de poder que avasalla y destruye. Eso era el amor hace dos millones de años. Y, mucho me temo, sigue siendo lo mismo a comienzos del siglo XXI.


  • Nadie puede enamorarse de un clon de sí mismo. Uno quiere fusionarse con la otra mitad a la que se echa de menos, justamente porque siendo distinta es imprescindible.


  • Si pudiéramos tirar una bola del tamaño de la Tierra contra el firmamento, las posibilidades de que choque con algún otro cuerpo son prácticamente nulas, aunque el cielo parezca repleto de estrellas. La distancia entre los humanos, a juzgar por el peso de la soledad, también es engañosa.


  • El amor entre dos personas tiene igual rango e importancia para la salud y la supervivencia de la especie que otros impulsos como el sexo o la alimentación.


  • Las personas enamoradas arrojan índices de cortisol más elevados, reflejando así el estrés que producen los estímulos asociados a los inicios de una relación sentimental. Hace falta un nivel moderado de estrés para iniciar una relación.


  • La felicidad está en la sala de espera de la felicidad.


  • El enamoramiento será tan sorprendente como una transición de fase del estado líquido de la materia al gaseoso, pero sigue siendo un acontecimiento dominado por las leyes más elementales de la fisiología.


  • Imaginar es ver. En realidad, nunca fue fácil disfrutar de ambas cosas: de lo virtual y lo real. La gente se siente sola pero teme la intimidad. Esta paradoja está en pleno epicentro del sufrimiento humano. Tanto el amor, como el ordenador o el robot hoy en día ofrecen una solución aparente a esta paradoja, porque con el ser amado, el ordenador o el robot puedes estar solo, pero no sentirte solo.

  • Es imposible sobrestimar el alcance de la emoción negativa del desprecio. La antítesis del amor no es el odio, sino el desprecio.

  • A quienes viven en el mundo de las ideas les está vedado el de las pasiones. Los que podrían elaborar teorías sobre el amor sólo saben de soledades, desamores y ficciones. Los que viven no saben y los que saben no viven.

  • Hasta hace bien poco, la terapia del desamor pasaba por el olvido forzoso. Primero, cobrar conciencia de que todo termina (...). La finitud es un atributo básico de la belleza porque únicamente a su vera fermenta la intensidad necesaria para que estalle el placer. La puesta de sol en el Machu-Picchu, antes de que la selva gimiente engulla aquella bola de fuego, pasaría desapercibida si no fuera todo cuestión de minutos. La permanecia banaliza el mundo.

Y muchísimas más. Lo mejor, por sorprendente y delirante, la fórmula del amor (arriba en la ilustración) que recoge al final del libro.


Amor= (a (apego seguro) + i (inversión parental) + x (capacidad de resistencia metabólica y sexualidad)) k (el entorno)



Tras ella, realiza una prueba al lector para calcular su capacidad de amar. Me sometí. Aunque me recordó a los test de las pseudorevistas femeninas que encuentro en la peluquería, me resultó irresistible. Pero el resultado me frustró. La culpa es de mi cerebro, lo sé...

jueves, 4 de octubre de 2007

De Haro Rossi y sus datitos

Luis De Haro Rossi, el jefe superior del Cuerpo de la Policía Nacional para Andalucía Oriental, dio ayer en Granada, una vez más, una muestra de su magistral manejo de las estadísticas. De las estadísticas y de su facilidad para ofrecer al público, sin posibilidad de réplica, sólo aquél aspecto que le interesa.

Leo el resultado en los diarios de mi ciudad. Mis colegas se sometieron ayer a la dictadura de cubrir el discurso del GRAN JEFE SUPREMO en el Día del Patrón. Y tuvieron que aguantarse con lo que quiso decir. Porque, por supuesto, ni se le ocurra a un periodista replicar y hacer una pregunta en tamaño acontecimiento social. El protocolo no contempla estas interferencias. Por eso, precisamente, sólo habla de 'sus estadísticas’ en actos como el de ayer.

Lo que desconozco es si alguno pudo dirigirse a la jefa de prensa para ahondar en los datos… Seguro que no. Además, la experiencia nos dice a todos (que ya estamos muy quemados) que hubiese dicho con su linda sonrisa: “No se va a dar más información de la que ha transmitido el Jefe”. Me apuesto lo que quieran.

Entre las lindezas del discurso de Rossi:

1.- "El número de detenidos ha aumentado un 12%. Esto tiene una lectura única para él: la Policía Nacional es más eficaz". Vale. ¿Incluyen en esta cifra todos los detenidos que aporta la Policía Local, obligada a entregarlos en Comisaría al no tener competencias para instruir diligencias pero sí para intervenir si se encuentran un caso en la calle? Seguro que sí.

2.- "Estamos por debajo de la media europea en niveles de criminalidad". ¿Y por qué habla de la media Europea? ¿Acaso si desciende a los infiernos españoles o andaluces no salimos tan bien parados? Seguro que no.

3.- "Hemos logrado bajar la delincuencia. En 2006 registramos 104 delitos menos". UAUUUUU!!!! Siempre hay que celebrar estos descensos. Ahora bien, yo quiero saber qué delitos son estos y cuántos hay en total para saber si el descenso es significativo o no. Si son 100 menos de 7.000 en total, es poco. Si son 100 menos de 200 en total, es mucho. Además de los homicidios, que el año pasado brillaron (casi) por su ausencia en la capital, ¿cuáles son los otros? ¿Son relevantes o es que en esa estadística se cuenta como delito casos tan irrelevantes como el robo de una gallina a un vecino o la amenaza grave entre dos personas enfrentadas? En este caso no puedo decir “seguro que sí”. El problema es que ni siquieran dan la opción de saber cuáles son. El público no tiene derecho a saber. Y a los periodistas se nos veta. No vayamos a escribir algo cierto, pero que a él no le convenga...

Yo, por suerte o por desgracia, conozco bien a la Policía de esta ciudad y, cómo no, a su GRAN JEFE SUPREMO. Y desde que él está en el cargo he sacado muchas conclusiones. Una de ellas: LOS PERIODISTAS DE GRANADA NO PUEDEN HACER SU TRABAJO CON ESTE JEFE SUPREMO AL FRENTE. ¿Por qué?

Porque cuando ‘queremos saber’ cuáles son esos delitos que han descendido, cuando queremos saber cuántos coches y viviendas se roban en un año en Granada, cuando queremos saber cuántas veces un turista ha ido a denunciar robo a la comisaría… sencillamente, aunque con otras palabras, se nos contesta: “Pues no quiera saber usted tanto”. Las otras palabras son: “No podemos dar datos. Son órdenes de Madrid”. Hasta los sindicatos tienen vetado el acceso a esta información, no vaya a ser que se vayan de la lengua...

Pues si no pueden dar datos por órdenes de Madrid (qué gran gobierno éste el socialista), métanselos en el bolsillo y no saquen a relucir los que buenamente les conviene en un acto en el que nadie podrá cuestionárselos.

En mi lenguaje, esto solo se llama de una forma. Y no la voy a poner aquí, porque conociéndolo, es capaz de denunciarme por llamarlo... no sé… se me ocurre… ¿Anticonstitucional? Aunque yo jamás diría eso de él. La culpa en realidad es de... ¿cómo era...? ¿Madrid? Más bien me quedaría en llamarlo... Arrogante.

Ya tuve mi oportunidad de informar en un artículo de la negativa de la Cúpula Policial a aportar estadísticas. Y la verdad: no sirve de nada. Sólo logré una leve reprimenda por haber hablado de algo que, según ellos, no era necesario airear. Pero me quedé tan ancha. Si no lo hago, reviento.

Saludos Rossi.

P.D.: Es una pena que la actitud de este POLÍTICO DE UNIFORME ensombrezca a los grandes hombres y mujeres que tiene la Policía en Granada.

*La ilustración es de Eric Droker

miércoles, 3 de octubre de 2007

Para reír y llorar

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La belleza y la dictadura

Mi colega Javier Barrera me ha dedicado un vídeo en el último post de su blog. Desconozco por qué. No sé si se debe a que la niña que introduce el vídeo bien podría ser la hija que no tengo o si ha recordado alguna de mis tesis sobre la dictadura de las tallas, las modas y la belleza. Siendo fiel a mis desvaríos, prefiero pensar que se debe a que me ha leído la mente.

No he hablado con él, pero el tema del que habla el vídeo (si no lo ven, no entenderán este post) lleva rondándome una semana. En los últimos días, el virus que protagoniza la entrada anterior, no me ha permitido más que consultar (poco) el correo, mirar (poco) los blogs de mis amigos, leer (menos aún) libros pendientes y ver (demasiada) televisión. Yo no veo la tele habitualmente más allá de informativos o algún programa concreto. No por esnobismo, sino porque me aburre.

Pero esta semana he tenido la oportunidad (más bien la desgracia) de ahogarme el mundo de la caja tonta. Realmente, ha dejado mi cabeza más embotada de lo que ya la tengo.

No recuerdo nada concreto. Quizá por el exceso de imágenes consumidas bajo los efectos de las drogas. Pero después de decenas de anuncios, programas, consejos en boca de sonrientes y acartonados americanos, vídeos musicales y demás basura tengo rondando allá por el hipotálamo una idea que, después de un día de absentismo televisivo, he podido identificar con estupor. Es: “¿Soy un monstruo deforme?”.

Es la sensación que te queda tras una retahíla indecente de ideas tales como: Come cereales ‘espechalká’ (y nada más, supongo) para poder meterte en los vaqueros de tu hija, ingiere los yogures con no sé qué ‘bífidus’ para que tu barriga sea tan plana como la insulsa que te los vende, tu pelo debe ser radiante y sedoso y por supuesto de algún color artificial, tus ojeras ya no te hacen interesante, ni se te ocurra olvidarte de blanquear tus dientes y mucho menos de pasarte por el cirujano para que te retoque y la gente te sonría por la calle y te valoren por tus nuevas tetas en tu trabajo porque, ahora sí que sí, te sentirás más segura de ti misma. Y todos estos malditos anuncios, y un sinfín más, siempre están presididos por cuerpos tan perfectos que gritan: “SI NO COMPRAS EL PRODUCTO, NUNCA SERÁS COMO YO”.

En algunos de ellos, esqueletos envueltos por algo de carne se permiten el lujo de subirse a una báscula y fruncir el entrecejo porque le sobra algún kilo mientras intentan mostrar un 'michelín' inexistente. No me extraña que haya tiendas en las que las dependientas se sientan autorizadas para mirarte de arriba abajo y decirte sin pudor y con desprecio: “Para ti aquí no hay nada”. Luego esta sociedad hipócrita se escandaliza porque una marca de ropa muestre a una modelo anoréxica en su campaña publicitaria.

Todos somos víctimas de un bombardeo mediático que acaba haciéndonos pensar que no somos como deberíamos. Es una forma más de dictadura.

No pensaba contarlo aquí, pero en realidad es algo público. Al menos, lo es para quienes me conocen. Hace unos años, perdí 30 kilos (29 para ser exactos) a base de comida sana (hipocalórica, más bien), privaciones de todo tipo durante casi dos años y voluntad. Mis rodillas no aguantaban mi peligroso camino hacia la obesidad. No me sentía bien. Y decidí poner remedio.

Cuando ya llegué a un estado en el que mis pérdidas habían sobrepasado lo estipulado por el médico, me di cuenta de una de las cosas que sí que me entristecen y me cansan: nunca en mi vida había recibido tantas felicitaciones ni tantas muestras de aprobación ni tantas sonrisas ni tantos halagos por algo que yo hubiese hecho. Y lejos de ser una persona extraordinaria, sé que en mi vida he tenido logros más importantes que aquél.

Ahora que he regresado a la ‘pseudonormalidad’ en mis formas (hay placeres a los que nunca debí haber renunciado) debería comprobar empíricamente si una de las pocas conclusiones que saqué de aquél periodo es cierta. Era: “Si me hubiesen premiado algún trabajo no me hubiesen felicitado tanto”.

P.D.: El post vuelve a ser demasiado largo, como siempre. Excúsenme, llevaba demasiado tiempo sin escribir. Seguro que si lo han leído quedaron tan agotados como yo. Regreso a mi retiro. Pero volveré. La ilustración es una obra de Rosetti. Y ésta va por el Pérez.