jueves, 6 de septiembre de 2007

El cerebro es un (recontra) cabrón

Vida número 1.- Sentada, en el suelo del largo pasillo de una casa. Hablo sobre algo con alguien importante. La conversación se acalora, las contradicciones aparecen, tengo ganas de golpear a mi interlocutor y finalmente lo hago. Cuando la discusión alcanza un volumen de gritos y violencia insoportables, alguien comienza a tocar el timbre de una puerta que yo no veo. Lo hace insistentemente. Una y otra vez. El sonido del timbre es tan alto que casi supera mis gritos de desesperación… Me reprochan algo que no hice y eso no me gusta. Yo sigo gritando. Y el timbre sonando...

Y el tiembre sonando. Hasta que me percato de él porque me ensordece y paro en mi absurda lucha… Pero no me levanto a abrir la puerta.

Vida número 2.- En el periódico. Sentada frente al ordenador en una mesa desordenada. Con miles de papeles que me agobian. Es un día extraño, cargado de electricidad, húmedo, triste, gris… Todo es pesado. Tengo que escribir una historia y soy incapaz de avanzar. Mi cabeza está dispersa, tecleo, tecleo y no avanzo… La gente empieza a marcharse. Las luces se apagan. Me quedo sola. Mi jefe se pone a mi lado para observar lo que hago. Y me exige que termine. El tiempo avanza y yo me siento a dos revoluciones por minuto… La hora de cierre llega y yo no terminé mi historia. Me siento culpable. Entonces el teléfono de la mesa de trabajo comienza a sonar, pero yo sigo escribiendo y borrando lo que escribo… Y el teléfono sonando...

Y el teléfono sonando. Hasta que me percato de él porque me ensordece y paro en mi absurda lucha… Pero no lo descuelgo para contestar.

Vida número 3.- Es una ciudad demasiado oscura para que yo pueda caminar tranquila por ella. Ha llovido y meto el pie en un charco al bajar de un autobús que me dio miedo. No pude pagar el billete y el conductor quería llamar a la Policía. Escapo a tiempo. Camino por la calle asustada. Hasta que algo comienza a deshacerse en mi boca… Mi dentadura se ha desintegrado y noto los trozos de dientes en mi lengua… Lloro con desesperación y emprendo una carrera más ágil que la de un atleta… Busco un dentista. Encuentro una casa que me resulta familiar y comienzo a tocar en el portero electrónico… Y toco el timbre. Y nadie contesta. Lo pulso con necesidad y ahínco. Una y otra vez. Y el timbre sonando...

Y el tiembre sonando. Hasta que me percato de él porque me ensordece y paro en mi absurda lucha… Porque sé que nadie me abrirá la puerta.

Vida número 4.- Subo al ascensor. Voy al último piso del rascacielos. Pero los números no están en orden. No sé qué botón pulsar. Voy probando. Uno, otro, con incertidumbre… Entonces el ascensor no va ni para arriba ni para abajo. Se mueve hacia un lado. Siento el terror de estar encerrada y sola en un espacio que se ha vuelto loco y no me obedece. Entonces, el ascensor empieza a elevarse, pero demasiado rápido… A una velocidad de vértigo, pasa todos los números posibles de la lista de pisos… Y empiezo a tocar la alarma para que alguien me salve de salir volando por el tejado del edificio. Y pulso la alarma una y otra vez.

Y la pulso. Hasta que me percato de ella porque me ensordece y desisto. Porque sé que es inevitable que salga volando.

…Y así hasta miles de vidas. Mi despertador ha vivido más vidas en mis sueños que las que tuvo Buda. Siempre que me percato de que el timbre me ensordece, me despierto. Entonces sonrío con los ojos aún pegados de sueño de ver que, en realidad, los timbres, el teléfono y la alarma eran la infernal llamada del pobre despertador que intenta hacer su trabajo lo mejor posible y sacarme de la cama a tiempo.


No deja de sorprenderme la capacidad que tiene el (recontra) cabrón de mi cerebro para integrar en mis sueños los estímulos externos.

¿Existe algún método para evitar eso? Así no hay quien madrugue…


5 comentarios:

Phranet dijo...

No eres la única, creo que esto nos ocurre a todos pero nadie lo podría explicar con tanta gracia como lo has hecho. Prueba con un "radiodespertador" y asegúrate de sintonizar una buena emisora, no vayamos a levantarnos de mala hostia. A mí no me falla. Saludos.

Rocío Mendoza dijo...

Uff! Ya intenté lo de la radio... Ni te imaginas lo que ha sido capaz de hacer mi cerebro con Francino!!! ;-)

Dawson dijo...

Cambia de despertador, porque de cerebro aún no se puede y que el que tienes ahora tiene la mala costumbre de meterse en tus sueño. A eso se le llama husmear en la mente del vecino. Prueba con el móvil, con tonos distintos. Yo lo hago y, a veces, funciona. Cuando te acostumbras a uno y el sonido se mete en tus sueños, vuelve a cambiar

Rocío Mendoza dijo...

Qué grata sorpresa Dawson... ¿cómo tú por aquí? Qué alegría! Pues sí, voy a comenzar a cambiar los tonos del móvil, seguro que mi cerebro crea historias mucho más divertidas.
Un abrazo colega!

Javier F. Barrera dijo...

Yo estoy acatarrado estos días y me tomo los frenadoles que me bajan la tensión y me dejan hipersobado. Hoy, domingo, me he despertado sobre las once de la mañana porque una ola tsunami.style iba arrasar el pueblico donde vivía junto a mi familia... y yo no encontraba sitio para aparcar mi coche. manda güevos!