martes, 28 de agosto de 2007

YouTube y l'enfant terrible

Darío tiene un vocabulario particular. Más o menos, quienes lo queremos nos afanamos en traducirlo. A veces, nuestra interpretación de sus palabras desata su carcajada siempre reconfortante y más picarona, mientras pone expresión de: “Estos no se enteran de nada…”

Lela y Lelo, sabemos que son abuela y abuelo. ‘Yatá’ (esa sí que se la sabe bien) significa más o menos que ‘ya está bien’ y la suele utilizar cuando: 1.- se cansa de jugar y vernos hacer el ganso; 2.- se cansa de comer; 3.- se cansa de que le limpiemos la cara.

Una de las muchas cosas que me desconciertan de un personaje que no levanta medio metro del suelo y aún no ha cumplido dos años, es cuando interrumpes la trayectoria de su minimano empujando uno de sus coches, camiones, grúas, etc. Si se topa con tu pierna, por ejemplo, en el sofá, grita: “¡ATASCO!”. Ante tal muestra de creatividad para pedir que te quites de sus dominios, no puedes más que reír.

Pero en mi última visita al hogar materno descubrí, con estupor, que hay una que ha aprendido recientemente y que me hicieron alucinar más aún si cabe. ‘Tube’ para Darío es YouTube. Su gran y reciente descubrimiento.

Cuando abrió el cajón del armario del salón de casa, señaló el portátil 'invitándome' a abrirlo mientras gritaba ‘LELENDI’… no pude más que poner cara de interrogación mientras mi hermana y cuñado se partían de risa.

Lelendi es la traducción de Melendy, ese cantante español con pinta de ‘tirao’ que, dicho sea de paso, detesto. Y es que resulta que a Darío no sólo le gusta la música (oírla, tararearla y bailarla), sino que además le gusta en You Tube.

Mientras buscamos en la página sus vídeos favoritos intenta meter mano al teclado. No hay botón que se le resista. Todo lo metálico con luces causa en él una atracción irremediable. Pero cuando comienza el vídeo se queda hipnotizado. Se apoya en la silla donde ponemos el portátil a su altura, tararea las canciones (la última sílaba de cada frase nunca se le olvida) y menea su culito aún atenazado por los pañales. Hasta que termina y exige la repetición inmediata.

De repente, cuando lo veo así recuerdo cómo hace 20 años, de pequeña, yo utilizaba las cintas de casette (casi siempre grabadas de otros amigos) para oír mi música favorita hasta destrozarlas. Y cómo la primera vez que nos regalaron a mis hermanos y a mí un cd y un armatoste gigantesco para escucharlo nos pareció el avance del siglo.

Cuando veo a Darío así, no sólo oyendo música, sino eligiendo la que quiere ver y oír en un solo clic y gratis no puedo dejar de parecer el abuelo cebolletas y pensar: “¿Cómo consumirán música los sobrinos de Darío?”

Mientras me perdía en esta idea, 'l'enfant terrible' volvió a gritar: '¡Lelendi Utbol!' O algo así… Parece ser que también le gusta el ‘fútbol’.

Eso sí. A Shakira, ‘la nena’ como la llama, prefiere verla en la gran tele panorámica del salón. Tonto no nos ha salido el chaval.

Aclaración: Darío nunca me cansa la vista. De hecho me cansa no poder compartir más con él sus descubrimientos... Y no me llama 'tita', me llama Rocío, por mi nombre. No quiero pensar qué significará esa diferenciación del resto de palabros que utiliza para la familia...

6 comentarios:

Isabel dijo...

snif, snif! a su papá y a mi se nos ha caido la lagrimilla...

Isabel dijo...

Ah por cierto, también le gusta Chambao y Fito, y el otro día descubrió a los Rolling Stones y dijo "papá me tusta (gusta)". Vale, vale, dejo ya de hacer más comentarios sobre mi chiquitillo

Rocío Mendoza dijo...

Menos mal que el gusto musical se educa... Vamos mejorando!!! jejeje

Juanjo dijo...

A mí no me preocupa que Darío sepa más informática que yo. Al fin y al cabo es cuestión de tiempo. Lo que me preocupa es que ya conozca más música.
Un beso para toda la familia desde Alicante.

Isabel dijo...

Un besote Juanjo, ya tenemos ganas de verte, además Darío te tiene localizado, sabe que vives en "Acante"

clau-claudio dijo...

Pues ná, p'cante todos de visita (los cuatro). Que Darío me dijo un día que quiere conocer Terra Mítica.
Cuidarse mucho.