jueves, 26 de julio de 2007

La terapia del libro parlante

Mi hermana, la de las meninges rotas, me enseñó a hacer una cosa cuando éramos niñas. Una de muchas.

Cuando algo ronda por dentro, da vueltas, se va, vuelve, marea, gira y gira en espiral para no dejarte concentrar la atención en una sola cosa y no sabes qué es... existe una terapia eficaz. Absurda, como casi todas las terapias, pero eficaz.

Ella lo llamaba algo así como... "A ver qué me dice el libro". Cogía uno, quizá el último que leía, apretaba las pastas del volumen cerrado con sus manos, cerraba los ojos y lo abría por una página al azar. Ponía el dedo a ciegas sobre un párrafo y lo luego leía... Muchas veces nos reímos de lo absurdo del resultado. Pero a veces, este singular oráculo, sorprende.

Hace algún tiempo que no lo hacía. Algo sin identificar rondaba por ahí. Y probé para recordar.

El libro me dijo:

"Tu corazón es como un gran río crecido tras un largo periodo de lluvias. Los postes indicadores del camino están, todos sin excepción, sumergidos en la corriente, o tal vez hayan sido arrastrados a otro lugar oscuro. Y la lluvia sigue cayendo torrencialmente sobre el río. Y cada vez que veas en las noticias las imágenes de unas inundaciones pensarás: "Sí, justo. Ése es mi corazón".

La terapia funciona. ¿Por qué? Porque te quedas pensando en ese párrafo interesante que encontraste, analizas la idea, le das tres vueltas, le sacas miles de interpretaciones y así te olvidas de aquello que te rondaba.

P.D.: Está en una novela de Murakami. Una delicia.

10 comentarios:

Phranet dijo...

Digo yo que sería conveniente apartar del alcance de la mano todos los libros que puedan darnos una respuesta ya no absurda, sino decepcionante. Bastante se la juega uno con abrir una página al azar para que encima sea un parrafazo del insecto de Kafka, por poner un ejemplo. ;)

Amanda dijo...

OK, hecho. Abro 'Los mares del Sur' de Montalbán, página 60... a ver... leo: [...] "a los treinta años. Es la edad en que el ser humano deja de ser un imbécil y a cambio paga el precio de empezar a envejecer"

Rocío Mendoza dijo...

Amanda, este oráculo es un poquito... ejem ejem... Me dio la risa al ver lo que te dijo. ¿? ¿Es de verdad azar?

isabel dijo...

Qué recuerdos aquellos, hace un siglo que no sigo la terapia (creo que me he hecho mayor), y ahora es mejor que no lo haga, porque prácticamente solo leo libros técnicos, como mucho me puede decir como solucionar un problema de humedades o algo así… y no es tan romántico.

Amanda dijo...

Bueno, en realidad he abierto el libro por la página en la que Carvalho prepara unas berenjenas al gratén con gambas y jamón, que como oráculo tampoco está mal. Hoy prepararé unas habichuelas con espinacas, pero he marcado la receta para hacerlas un día de estos.

Rocío Mendoza dijo...

Ummm Pásanos la receta a todos. La de las espinacas y la de las berenjenas... Jejeje! Y a ver cuándo me invitas!! ;-)

Rocío Mendoza dijo...

Isabel al más puro estilo cáustico... Sí señor. Pues ve mirando el libro ese que tengo que arreglar la famosa humedad de la escalera. Por cierto, cada vez que digo a mis colegas... "tío/a, tengo una humedad!" se descojonan los maliciosos. ¿Por qué será? :-(

Anónimo dijo...

hombreeee, cuanto tiempo sin oir hablar de tu humedad!!!!!!!!
Nos vemos

Isabel dijo...

Como técnica en la materia, propongo que cobres por ver tu humedad (la de la escalera), porque ese tipo de humedad no está catalogada, mírala bien, a ver si tiene forma de algo y llamas a Iker, para darle publicidad.

Rocío Mendoza dijo...

Friker seguro que se hace un especial de verano con eso... Empieza a mirarme (la humedad de la escalera) y a veces creo que hasta habla... jejejejejejee me partooooo