miércoles, 25 de julio de 2007

La Policía y la globalización

La Policía llamó a la puerta de mi vecino hace unas semanas. Coincidió que salía en ese momento cuando vi a la pareja de uniformados pidiéndole que le abriese la puerta. No me pude esperar a cotillear, por educación, y abandoné el portal de casa en dirección al periódico preguntándome inevitablemente qué habría pasado. Afortunadamente, sólo tuve que esperar a la noche para enterarme. Coincidimos subiendo la impertinente cuesta que lleva a mi casa. Y me contó esta historia que, una vez más, me tocó la furia.

Los agentes no iban a detener a mi vecino, sólo iban a interrogarlo. Y no por un delito. No hace mucho, conoció a una chica durante un curso que su ''empresa'' (es fiscal en realidad) le envió a hacer a Argentina. Sintonizaron, me dijo él. Y siguieron en contacto cuando regresó a España. Internet pone al alcance de cualquiera la fórmula para comunicarse con la otra parte del mundo sin demasiado engorro. Así que siguieron teniéndose en cuenta y hablaron durante interminables horas y compartieron alegrías y se contaron las penas… Hasta que, me contaba con un tono triste, decidió invitarla a conocer nuestra maravillosa ciudad en vacaciones. Un gesto de lo más sencillo y natural, digo yo…

La chica no pertenece a una clase social muy alta, pero tampoco es una indigente. Y a pesar de ello, para visitar nuestro espléndido y hospitalario país, tuvo que realizar innumerables tareas para que le concedieran un visado como turista. Declarar su patrimonio y tener cerrado el billete de vuelta, entre otras cosas. La mayoría de los inmigrantes ilegales que viven en España entraron por el aeropuerto de Barajas, aunque nosotros sólo nos fijemos en los que llegan en patera.

¿Cuál es el problema entonces?, pregunté yo confusa… Vi engorro en la situación pero no entendía la presencia policial. La cuestión: entre los trámites de su visado tuvo que incluir, para garantizar la concesión, una carta firmada ante notario de la persona que la invitaba. La tuvo y, a la semana, llegó la Policía para comprobar que la carta no fuese un fraude. Existe un gran número de personas que utilizan estas cartas de invitación para engañar al estado e introducir a falsos turistas en el país. Y el Gobierno ha decidido recientemente investigar a fondo a cada persona que firme una carta de esas para conocer ‘la verdad’.

Le preguntaron sobre muchas cuestiones… pero yo sólo me quedé con dos rondándome el corazón.

Una: Le miraron la casa para ver si tenía sitio donde alojar a su amiga. Su casa solo tiene una habitación. Es muy pequeña. Por lo tanto, punto negativo en el cuestionario. Absurdo, pero punto en contra.

Dos: Le preguntaron qué tipo de vínculo le unía a esa persona para meterla en su casa. Casi no lo pudo explicar con palabras. No era un familiar, no era su esposa, no eran compañeros de trabajo, sólo eran conocidos, amigos… En definitiva, no pudo acreditar (eso quería la Policía) qué tipo de relación le unía a esa persona… Segundo punto negativo en su lista de desaciertos.

La contestación a su interrogatorio le llegó a la semana. El visado se denegó por “sospechas fundadas de fraude”.

Conclusión: La globalización es una mentira cruel. Las fronteras se cierran cada vez más en este nuestro mundo mediocre, limitado y egoísta que no sabe mirar más allá de sus narices.

Conclusión II: La Policía no la tiene todas consigo y este país caza moscas a cañonazos. Que se ahorren los trámites. Ayer me encontré con mi vecino y su amiga argentina. No pudieron “acreditar” su relación (ni falta que les hace) ni explicarle en qué lugar de la casa iba a alojarse (como si quiere dormir en la bañera, no te digo). Pero encontraron un truco. (Este último me lo guardo).

Y no hubo fraude.

Llegué a casa pensando, como casi siempre, que aquello tenía un reportaje. Al día siguiente, vi en otro diario que un compañero se adelantó y ya alababa en un inflado reportaje la maravillosa iniciativa policial para combatir el fraude.

3 comentarios:

fmop dijo...

Dicen que hecha la ley, hecha la trampa. Así que ante leyes truculentas el camino que muchos toman es enfrentarse con sus propias armas.

El problema de los flujos migratorios es complejo, porque las sociedades opulentas se defienden de los desfavorecidos.

Sebastián Forero dijo...

¿Hay alguna manera de conocer esa fórmula de forma privada? Tengo amigos en Argentina y estaría bien conocer detalles. Quizá debamos dejar que otros se beneficien de esa argucia legal, de ese "back orifice" trasero. Si es así, puedes encontrarme en "El pupitre", en http://sforero.blogspot.com. Conozco a Barrera y soy miembro de la lista de la APDA. Tuve una experiencia similar con una chica colombiana. Afortunadamente, en aquel momento había suficiente sitio en casa y no sufrí el acoso policial. La única anécdota que recuerdo de aquello es que tuvo que tirar un tarro de crema para el rostro porque el agente de aduanas buscó cocaína urgando con el dedo y removiendo todo su contenido. ESPERO TU RESPUESTA

Rocío Mendoza dijo...

Si tu colega no hubiese sido colombiana, Sebastián, sino inglesa, seguro seguro que no le miran ni el pasaporte. Qué vamos a hacer... Prejuicios... La argucia legal no es más que un truco, pero no quiero delatar a mi vecino aquí en la 'blogocosa', como dice Barrera. Nunca se sabe...Seguimos compartiendo impresiones en el pupitre... Saludos!