miércoles, 18 de julio de 2007

Ejercicio visual-reflexivo

Alguien, que a fuerza de monosílabos terminó por hacerme desplegar todo el diccionario, me descubrió a Eric Drooker, ilustrador y autor de numerosas portadas de The New Yorker. La definición del talento se puede encontrar en algunas de sus ilustraciones, como la que aquí dejo.

Pasé un tiempo mirándola. Esa mujer que clama al cielo, que personifica la fuerza en las formas de su cuerpo, que grita su energía invocando a no se sabe qué dios, rodeada de personajes anónimos y grises entregados a pantallas de luz cetrina... Les invito a un ejercicio visual-reflexivo. ¿Qué les sugiere la imagen? Compartimos impresiones allá abajo…

8 comentarios:

Anónimo dijo...

por lo menos esa señora de rojo grita, que es algo que todos deberíamos hacer más. Creo que voy a dedicar mi tarde, o lo que me quede libre de ella, a imitar a la super señora de rojo. bsos mil

Phranet dijo...

Está clarísimo, protesta por la televisión basura y el daño que ésta produce en nuestra sociedad quemando los pilares de nuestra civilización... Es el fin del mundoooooo!!!!

Rocío Mendoza dijo...

Pues yo no veo teles, veo ordenadores... Esos sí que queman, y no sólo la vista. Qué dramatismo en tu comentario por dios! Jajajaja!

Antonio dijo...

mierda..

Rocío Mendoza dijo...

¿Qué te pasa nene? ¿Mierda? ¿Eso te sugiere la imagen? ¿Mierda? Grita de una vez hombre!!!!

isabel dijo...

Yo veo a una mujer atrapada entre dos muros de indiferencia que se cierran sobre ella y que la van a atrapar, pero ella lucha porque no la aplasten, lo que no se si las torres que se queman detrás será un augurio de un mal final.
Isabel

Rocío Mendoza dijo...

Yo también veo algó así... Será la genética... Veo alguien que reclama atención ante la indiferencia... Esa hermana oé!

Ricardo dijo...

En un mundo en el que la mayoría de cosas las percibimos a través de una pantalla de computadora, donde nos mantenemos sentados horas con el reflejo de una luz blanca en la cara, un grito es lo único que nos mantiene conectados a la realidad.
No está demás imitar la imagen de Drooker y de vez en cuando pararnos de esos tibios asientos para alzar los brazos y gritar. Ya sabes lo que quiero gritar.