miércoles, 5 de diciembre de 2007

No al monopolio de Google ¡Blogosfera libre, ya!

¿Eres de los que no quieres que te impongan cosas porque sí? ¿Crees que internet debe ser libertad? ¿Piensas que esa libertad se basa, por ejemplo, en que cuando dejas un comentario en una bitácora puedas hacerlo siendo tú mismo? Es decir, ¿independientemente de si estás registrado en tal o cuál sitio?

Pues entonces sigue leyendo: Desde hace unos días, los blogs alojados en Blogger (los que son '.blogspot.com', vamos), perteneciente a Google, sólo permiten dejar comentarios identificados y con vínculo si estás registrado en el propio Blogger. Si no lo estás, sólo te permiten hacerlo con un 'alias' que no permite enlazar tu comentario a tu propia Bitácora, a menos que sea también de la plataforma de Google.


La tercera opción es hacerlo como 'anónimo'. Antes, una opción permitía un enlace a otro sitio, a pesar de que no estuvieses registrado en su sistema. Ahora el que quiera comentar se encuentra con esto.

No es algo que puedan elegir los editores de los blogs. Por esta razón, se ha decidido difundir este 'post' para que todo aquel que quiera sumarse a esta iniciativa, lo blogueé en su bitácora. Haz copy-paste y súbelo, dale difusión o bien modifícalo a tu gusto, o escribe tu propia versión, si te apetece que cualquiera pueda enlazar y opinar libremente en cualquier bitácora.

Desde aquí pedimos públicamente a Blogger que vuelva a permitir comentarios enlazados a otras páginas que no sean sólo las suyas. También se ofrece la explicación de cómo exportar los contenidos de tu blog desde 'blogspot' a otras plataformas como, por ejemplo, Wordpress. Aunque hay otros muchos, como La Coctelera o Bitácoras. Algunos blogueros de referencia, como Enrique Dans, ya mudaron en su día desde Blogger a Wordpress. Aquí explica por qué lo hizo.

Para quien quiera hacerlo, en el menú de Wordpress aparece una opción para impartar los contenido y así no perderlos.

Súmate a nuestra movilización. Contra la imposición y el monopolio. Pásalo

domingo, 2 de diciembre de 2007

El Respiro de mis amigos

Estos son mis amigos. Su grupo se llama Respiro.

Los conozco -más al bajo y al vocalista- desde que comíamos gominolas en interminables tardes de parque con 14 años. Llevo oyendo siglos que se reunían para tocar en improvisados locales... Una visita reciente a Málaga, mi ciudad, me ha puesto delante de las narices cómo han crecido. Y no lo digo por sus hijos, sus matrimonios, sus vidas ordenadas y todo lo demás... Me refiero a la música.

He pasado demasiados años ajena a todo lo que hacían. Siempre perdiéndome las cosas importantes a base de distancia y errores en las prioridades vitales.

Ahora, una vez más, internet me da la posibilidad de ver -oír- el fruto de tantos años de ensayos desorganizados e ilusiones de adolescentes. Me quedé impactada. Pinchad, pinchad y oíd. 'El mundo a tus pies', qué temazo!!!

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Caracteres

"La palabra es el espacio que hay entre dos personas".

Lo oí en el telediario anoche. En el espacio cultural que presenta el extraño Carlos del Amor (sí se llama así) en La 2. No miraba la tele, como siempre. Cuando volví la mirada para averiguar quién pronunciaba la frase, ya era tarde. Creo que hablaban de una exposición... ¿Alguien me ayuda?

sábado, 24 de noviembre de 2007

La pérdida

Tengo edad para haber lidiado con el sentimiento de pérdida en múltiples batallas. Y en todos estos años, él siempre me ha ganado la partida. Me asalta de forma irracional en las noches de insomnio, me ataca con golpes de realidad y a veces me presiona tanto que me paraliza y me impide ser valiente. Aún busco cuál es su táctica para intentar ganarle.

Esta semana me dio una puñalada trapera por la espalda. Aún me duele. El lunes de la semana pasada, el indeseable se metió en mi cabeza –y en mi corazón, por qué no- de la forma más inesperada. Por sorpresa, sin dar la cara. ¡Qué traidor!

Llegó en forma de llamada. Era la Jefatura de la Policía para informarme de algo que nunca hubiese querido escuchar. Mi amigo, mi fuente, mi lector, mi maestro en el difícil arte de la información de sucesos, mi compañero de gintonic, mi incansable interlocutor al teléfono, mi policía, mi Manolo se me ha muerto. Como diría Miguel Hernández, se me ha muerto como el rayo.

Él, Manolo Sanabria para todos, estaba en Madrid en un curso. Lo encontraron con el corazón literalmente roto en la habitación de su hotel. Yo estaba fuera de la ciudad y ni siquiera pude ir a su funeral. Aunque yo soy de las que llevan el luto por dentro, estar lejos le dio ventaja al maldito sentimiento de pérdida en este partido.

La última vez que hablé con él fue por teléfono. Él me dijo que tenía que contarme algo en lo que estaba trabajando y yo le prometí una visita a la oficina para tomar un café. Lo aplacé demasiados días. Y ahora ya no puedo hacer nada. Me arrepiento del reproche que le tengo por dentro y que nunca fui capaz de exponerle lo suficientemente claro.

Hasta con su muerte, mi Manolo –solía llamarlo así- me ha enseñado. Esta vez su lección no trata de utilizar los términos correctos en un texto. Le encantaba corregirme. Ahora me habla de otras cosas y así yo lo he entendido. No aplaces las cosas importantes, Rocío. No dejes de decir las cosas que necesites decir, Rocío. Intenta vivir, con todo lo que eso significa, antes de que sea tarde, Rocío.

Necesitaba escribirlo aquí. Ni sé por qué ni voy a pensarlo tanto. Y no me cuesta. Para el periódico, sin embargo, tuve que escribirle un obituario que reproduce mi compañero Paco en su web.

Nunca pensé que me costaría tanto armar esas pocas palabras que me golpeaban la vista con su realidad más dura y más injusta. De repente me encontré absurda: tan acostumbrada a relatar la muerte y tan frágil cuando me mira de frente.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Mi amiga Dolce

Llevaba más de un año sin saber de ella. Esta mañana, mi amiga, ha llegado con su rostro amable justo cuando me dedicaba a ronronear debajo del edredón, relajada, sonriendo al sol que entraba por la ventana… Cuando vi que me visitaba, en este domingo extraño, me vino a la mente la cantidad de veces que su presencia me angustiaba… La recordé acompañándome cuando era una niña, en aquel espacio de juegos al que todos denominábamos “la calle”.

En aquellos veranos solitarios en los que la economía familiar no permitía cambiar el escenario de cemento y asfalto por arena y mar… Me acompañaba día y noche para no dejarme escapar de la rutina más aburrida… Yo la aceptaba como amiga, pero me agotaba. Hacía todos los esfuerzos para espantarla con algún invento en el que ella no pudiese participar.

Hoy, en nuestro reencuentro, me reprochó haberla dejado apartada de mi vida durante demasiado tiempo. Se quejó de mis continuas obligaciones personales y familiares, de mi insidiosa obsesión por llenar el tiempo con trabajo, con postgrados, con clases de inglés, con todo tipo de trabajos que me han mantenido alejada de ella durante demasiado tiempo.

Casi no me acordaba de su cara. Pero los amigos siempre vuelven. Y, los amigos, todo se perdonan. Hoy me arrepentí de haberla apartado de mi vida reciente. Nos abrazamos, nos tumbamos en nuestro sofá preferido y así pasamos todo el domingo.

No la he presentado. Se llama Dolce… Dolce fare niente

Mañana se va. La echaré de menos.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Carlinhos Brown y la energía (Mis locos II)

Aún no era un sambero de masas. Llenaba teatros, no estadios. Aterrizó en Málaga en el año 1999 para presentar su segundo disco, Omelette Man. En aquel entonces, Mendoza era una aficionada al periodismo en trámites de licenciarse, que hacía crónicas de cultura para una revista sin apenas difusión. Pero este trabajo, además de mi primer sueldo, me daba un privilegio: tenía sitio reservado gratis en el palco de honor del teatro Cervantes de Málaga para asistir conciertos, obras, festivales… Lo que los periodistas llamamos acreditación.

Cuando las actuaciones terminaban, mi misión era colarme en los camerinos para conseguir mis imberbes entrevistas. A veces lo lograba, otras no. Así conocí a la señora Marisa Paredes, al paternal y locuaz Carlos Núñez, a la divertida y franca Beatriz Carvajal, a la impertinente y maleducada Elvira Lindo, al agotado Aute, al loco de remate y sobreactuado Juan Diego, al guapísimo y zalamero Eduardo Noriega… Y a muchos más. Yo tenía 22 años y el pelo cortado a lo ‘garçon’.

La llegada de Brown fue anunciada y las mentes clarividentes (nótese la ironía) de la revista decidieron que no nos interesaba una entrevista con él porque no era lo suficientemente conocido. Yo tenía pocas referencias suyas. Y lo había oído menos. Pero utilicé mi acreditación para colocarme en el palco de honor aquella noche de verano y disponerme a descubrirlo. Aunque no necesitase la entrevista…

Cuando Brown salió al escenario a pecho descubierto y rodeado con su cohorte de estrafalarios semidesnudos y sus tambores de samba algo se removió dentro de mí. Llegaron por sorpresa a mi pequeño palco la fuerza, la alegría, el optimismo, la humanidad y la hermandad a través de la música, que es sin duda uno de mis alimentos imprescindibles.

Carlinhos bailaba. Sonreía. Gritaba al público. Movía su frágil y a la vez contundente cuerpo para invitarnos a seguirlo en una danza delirante. Yo, desde mi palco, no logré mover un músculo. Era pequeño y solitario y la visión de descubrirme bailando sola no me seducía. Pero mi alma vibraba. Toda ella bailaba libre en las playas de Salvador de Bahía.

Sonreía y seguía el concierto fascinada… Hasta que algo alteró la normalidad. Carlinhos comenzó a dirigirse a mi palco. Miraba insistentemente. Señalaba hacia mi sitio. Me sonreía… ¿Es a mí?, pensaba yo. Imposible, concluía. Hasta que en un momento se subió a uno de los grandes altavoces del escenario para acercarse a mi altura y cantarme uno de los temas… Medio patio de butacas se preguntaba quién estaba allí sentado –muchos amigos me lo dijeron después- y yo comencé a entrar en un estado de nerviosismo, emoción y expectación supremos…

El concierto terminó. El patio de butacas pasó de ser un lugar de mentes alineadas a una gran fiesta de personas revueltas y liberadas por la música. Cuando me disponía a abandonar el lugar, entró en el palco el manager de Brown. “Carlinhos quiere conocerte. ¿Puedes acompañarme al camerino?”.

¿? Para tener 22 años estaba más verde que una lechuga. E inmediatamente pensé: “este me va a violar”. Lo confieso ahora. Pero como tengo brazos fuertes, dije: “de acuerdo”.

Entré en su camerino, repleto de fruta y maletas revueltas con ropa. Al fondo, se oía una ducha. Esperé sentada. Me temblaban hasta las pestañas. Y el temblor me atacó a mis tiernas meninges cuando Brown, alto, fibroso, moreno, racial, sereno, limpio y despejado atravesó una puerta vestido con una toalla que le cubría –poco- de cintura para abajo.

Me sonrió. Se colocó una raída camiseta –qué torso!!!- y para mi mayor estupefacción me dijo en un idioma entre el portugués y el castellano: “Hola. Sólo quería tenerte cerca. He visto tu energía. La desprendes. Tienes algo… ¿Puedo tocarte las manos?”.

Mi estupefacción fue tal que, absolutamente hipnotizada, le di mis manos. Las apretó, las acarició, cerró los ojos, respiró hondo y sonrió… Fueron dos segundos de silencio. Luego, tornó el gesto místico a amigable para comenzar una conversación natural sobre él y una servidora.

Me habló de sus santos, de Bahía, la ciudad a la que tiene que volver porque le da la vida, su forma de entender la música como una fiesta, sus amigos, su familia… Cuando le dije que era periodista, se sorprendió… Pero le dije que no se preocupara, que no quería hacerle una entrevista…

Hablamos durante un tiempo largo y nos despedimos con un cordial adiós y un piropo –suyo- imprescindible. Fue la mejor entrevista de mi vida.

Hoy me acordé de él porque irá próximamente a un evento en Málaga, mi ciudad natal, donde están invitados importantes personajes relacionados con el mundo blog e el uso de internet. Debates sobre la sociedad de la información y eso…

De repente me acordé de que en aquella prehistoria Carlinhos Brown aún no era un usuario activo de la web para mantenerse en contacto con sus fans; y yo no tenía ni correo electrónico.

Pasé meses siguiéndole el rastro. Fechas de conciertos, eventos, visitas… Me sentía absolutamente fascinada. Soñaba con Bahía y bailaba cada noche con un pareo como única vestimenta… Me hizo sentir especial y me hizo soñar. Soy así de fácil…

Y pasaron los años… Y mi experiencia mil veces contada es hoy una anécdota. Después de ocho años, con el pelo más largo y más crónicas de sucesos hechas que entrevistas a famosos, pienso hoy… “¿Por qué ha tardado internet en ser lo que es o por qué tardé yo tanto en descubrir su posibilidad de poner en contacto a personas imposibles de alcanzar? Siempre a destiempo, Mendoza… Siempre a destiempo...”

Aquel arranque de misticismo y extravagancia de Carlinhos me dio lo que más valoro: una historia. Tan bizarra que cuesta creerla. La que más me gusta contar.

Yo también tengo tendencia a la espiritualidad. Pero a veces, sólo a veces, con las manos mucho más frías y con el carácter cincelado a golpe de realidad, atribuyo una cáustica explicación a aquél extraño suceso: ""El exiguo vestido rojo de verano que llevaba en el concierto, unido a mi elevada posición con respecto al escenario, le facilitó a Brown la visión/intuición de otra energía. La mejor. La que tengo entre las piernas"".

P.D.: Es cierto. Este post es interminable. Pero pasa cuando tienes algo que contar. Va por ti, Paco.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Viva el cachondeo

He leído y escuchado miles de opiniones sobre el mejor momento de la historia reciente de la política internacional. Ese instante enervado y caliente en el que Don Juan Carlos, Rey de España, manda a callar a un bajuno Chávez en mitad de una cumbre internacional, como si el asunto fuese poco más que una timba de dominó, con copa y puro, a la hora de la siesta en un bar de carretera. Y casi todo el mundo coincide en sus opiniones: el Rey chochea, es un diplomático que tiene que saber guardar la compostura y no se puede poner a la altura de los que no saben qué es el respeto.

Yo también saco esa conclusión. Pero como el deporte internacional es el cachondeo, me sumo al carro. Y para eso tengo un blog.

Para llevar la contraria, como habitualmente, hoy me apetece ser políticamente muy incorrecta. Como el Rey. Hoy propongo rizar el rizo:

La frase memorable pasará a la historia: "¿Por qué no te callas?", dijiste querido Rey. Podrías haberlo aderezado para dejar el pabellón español bien alto con un par de tacos y contratacado con otro buen insulto: "¿Por qué no te callas de una puta vez, gilipollas?" Con el tono que se utilizó en la cumbre, yo creo que tampoco habría quedado tan fuera de lugar. ¿No? Eso sí que hubiese sido la bomba... Dí que sí, 'Juanca'. ¡Que tener sangre azul no quiere decir que sea de horchata!

Menuda clase dirigente. Dan ganas de emigrar de planeta.

Chávez ya ha dicho en los diarios de Caracas que "sólo dijo la verdad" y que se fue muy "contento, dando brincos" de la cumbre. ¿?

Y hay opiniones para todos los gustos. Y colores. Y desvaríos.

Rajoy y su panda de crispados también han dado ya otra 'buena' lección de clase. En vez de reconocer el mérito a Zapatero y colgarles una medalla por defender a su principal enemigo político para dar imagen de sensatez e integridad a la sociedad, atribuye el incidente a sus amistades peligrosas.

Para que luego digan que la información política es aburrida. Si le ponemos una nariz de plástico rojo y una peluca de colores a todos, montamos un circo y con el éxito que tendrían, la recaudación por la venta de entradas para ver el espectáculo solucionaría los problemas de pobreza del mundo.

Esto es un cachondeo, así que riámonos todos. Al final, como en otras tantas ocasiones, sólo queda la risa para sobrevivir a la mediocridad. Un blog, Cogiendo Caracoles, ha tomado la iniciativa y ha montado un concurso del mejor chiste audiovisual del tema. Ya hay propuestas, como ésta, la que ilustra este post, del blog peloton69.com.




martes, 6 de noviembre de 2007

La ofensa

"La memoria no es un instrumento del hombre, un siervo amable, un eficiente valet; más bien parece que el hombre fuera un lacayo de su memoria. Porque el hombre languidece, se distrae, se corrompe, pero su memoria permanece firme, a pie de obra, insobornable; de manera que mientras el hombre tropieza, o se enfría, o pierde sus dientes, o levanta murallas, o se disfraza, o devora a sus semejantes, ella permanece alerta, chupándolo todo, guardándolo todo, clasificándolo todo: cavando, cavando, cavando."
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"Ante las agresiones del mundo, el cuerpo se protege. Un bacilo activaría sus defensas; un chaparrón eriza el vello en brazos, nuca y piernas; un alimento envenenado afloja los esfínteres. Pero ¿y el horror? ¿Cómo reacciona el cuerpo de un hombre ante la presencia del horror? Grita, sí. Y hace que el corazón bombee más sangre, sí. O, por el contrario, paraliza sus músculos para no ser agredido. El espectro de respuestas que el horror genera en el cuerpo es amplísimo. El cuerpo sorprende entonces por su plasticidad. Hay cuerpos que se atenazan y cuerpos que se liberan; hay cuerpos que se arrastran y cuerpos que se elevan; hay cuerpos que interrogan y cuerpos que responden. ¿Pero puede un cuerpo dimitir de la realidad? ¿Puede un cuerpo, ante la agresión del mundo, ante la fealdad del mundo, ante el horror del mundo, sustraerse a sus funciones, negarse a seguir siendo cuerpo, suspender sus razones, abdicar de ser lo que es; esto es, abdicar de ser una máquina sensible? ¿Puede un cuerpo decir: "Basta, no quiero ir más allá, esto es demasiado para mí"? ¿Puede un cuerpo olvidarse de sí mismo?"

+ Las respuestas, en 'La Ofensa'. Un relato tan corto como sobrecogedor escrito por Ricardo Menéndez Salmón.

Una lectura más que recomendable.

En este caso... Gracias Amanda por este nuevo descubrimiento.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Una ventana


Otro lugar al que regresar con sólo abrir una ventana, no de la imaginación, sino del apartado cerebral del recuerdo.

Las cuatro paredes impuestas asfixian. Pero mis viajes me permiten evadirme...
Es una imagen robada a un día otoñal en la playa de Santa Justa. En Cantabria.

Mientras recuerdo llega inevitable una banda sonora. 'Sur le fil' ('En el alambre', algo así como en la cuerda floja) de Yann Tiersen. Aquí dejo una interpretación especial del maestro del violín electrónico.



Compartiría otro aderezo del recuerdo imprescindible en la escena... Ese olor a mar... Pero es imposible.


Nadie dijo que internet fuese perfecto.

martes, 30 de octubre de 2007

La cita

Marcos me llamó hace unos días. No lo esperaba. Tardé tiempo en reconocer quién era ese que me llamaba por mi nombre al otro lado del inalámbrico.

Nunca había escuchado su voz. La imaginaba más masculina, menos tierna. Más propia del mundo del que procede. Sabía que tenía mi teléfono. Me lo pidió hace ya… demasiado tiempo. Pero no entraba en mis planes que diese el paso que yo no me había atrevido a dar nunca.

Había recibido varias cartas suyas. En mi buzón, siempre pulcras, bien escritas y educadas hasta el extremo me recordaban que existía y se ponía a mi absoluta disposición con el estilo que le caracteriza. En una ocasión, en una incursión más de la relación epistolar, incluso llegó a dejarme su teléfono móvil “personal” (decía) para invitarme de la forma más directa a conocerlo. Su disposición me resultó extraña. Eso de estar disponible a cualquier hora del día, en cuanto yo lo necesitase, tal y como me decía, me espantó.

Pero llegó el día. Marcos sabía más de mí de lo que yo creía. Y realmente existía, más allá del correo. Me propuso una cita en el primer minuto. Intentó seducirme con una propuesta que me engatusó pero cuyos detalles no quiso darme si no era en persona. Acepté la cita a ciegas. Tengo la dirección anotada en un papelito que me mira todos los días como frunciendo el ceño.

El lunes he decidido conocer a Marcos. Él no lo espera. Pero como me dijo que fuese cuando quisiese a la dirección que me dio, prefiero que nuestro encuentro sea una sorpresa. Seleccionaré la ropa más adecuada, sacaré la sonrisa del armario y ensayaré en el espejo el gesto que sé que le debo poner para que nuestra cita no sea un fracaso.

Marcos es el “asistente personal” que el banco me ha puesto para resolver todas mis dudas y cuitas. Después de haberlo ignorado durante mucho tiempo, llamó una tarde ¿preocupado? Por mi situación hipotecaria. Resulta que las personas que firmaron su condena, perdón quería decir contrato, hace entre dos y tres años son las que se encuentran en peor situación por la escalada imparable del euríbor.

Hablando en plata, cuando este año me vuelvan a revisar la cuota, pasaré a pagar casi 300 euros más que cuando empecé hace sólo dos años y medio. Un robo, vamos. Cuando eso ocurra, miraré mi piso de 50 metros cuadrados y me arrepentiré de haber encadenado mis pasos de esta forma. Pero se me pasará… Como todo y como siempre.

Dice Marcos que vamos a buscar una solución ajustada. Yo, por si acaso, en el equipo imprescindible de esta cita a ciegas añadiré la calculadora. Seguro que me vuelvo a dejar engañar.


P.D.: No pude evitar escribir... Me arrepentiré... Pero sólo fue ratico...

lunes, 29 de octubre de 2007

Aclarando la ausencia

¿Qué pasa cuando vas a mil, en un coche y te despistas un instante? Que te das un hostión. Además del orgullo, duelen otras cosas... Una leve mejoría, después de demasiados días de drogas insanas y collarín de calor en casa, me permite colgar esta cutreautofoto (en ByN, como mi ánimo) para no olvidar qué puede pasar cuando no se está en lo que se está. El médico que me retiene en casa castigada me dijo que el ordenador está contraindicado si quiero mejorar. Después de varios minutos en el escritorio, me doy cuenta de que no exagera.
Saludos.


P.D.: ¡¡¡Lo que hace el aburrimiento!!!

miércoles, 17 de octubre de 2007

Mejor reírse...

La tecnología punta, a veces también resulta ser tecnología puta. Esta noticia de la agencia Efe no tiene desperdicio. Es lo que yo digo... si es que al final es mejor reírse porque nunca se sabe qué sorpresita trae la vida.
Eso sí, tras leer esta genialidad, me reafirmo en mi idea: creo que el diablo se ríe de más de uno con estos inventillos que ha puesto al alcance de los débiles mortales.



UN MATRIMONIO SE DIVORCIA TRAS VOLVERSE
A ENAMORAR EN UN CHAT





La pareja estaba en crisis y ambos encontraron un nuevo amor
en Internet pero en realidad eran ellos mismos

Belgrado (EFE).- Un hombre y una mujer que entablaron contacto por Internet y se enamoraron tras intercambiar unos pocos mensajes electrónicos, eran en la vida real pareja, pero sus problemas matrimoniales les hizo buscar un alivio virtual, precisamente lo que les llevó al divorcio.

Según informa hoy martes el semanario serbio "Zabavnik", los dos no podían imaginarse la vida sin el apoyo que se daban el uno al otro "chateando" sobre los problemas que sufrían. Él empezó a llamarla "Azúcar" y ella a su pareja virtual "Príncipe de la satisfacción".
Cuando la relación se volvió lo suficientemente seria, decidieron encontrarse, pero la reunión disipó la ilusión, ya que resultaron ser la mujer y el marido que a diario tenían graves disputas y en la práctica de ninguna manera se denominaban con nombres cariñosos. Inmediatamente decidieron divorciarse alegando el engaño matrimonial como motivo.
El semanario asegura que se trata de una pareja de la ciudad central bosnia de Zenica e indica que se debería plantear ante los psicólogos por qué una pareja se lleva excelentemente por Internet y mal "sin el ordenador".
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El gran Jorge Drexler dedica una canción a este asunto en su último disco. Parece que está de moda el tema. Aquí la dejo para el que quiera escucharla...

lunes, 15 de octubre de 2007

El cambio ideológico

Hoy es el día del Medio Ambiente en la comunidad blogger. Para los pesimistas que auguran el fin del mundo por nuestro afán destructivo, va este post.

Lo más importante del cambio climático es que cambió nuestra forma de ver el mundo. Ahora se habla del problema. Antes no. Ahora una comunidad blog se moviliza. Antes no. Ahora se promocionan coches más ecológicos. Antes no.

Es una impresión inocente. Quizá sí. Pero hoy, sin que sirva de prendecente, estoy llena de energía. El cansancio me abandonó. Hoy quiero ver en tecnicolor. Los malos augurios atraen malos resultados.

domingo, 14 de octubre de 2007

El País cambia

El diario El País emprende un cambio. Y no se refiere al cambio en el tamaño o el color de las fotos. Dice su director, Javier Moreno, que se trata de ejercer Periodismo, como lo hemos entendido siempre. Y hasta declara su intención de (volver a) ser beligerantes. Así lo dice en un artículo a propósito de la nueva campaña de renovación del diario. ¿Crisis? ¿Quién dijo que la prensa escrita está en crisis?

domingo, 7 de octubre de 2007

Silencio, por favor

En el verano del año 2005 mi cómplice se ocupó de sorprenderme. Y lo hizo. Destino anual: la isla de San Miguel. El único archipiélago de la Tierra con un anticiclón propio, aislado allá en el Atlántico, nos sorprendió a ambos. Azores. Aquella isla lejana encabeza nuestra lista de grandes descubrimientos.

San Miguel tiene una capital con varias decenas de edificios de baja altura, un par de hoteles fuera de lugar, tres calles y un ingente malecón. Todo lo que merece verse en la isla está más allá de este proyecto de ciudad. Sus dos autovías la cruzan de norte a sur y de este a oeste para llevarte a estos lugares.

Hay muchos. Praderas propias de Escocia, playas casi caribeñas, terruños volcánicos y agrestes, trozos de selva con cascadas que forman piscinas naturales, lagos y, sobre todo, hortensias que crecen de forma salvaje en cualquier esquina. No recuerdo nada que no me gustase. Pero existe un retal de aquel espacio que guardo en la neurona de un modo especial…

Uno de los días, Miguelito (así bautizamos al minúsculo coche que alquilamos) avanzaba por una estrecha carretera que nos dirigía a Furnas. Un pueblo con cráteres humeantes en los que los lugareños cocinan un cocido delicioso.

Antes de llegar, divisamos a la izquierda un enorme lago, solitario y manso, presidido por dos edificaciones. Una vivienda abandonada de color rosado y una capilla de estilo Neogótico que bien podría albergar la tumba del conde Drácula.

Ambas miran a la quietud del lago, que sólo alteraba algún pez nervioso. Pasamos un buen rato intentando descifrar aquello, mientras disfrutábamos del enclave surrealista antes de dirigirnos hacia el festín volcánico.

La guía nos sacó de la ignorancia y confirmó una vez más que, en Azores, todo tiene su historia. Este espacio que parecía congelado en el tiempo también la tenía. El edificio siniestro rodeado deuna vegetación incontrolada en la más absoluta de la soledad es la capilla de Nossa Senhora das Victórias. Fue erigida con motivo de un voto religioso realizado por José do Canto (1820-1898) como consecuencia de una enfermedad de su esposa.

Su fe no los salvó. Hoy, el edificio sirve de panteón para los cuerpos de la pareja. Ambos reposan mirando a la belleza del lago quieto para la eternidad.

De los viajes siempre me traigo lo mismo. Escenarios que rescato en la memoria para visualizarlos y regresar a ellos cuando quiera. Siempre que necesito silencio, exterior e interior, recuerdo aquél lugar.

viernes, 5 de octubre de 2007

Punset me pone

Lo reconozco. Eduardo Punset me pone el cerebro a cien.
Mi cómplice ha cometido la imprudencia de regalarme el último libro del divulgador científico más freak de la tele. Oír su acento catalán empalagoso en su programa no me place. Pero leerlo...

‘Viaje al amor’ es su último ensayo. No se equivoquen, no tiene nada que ver con teorías romántico-literarias sobre el estado en el que caen los enamorados. Más bien de las claves científicas que explican los mecanismos biológicos que nos impulsan a caer en este estado. Una de las tesis: “El amor está en el cerebro”. Ya decía yo…

Aquí dejo algunas ‘perlas’ que he recopilado del libro:

  • El impulso de fusión obedecía a razones de pura supervivencia encaminadas a romper la soledad que impedía reparar y proteger el propio organismo. Desde sus comienzos, este impulso sienta las bases del ejercicio de poder que avasalla y destruye. Eso era el amor hace dos millones de años. Y, mucho me temo, sigue siendo lo mismo a comienzos del siglo XXI.


  • Nadie puede enamorarse de un clon de sí mismo. Uno quiere fusionarse con la otra mitad a la que se echa de menos, justamente porque siendo distinta es imprescindible.


  • Si pudiéramos tirar una bola del tamaño de la Tierra contra el firmamento, las posibilidades de que choque con algún otro cuerpo son prácticamente nulas, aunque el cielo parezca repleto de estrellas. La distancia entre los humanos, a juzgar por el peso de la soledad, también es engañosa.


  • El amor entre dos personas tiene igual rango e importancia para la salud y la supervivencia de la especie que otros impulsos como el sexo o la alimentación.


  • Las personas enamoradas arrojan índices de cortisol más elevados, reflejando así el estrés que producen los estímulos asociados a los inicios de una relación sentimental. Hace falta un nivel moderado de estrés para iniciar una relación.


  • La felicidad está en la sala de espera de la felicidad.


  • El enamoramiento será tan sorprendente como una transición de fase del estado líquido de la materia al gaseoso, pero sigue siendo un acontecimiento dominado por las leyes más elementales de la fisiología.


  • Imaginar es ver. En realidad, nunca fue fácil disfrutar de ambas cosas: de lo virtual y lo real. La gente se siente sola pero teme la intimidad. Esta paradoja está en pleno epicentro del sufrimiento humano. Tanto el amor, como el ordenador o el robot hoy en día ofrecen una solución aparente a esta paradoja, porque con el ser amado, el ordenador o el robot puedes estar solo, pero no sentirte solo.

  • Es imposible sobrestimar el alcance de la emoción negativa del desprecio. La antítesis del amor no es el odio, sino el desprecio.

  • A quienes viven en el mundo de las ideas les está vedado el de las pasiones. Los que podrían elaborar teorías sobre el amor sólo saben de soledades, desamores y ficciones. Los que viven no saben y los que saben no viven.

  • Hasta hace bien poco, la terapia del desamor pasaba por el olvido forzoso. Primero, cobrar conciencia de que todo termina (...). La finitud es un atributo básico de la belleza porque únicamente a su vera fermenta la intensidad necesaria para que estalle el placer. La puesta de sol en el Machu-Picchu, antes de que la selva gimiente engulla aquella bola de fuego, pasaría desapercibida si no fuera todo cuestión de minutos. La permanecia banaliza el mundo.

Y muchísimas más. Lo mejor, por sorprendente y delirante, la fórmula del amor (arriba en la ilustración) que recoge al final del libro.


Amor= (a (apego seguro) + i (inversión parental) + x (capacidad de resistencia metabólica y sexualidad)) k (el entorno)



Tras ella, realiza una prueba al lector para calcular su capacidad de amar. Me sometí. Aunque me recordó a los test de las pseudorevistas femeninas que encuentro en la peluquería, me resultó irresistible. Pero el resultado me frustró. La culpa es de mi cerebro, lo sé...

jueves, 4 de octubre de 2007

De Haro Rossi y sus datitos

Luis De Haro Rossi, el jefe superior del Cuerpo de la Policía Nacional para Andalucía Oriental, dio ayer en Granada, una vez más, una muestra de su magistral manejo de las estadísticas. De las estadísticas y de su facilidad para ofrecer al público, sin posibilidad de réplica, sólo aquél aspecto que le interesa.

Leo el resultado en los diarios de mi ciudad. Mis colegas se sometieron ayer a la dictadura de cubrir el discurso del GRAN JEFE SUPREMO en el Día del Patrón. Y tuvieron que aguantarse con lo que quiso decir. Porque, por supuesto, ni se le ocurra a un periodista replicar y hacer una pregunta en tamaño acontecimiento social. El protocolo no contempla estas interferencias. Por eso, precisamente, sólo habla de 'sus estadísticas’ en actos como el de ayer.

Lo que desconozco es si alguno pudo dirigirse a la jefa de prensa para ahondar en los datos… Seguro que no. Además, la experiencia nos dice a todos (que ya estamos muy quemados) que hubiese dicho con su linda sonrisa: “No se va a dar más información de la que ha transmitido el Jefe”. Me apuesto lo que quieran.

Entre las lindezas del discurso de Rossi:

1.- "El número de detenidos ha aumentado un 12%. Esto tiene una lectura única para él: la Policía Nacional es más eficaz". Vale. ¿Incluyen en esta cifra todos los detenidos que aporta la Policía Local, obligada a entregarlos en Comisaría al no tener competencias para instruir diligencias pero sí para intervenir si se encuentran un caso en la calle? Seguro que sí.

2.- "Estamos por debajo de la media europea en niveles de criminalidad". ¿Y por qué habla de la media Europea? ¿Acaso si desciende a los infiernos españoles o andaluces no salimos tan bien parados? Seguro que no.

3.- "Hemos logrado bajar la delincuencia. En 2006 registramos 104 delitos menos". UAUUUUU!!!! Siempre hay que celebrar estos descensos. Ahora bien, yo quiero saber qué delitos son estos y cuántos hay en total para saber si el descenso es significativo o no. Si son 100 menos de 7.000 en total, es poco. Si son 100 menos de 200 en total, es mucho. Además de los homicidios, que el año pasado brillaron (casi) por su ausencia en la capital, ¿cuáles son los otros? ¿Son relevantes o es que en esa estadística se cuenta como delito casos tan irrelevantes como el robo de una gallina a un vecino o la amenaza grave entre dos personas enfrentadas? En este caso no puedo decir “seguro que sí”. El problema es que ni siquieran dan la opción de saber cuáles son. El público no tiene derecho a saber. Y a los periodistas se nos veta. No vayamos a escribir algo cierto, pero que a él no le convenga...

Yo, por suerte o por desgracia, conozco bien a la Policía de esta ciudad y, cómo no, a su GRAN JEFE SUPREMO. Y desde que él está en el cargo he sacado muchas conclusiones. Una de ellas: LOS PERIODISTAS DE GRANADA NO PUEDEN HACER SU TRABAJO CON ESTE JEFE SUPREMO AL FRENTE. ¿Por qué?

Porque cuando ‘queremos saber’ cuáles son esos delitos que han descendido, cuando queremos saber cuántos coches y viviendas se roban en un año en Granada, cuando queremos saber cuántas veces un turista ha ido a denunciar robo a la comisaría… sencillamente, aunque con otras palabras, se nos contesta: “Pues no quiera saber usted tanto”. Las otras palabras son: “No podemos dar datos. Son órdenes de Madrid”. Hasta los sindicatos tienen vetado el acceso a esta información, no vaya a ser que se vayan de la lengua...

Pues si no pueden dar datos por órdenes de Madrid (qué gran gobierno éste el socialista), métanselos en el bolsillo y no saquen a relucir los que buenamente les conviene en un acto en el que nadie podrá cuestionárselos.

En mi lenguaje, esto solo se llama de una forma. Y no la voy a poner aquí, porque conociéndolo, es capaz de denunciarme por llamarlo... no sé… se me ocurre… ¿Anticonstitucional? Aunque yo jamás diría eso de él. La culpa en realidad es de... ¿cómo era...? ¿Madrid? Más bien me quedaría en llamarlo... Arrogante.

Ya tuve mi oportunidad de informar en un artículo de la negativa de la Cúpula Policial a aportar estadísticas. Y la verdad: no sirve de nada. Sólo logré una leve reprimenda por haber hablado de algo que, según ellos, no era necesario airear. Pero me quedé tan ancha. Si no lo hago, reviento.

Saludos Rossi.

P.D.: Es una pena que la actitud de este POLÍTICO DE UNIFORME ensombrezca a los grandes hombres y mujeres que tiene la Policía en Granada.

*La ilustración es de Eric Droker

miércoles, 3 de octubre de 2007

Para reír y llorar

No coments.

La belleza y la dictadura

Mi colega Javier Barrera me ha dedicado un vídeo en el último post de su blog. Desconozco por qué. No sé si se debe a que la niña que introduce el vídeo bien podría ser la hija que no tengo o si ha recordado alguna de mis tesis sobre la dictadura de las tallas, las modas y la belleza. Siendo fiel a mis desvaríos, prefiero pensar que se debe a que me ha leído la mente.

No he hablado con él, pero el tema del que habla el vídeo (si no lo ven, no entenderán este post) lleva rondándome una semana. En los últimos días, el virus que protagoniza la entrada anterior, no me ha permitido más que consultar (poco) el correo, mirar (poco) los blogs de mis amigos, leer (menos aún) libros pendientes y ver (demasiada) televisión. Yo no veo la tele habitualmente más allá de informativos o algún programa concreto. No por esnobismo, sino porque me aburre.

Pero esta semana he tenido la oportunidad (más bien la desgracia) de ahogarme el mundo de la caja tonta. Realmente, ha dejado mi cabeza más embotada de lo que ya la tengo.

No recuerdo nada concreto. Quizá por el exceso de imágenes consumidas bajo los efectos de las drogas. Pero después de decenas de anuncios, programas, consejos en boca de sonrientes y acartonados americanos, vídeos musicales y demás basura tengo rondando allá por el hipotálamo una idea que, después de un día de absentismo televisivo, he podido identificar con estupor. Es: “¿Soy un monstruo deforme?”.

Es la sensación que te queda tras una retahíla indecente de ideas tales como: Come cereales ‘espechalká’ (y nada más, supongo) para poder meterte en los vaqueros de tu hija, ingiere los yogures con no sé qué ‘bífidus’ para que tu barriga sea tan plana como la insulsa que te los vende, tu pelo debe ser radiante y sedoso y por supuesto de algún color artificial, tus ojeras ya no te hacen interesante, ni se te ocurra olvidarte de blanquear tus dientes y mucho menos de pasarte por el cirujano para que te retoque y la gente te sonría por la calle y te valoren por tus nuevas tetas en tu trabajo porque, ahora sí que sí, te sentirás más segura de ti misma. Y todos estos malditos anuncios, y un sinfín más, siempre están presididos por cuerpos tan perfectos que gritan: “SI NO COMPRAS EL PRODUCTO, NUNCA SERÁS COMO YO”.

En algunos de ellos, esqueletos envueltos por algo de carne se permiten el lujo de subirse a una báscula y fruncir el entrecejo porque le sobra algún kilo mientras intentan mostrar un 'michelín' inexistente. No me extraña que haya tiendas en las que las dependientas se sientan autorizadas para mirarte de arriba abajo y decirte sin pudor y con desprecio: “Para ti aquí no hay nada”. Luego esta sociedad hipócrita se escandaliza porque una marca de ropa muestre a una modelo anoréxica en su campaña publicitaria.

Todos somos víctimas de un bombardeo mediático que acaba haciéndonos pensar que no somos como deberíamos. Es una forma más de dictadura.

No pensaba contarlo aquí, pero en realidad es algo público. Al menos, lo es para quienes me conocen. Hace unos años, perdí 30 kilos (29 para ser exactos) a base de comida sana (hipocalórica, más bien), privaciones de todo tipo durante casi dos años y voluntad. Mis rodillas no aguantaban mi peligroso camino hacia la obesidad. No me sentía bien. Y decidí poner remedio.

Cuando ya llegué a un estado en el que mis pérdidas habían sobrepasado lo estipulado por el médico, me di cuenta de una de las cosas que sí que me entristecen y me cansan: nunca en mi vida había recibido tantas felicitaciones ni tantas muestras de aprobación ni tantas sonrisas ni tantos halagos por algo que yo hubiese hecho. Y lejos de ser una persona extraordinaria, sé que en mi vida he tenido logros más importantes que aquél.

Ahora que he regresado a la ‘pseudonormalidad’ en mis formas (hay placeres a los que nunca debí haber renunciado) debería comprobar empíricamente si una de las pocas conclusiones que saqué de aquél periodo es cierta. Era: “Si me hubiesen premiado algún trabajo no me hubiesen felicitado tanto”.

P.D.: El post vuelve a ser demasiado largo, como siempre. Excúsenme, llevaba demasiado tiempo sin escribir. Seguro que si lo han leído quedaron tan agotados como yo. Regreso a mi retiro. Pero volveré. La ilustración es una obra de Rosetti. Y ésta va por el Pérez.

sábado, 29 de septiembre de 2007

El virus, ese gran desconocido

Doctor: - Siéntese. ¿Qué le pasa?
La (im) paciente: - Llevo tres días con fiebre. Estoy agotada y me arrastro de la cama al sofá.


Doctor: - ¿Le duele algo?
La (im) paciente: - Nada. Nada físico, claro.


Doctor: - ¿Vómitos, diarrea, dolor de garganta?
La (im) paciente: - No. Nada de eso. Por eso vengo, para que me digan por qué tengo esta fiebre sin motivo aparente.


Doctor: - Pues hasta que no pase una semana con fiebre no creo conveniente hacer pruebas.
La (im) paciente: - ¿?


Doctor: - Será un virus. Sí. Está incubando un virus y su cuerpo reacciona así.
La (im) paciente: - ¿Y?


Doctor: - Tome paracetamol para intentar bajar la fiebre.
La (im) paciente: Sí, eso ya lo sé. Mis conocimientos de medicina llegan para eso. Pero mi cuerpo parece que se ríe del paracetamol. ¿Nada más?


Doctor: Ya está.
La (im) paciente: Adiós.



P. D.: Siempre pico. No sé por qué no me estoy quieta en casa hasta que el presunto virus decida desistir… Hasta que no me esté muriendo prometo no volver a una consulta médica. Cuando no saben qué decir sacan a la palestra al siempre vistoso virus… Menos mal que no le echó la culpa a los nervios (otro de los clásico socorridos) si no lo estrangulo con el estetoscopio allí mismo.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Macaco-sideral

Esta canción me gusta. Pero el concierto del sábado en el Festival Rock del Zaidín, decepcionó un poco. Estaban más flojos que los porros que se fumaba el personal presente. Vaya Eau d'hachís!!

domingo, 9 de septiembre de 2007

Existencialismo inalámbrico

El primer día que llegó a casa se mostró alegre y diligente. Encontró sin complicaciones su lugar en el entorno. Mostraba siempre su faz iluminada de saber que cubriría un hueco importante en el hogar.

Pasó un tiempo sin que recibiese ningún reproche. Y todos los días cumplía con el cometido de su vida sin dar tampoco ninguna queja. En tres años, había llevado al hogar historias en voces conocidas, reencuentros con voces olvidadas, el día a día en voces cotidianas, burocracia en voces automáticas, sentimientos nerviosos en voces nuevas, complicidad nocturna en voces añoradas…

Tenía cubierta sus necesidades básicas. Cumplía diligentemente con las tareas que le correspondían. A cambio, estaba bien alimentado, tenía un espacio propio donde permanecer, contaba con un canal con el que estar siempre comunicado e, incluso, recibía un baño gratificante cuando empezaba a cambiar de color… Lo tenía todo. Al menos, eso creía yo.

Pasaba muchas horas en una soledad absoluta. Y últimamente, casi no hablaba. Yo tampoco le daba conversación. Pero pensé que, como todos, había aprendido a acostumbrarse.

Hace unos días lo noté apagado, más gris de lo que ya era habitualmente… Lo cogí para pedirle que me trajese una historia en una voz conocida, pero no me contestó. Me aproximé a su faz para observar el motivo de su repentino desmayo, mientras tocaba su pequeño cuerpo intentando reanimarlo. Cuando me afanaba en averiguar por qué no me respondía, me percaté de que había dejado un mensaje de despedida para justificar su decisión de desconectarse de la realidad que le tocó vivir. “BUSCANDO”, advertían unas letras frías y parpadeantes en su pequeña pantalla.

En la tienda donde lo adquirí no me advirtieron de que el teléfono inalámbrico podía sufrir crisis existenciales. Espero que la supere pronto. No pienso sustituirlo por otro.

jueves, 6 de septiembre de 2007

El cerebro es un (recontra) cabrón

Vida número 1.- Sentada, en el suelo del largo pasillo de una casa. Hablo sobre algo con alguien importante. La conversación se acalora, las contradicciones aparecen, tengo ganas de golpear a mi interlocutor y finalmente lo hago. Cuando la discusión alcanza un volumen de gritos y violencia insoportables, alguien comienza a tocar el timbre de una puerta que yo no veo. Lo hace insistentemente. Una y otra vez. El sonido del timbre es tan alto que casi supera mis gritos de desesperación… Me reprochan algo que no hice y eso no me gusta. Yo sigo gritando. Y el timbre sonando...

Y el tiembre sonando. Hasta que me percato de él porque me ensordece y paro en mi absurda lucha… Pero no me levanto a abrir la puerta.

Vida número 2.- En el periódico. Sentada frente al ordenador en una mesa desordenada. Con miles de papeles que me agobian. Es un día extraño, cargado de electricidad, húmedo, triste, gris… Todo es pesado. Tengo que escribir una historia y soy incapaz de avanzar. Mi cabeza está dispersa, tecleo, tecleo y no avanzo… La gente empieza a marcharse. Las luces se apagan. Me quedo sola. Mi jefe se pone a mi lado para observar lo que hago. Y me exige que termine. El tiempo avanza y yo me siento a dos revoluciones por minuto… La hora de cierre llega y yo no terminé mi historia. Me siento culpable. Entonces el teléfono de la mesa de trabajo comienza a sonar, pero yo sigo escribiendo y borrando lo que escribo… Y el teléfono sonando...

Y el teléfono sonando. Hasta que me percato de él porque me ensordece y paro en mi absurda lucha… Pero no lo descuelgo para contestar.

Vida número 3.- Es una ciudad demasiado oscura para que yo pueda caminar tranquila por ella. Ha llovido y meto el pie en un charco al bajar de un autobús que me dio miedo. No pude pagar el billete y el conductor quería llamar a la Policía. Escapo a tiempo. Camino por la calle asustada. Hasta que algo comienza a deshacerse en mi boca… Mi dentadura se ha desintegrado y noto los trozos de dientes en mi lengua… Lloro con desesperación y emprendo una carrera más ágil que la de un atleta… Busco un dentista. Encuentro una casa que me resulta familiar y comienzo a tocar en el portero electrónico… Y toco el timbre. Y nadie contesta. Lo pulso con necesidad y ahínco. Una y otra vez. Y el timbre sonando...

Y el tiembre sonando. Hasta que me percato de él porque me ensordece y paro en mi absurda lucha… Porque sé que nadie me abrirá la puerta.

Vida número 4.- Subo al ascensor. Voy al último piso del rascacielos. Pero los números no están en orden. No sé qué botón pulsar. Voy probando. Uno, otro, con incertidumbre… Entonces el ascensor no va ni para arriba ni para abajo. Se mueve hacia un lado. Siento el terror de estar encerrada y sola en un espacio que se ha vuelto loco y no me obedece. Entonces, el ascensor empieza a elevarse, pero demasiado rápido… A una velocidad de vértigo, pasa todos los números posibles de la lista de pisos… Y empiezo a tocar la alarma para que alguien me salve de salir volando por el tejado del edificio. Y pulso la alarma una y otra vez.

Y la pulso. Hasta que me percato de ella porque me ensordece y desisto. Porque sé que es inevitable que salga volando.

…Y así hasta miles de vidas. Mi despertador ha vivido más vidas en mis sueños que las que tuvo Buda. Siempre que me percato de que el timbre me ensordece, me despierto. Entonces sonrío con los ojos aún pegados de sueño de ver que, en realidad, los timbres, el teléfono y la alarma eran la infernal llamada del pobre despertador que intenta hacer su trabajo lo mejor posible y sacarme de la cama a tiempo.


No deja de sorprenderme la capacidad que tiene el (recontra) cabrón de mi cerebro para integrar en mis sueños los estímulos externos.

¿Existe algún método para evitar eso? Así no hay quien madrugue…


lunes, 3 de septiembre de 2007

Lectura recomendada



No es el estilo de este espacio. Pero no me pude resistir a incluir este artículo que encontré en uno de los blogs de elmundo.es.

Aquí un extracto:

"Tenemos un problema gravísimo que es el clima. Invertir contra el cambio climático es invertir en futuro. Es estudiar duro durante 15 años para acabar con un título de prestigio que permite a los que lo obtienen, mujeres y hombres, optar por una vida creativa, haciendo leyes o haciendo ciencia, creando empresas o pintando cuadros, innovando en el diseño arquitectónico o en la nano-tecnología, educando personalmente en el arte de la belleza a sus hijos, dejando un mundo distinto al que ellos encontraron, siendo, en fin, seres humanos y no meras máquinas termodinámicas dedicadas, quizás frustradamente, a la reproducción.

Mientras el estudiante estudia, no genera beneficios. Pero luego puede llegar a la cima de la creación. Mientras invertimos en cambio climático el beneficio queda siempre lejos. Pero el mundo en el que invertimos es mil veces mejor que el actual.

Es la familia a los 20 años y el aburrimiento de los 25 a los 75, o la oportunidad de una vida plena, siempre distinta, siempre esforzada, una vida en busca de la verdad y la belleza desde los 30 a los 80.

Agarrarse al carbono es como casarse a los 20: Beneficio hoy y malvivir mañana. ¿Cuidamos nuestro clima?"

Y digo yo: ¿Cuidamos la forma en la que concebimos, emprendemos y vivimos nuestras vidas? ¡¡Cuánta inquietud en tan pocas palabras!!

domingo, 2 de septiembre de 2007

¡¡Mon dieu!!


La publicidad de los legendarios cigarrillos Gitanes no deja indiferente.

La ex ministra de Sanidad, Elena Salgado, habría obligado por decreto a colocar una segunda parte a este eslogan. Se me ocurre, por ejemplo: "... parce qu'il est immortel"

Lo cierto es que la frase resulta de la reinvención de una letra del cantante francés Serge Gainsbourg que decía:

Dieu est un fumeur de havanes
Je vois ses nuages gris
Je sais qu'il fume même la nuit
Comme moi ma chérie

Tu n'es qu'un fumeur de gitanes
Je vois tes volutes bleues
Me faire parfois venir les larmes aux yeux
Tu es mon maître après Dieu

(y sigue...)

La cantaba con Catherine Deneuve a dúo. Aquí una actuación 'pathétique', no apta para quienes tienen alto el nivel de glucosa en sangre (a mí ya me ha dado un 'chungo' al verlo y creo mis oídos nunca me lo perdonarán).

Lo que no acierto a desvelar es qué hacía esta especie de ¿escultura publicitaria? en los alrededores de las instalaciones de las cuevas de El Soplao (gracias, Verónica, por recomendarnos la visita), mirando a la cordillera cantábrica.

Se le ocurriría colocarla allí a algún 'fumao'...

sábado, 1 de septiembre de 2007

El hombre sin nombre (Mis locos-I)

La primera vez que lo vi me asusté. Yo intentaba disimular delante del ordenador que llevaba dos horas soñando despierta en aquella oficina gris no apta para periodistas. El almuerzo vegetariano que nos obligaban a tomar pesaba más en mi estómago que una vaca con pezuñas incluidas. Así que, con aquella visión, no pude más que pensar que mi cerebro me estaba volviendo a traicionar.

Bajaba las escaleras que conducían a la redacción flotando sobre unos pies descalzos, envuelto en una ropa que no apretaba ni uno solo de sus músculos, tan blanca como la cara que se me quedó. Tenía la piel morena de un agricultor. Pero el sol se había instalado en su cuerpo sin acritud: no lo había castigado. La frente ancha, serenidad en una expresión equilibrada y un pelo largo más blanco aún que mi cara y su ropa. Y en el centro de todo, unos ojos celestes irreales. No era ni joven ni viejo. Ni guapo ni feo.

Al verlo avanzar, lo fotografié un instante, lo procesé en mi cerebro y lo identifiqué: Era idéntico, abrumadoramente parecido, a una de esas representaciones setenteras de extraterrestres que pululan entre los documentos ‘frikis’ del fenómeno OVNI. Y no exagero. Esta vez, no.

Justo cuando me preparaba a vivir una experiencia paranormal, vi que saludó sin palabras a Esmeralda, nuestra secretaria (una brillante fotógrafa). Entonces deseché aquella idea absurda. También la otra más realista: no se trataba de un loco que se había colado en la empresa. ¿Lo conocían? ¿Era yo la única alucinada? Sí, como siempre.

Avanzó despacio, etéreo, sobrenatural por las desordenadas mesas de los redactores hasta que entró sin llamar al despacho del director. Suficiente para deducir que era un amigo suyo.

Y así regresó muchos días. Silencioso, siempre descalzo, equilibrado y con alguna sonrisa nunca exagerada. No miraba a casi nadie y nunca le oí hablar. Alguna vez, mientras me afanaba en escribir correctamente sobre absurdeces, se me erizó la piel al sentir que me miraba y comprobarlo después.

No tuve más remedio que preguntar. No soy cotilla, pero la curiosidad me ha matado más veces que vidas tengo.

Pude saber por los demás que este hombre al que no le hacía falta un nombre para identificarse, había sido hacía años un ejecutivo adinerado, encumbrado en la élite de las empresas que abandonó su vida para volver al origen. Vivía sin nada, casi sin nada, en una casa minúscula sin luz eléctrica. Sobrevivía en aquel pueblo malagueño de lo que la tierra y la naturaleza le daban. Además, decía estar en paz. Algunos aventuraban sobre el motivo del cambio radical y hablaban de una experiencia traumática… De un delito que le obligó a abandonar todo… Pero la mayoría afirmaba que vivió una epifanía… Yo aposté por otra con mi típico carácter cáustico: “Sencillamente es un snob”.

Y pasaron muchos días. Tantos como veces el hombre sin nombre paseó por la oficina como el fantasma del castillo al que los dueños están acostumbrados. Hasta 365 exactamente.

Cuando mi marcha fue anunciada oficialmente en aquel experimento de revista sobre Ecología, al día siguiente mi compañera me señaló con media sonrisa al teclado del ordenador. Allí encontré colocada entre las teclas una pequeñísima nota escrita en un papelito mal cortado, y por supuesto reciclado, que decía con una letra temblorosa que me pareció de un niño: “Esto no será lo mismo sin tu luz”.

Nunca volví a verlo.

Hoy me acordé de él porque volví a gritar una de mis frases más repetidas últimamente: “¡¡¡¡¡¡Me voy a ir a criar lechugas frente al mar y no voy a volver!!!!!!”.

Cuando pronuncio la dichosa frase, el hombre sin nombre me viene a la cabeza. Entonces me doy cuenta de que en el fondo lo admiraba… Los locos siempre nos reconocemos.

L´amour

L'amour... pas pour moi.
Je préfère les temps en temps,
Je préfère le goût du vent,
Ou le goût étrange et doux de la peu de mes amants,
Mais l'amour... pa vraiment.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Gol por la escuadra: nos lo merecemos

El blog de “chapuzas” publicadas en la prensa, Malaprensa, nos ha puesto en nuestro sitio. Y lo peor, nos lo merecemos.

El asunto: Efe publica un informe que decía nada más y nada menos que la Universidad de Granada gastaba cuatro veces menos de los que ingresaba. ¿Imaginaban al Rector en plan Tío Gilito dándose chazupones en su piscina de euros de tanto ingresar y no gastar o qué?

El caso es que a nadie le llamó la atención. Y allí vamos todos (Ideal incluido) como delfines estúpidos alegres de pasar por el aro... Con la maldita técnica del ‘copypaste’; del corre que son las diez y venga que somos tres; del que vamos a 20 páginas y estamos en domingo de agosto; del hoy no salimos corre que te pillo… al final ni pensamos lo que publicamos.

Resulta que el informe tenía un error de imprenta. Al dato de gastos le faltaba una cifra. Con lo que el equilibro entre gastos e ingresos era, en realidad, normal.

En definitiva, todos nos damos la hostia y se nos queda cara de gilipollas al ver la citada explicación aportada por la UGR al día siguiente en una escueta nota.

¿Alguien llamó a la UGR? No… si total… lo dice Efe. Si es un teletipo y no lleva mi firma... pues para qué nos vamos a parar un poco...

Vale, estoy conforme con que Efe es una fuente fiable (a veces). Pero es eso: UNA FUENTE. ¡No un dogma de fe!

Al final le voy a tener que dar la razón a los personajes que de vez en cuando te preguntan: ¿Y cuántas páginas tienes que rellenar hoy?

No odio la profesión, pero a veces sí la forma en la que la ejercemos o nos obligan a ejercerla.

Por cierto, dos dudas que a ver si alguno de los ilustres que leen este espacio me resuelve:

-¿Lo he soñado o La Opinión de Granada le dio el gran titular de portada el domingo? (lo consultaré)

-¿Alguien ha visto el teletipo de rectificación de Efe? (también lo consultaré)

martes, 28 de agosto de 2007

YouTube y l'enfant terrible

Darío tiene un vocabulario particular. Más o menos, quienes lo queremos nos afanamos en traducirlo. A veces, nuestra interpretación de sus palabras desata su carcajada siempre reconfortante y más picarona, mientras pone expresión de: “Estos no se enteran de nada…”

Lela y Lelo, sabemos que son abuela y abuelo. ‘Yatá’ (esa sí que se la sabe bien) significa más o menos que ‘ya está bien’ y la suele utilizar cuando: 1.- se cansa de jugar y vernos hacer el ganso; 2.- se cansa de comer; 3.- se cansa de que le limpiemos la cara.

Una de las muchas cosas que me desconciertan de un personaje que no levanta medio metro del suelo y aún no ha cumplido dos años, es cuando interrumpes la trayectoria de su minimano empujando uno de sus coches, camiones, grúas, etc. Si se topa con tu pierna, por ejemplo, en el sofá, grita: “¡ATASCO!”. Ante tal muestra de creatividad para pedir que te quites de sus dominios, no puedes más que reír.

Pero en mi última visita al hogar materno descubrí, con estupor, que hay una que ha aprendido recientemente y que me hicieron alucinar más aún si cabe. ‘Tube’ para Darío es YouTube. Su gran y reciente descubrimiento.

Cuando abrió el cajón del armario del salón de casa, señaló el portátil 'invitándome' a abrirlo mientras gritaba ‘LELENDI’… no pude más que poner cara de interrogación mientras mi hermana y cuñado se partían de risa.

Lelendi es la traducción de Melendy, ese cantante español con pinta de ‘tirao’ que, dicho sea de paso, detesto. Y es que resulta que a Darío no sólo le gusta la música (oírla, tararearla y bailarla), sino que además le gusta en You Tube.

Mientras buscamos en la página sus vídeos favoritos intenta meter mano al teclado. No hay botón que se le resista. Todo lo metálico con luces causa en él una atracción irremediable. Pero cuando comienza el vídeo se queda hipnotizado. Se apoya en la silla donde ponemos el portátil a su altura, tararea las canciones (la última sílaba de cada frase nunca se le olvida) y menea su culito aún atenazado por los pañales. Hasta que termina y exige la repetición inmediata.

De repente, cuando lo veo así recuerdo cómo hace 20 años, de pequeña, yo utilizaba las cintas de casette (casi siempre grabadas de otros amigos) para oír mi música favorita hasta destrozarlas. Y cómo la primera vez que nos regalaron a mis hermanos y a mí un cd y un armatoste gigantesco para escucharlo nos pareció el avance del siglo.

Cuando veo a Darío así, no sólo oyendo música, sino eligiendo la que quiere ver y oír en un solo clic y gratis no puedo dejar de parecer el abuelo cebolletas y pensar: “¿Cómo consumirán música los sobrinos de Darío?”

Mientras me perdía en esta idea, 'l'enfant terrible' volvió a gritar: '¡Lelendi Utbol!' O algo así… Parece ser que también le gusta el ‘fútbol’.

Eso sí. A Shakira, ‘la nena’ como la llama, prefiere verla en la gran tele panorámica del salón. Tonto no nos ha salido el chaval.

Aclaración: Darío nunca me cansa la vista. De hecho me cansa no poder compartir más con él sus descubrimientos... Y no me llama 'tita', me llama Rocío, por mi nombre. No quiero pensar qué significará esa diferenciación del resto de palabros que utiliza para la familia...

lunes, 20 de agosto de 2007

Así estamos


Así estamos... o casi. Yo diría que Forges (¡qué genio!) se ha excedido un poquito. Para ser realista a esta plantilla le sobra uno. Así estamos... Como casi todos los veranos. Y el periódico sale cada día. Y como siempre nos decimos entre bromas y un café: "Menos mal que ningún directivo trabaja en agosto. Si bajase a la redacción el responsable de personal y viese el panorama echaba a la calle a la mitad de la plantilla. Total, si sale con tres..."

P.D.: Y menos mal que tenemos a los becarios... que si no...

Back to black

We only said good-bye with words.
I'd died a hundred times...
... And I go back to black.

Pues eso.

P.D. Un nuevo descubrimiento musical. Ajeno pero propio. Uno más de una lista que, espero, sea larga. Interminable.

Sí, ya...

Encontré esto en el maravilloso pueblo de Comillas. El huevazo de piedra 'sentado' en una especie de silla metálica resulta ser una 'obra de arte'. A secas. Quien escribió tan arriesgada afirmación prohibió además (no se percibe en la foto la letra amarilla sobre fondo blanco) "subirse" a ella. Más de uno la habrá confundido con un tobogán de diseño para los siempre acelerados niñitos.

¿Información sobre el monumento? Cero. Se me ocurre: autor, fecha de creación, título, etc.

Reconozco mi ignorancia. Que alguien me diga quién parió este monumento y por qué es una obra de arte.

¿Será conceptual y por eso no me entero?

Sea lo que sea, cuando explicaciones como ésta son necesarias es que algo falla...